Tal Día como Hoy

Froilán de León

Santo visigodo, obispo de León

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San Froilán (Lugo, 833 - León, 904) es un santo de la Iglesia católica, patrón de la provincia de Lugo y de la diócesis de León.

Nace en Lugo hacia el año 832. Siendo muy joven abandona la casa paterna para vivir como ermitaño en las montañas del Cebrero y el Bierzo. Se siente impulsado por Dios a abandonar su retiro para dedicarse por entero a la predicación en las comarcas de Galicia y León.

Es en este tiempo cuando, según la leyenda, tiene lugar el episodio del lobo que devora su jumento. Conminado por el santo, el fiero animal, como manso cordero, carga con las alforjas de los libros que siempre acompañaban a san Froilán en sus correrías apostólicas.

Conoce a san Atilano, monje como él, y ambos comparten el ministerio de la predicación y la tarea de reforma y fundación de muchos monasterios.

El pueblo lo reclama como obispo para la sede de León, siendo consagrado como tal cuando contaba 68 años de edad.

Después de un fructuoso pontificado, muere en olor de santidad a la edad de 73 años.

El pueblo inmediatamente lo venera como santo y su fama se extiende por toda la Iglesia.

Es patrono de las diócesis de León y Lugo y titular de la parroquia leonesa y lucense que lleva su nombre.

Bajo su advocación está una de las iglesias barrocas del casco viejo de Lugo, teniendo a su vez una capilla en la catedral de Santa María de Lugo. Sus restos se conservan en un arca del altar mayor de la catedral de León. Su nombre también está mencionado en caracteres criptográficos (cifra notarial visigótica) en los márgenes de los folios 128v y 149r del Antifonario de León. Su conmemoración es el 5 de octubre, aunque en gran medida las fiestas arrancan desde el sábado anterior.​

En León, ciudad de Hispania, conmemoración de san Froilán, obispo, que primero fue eremita y después, ordenado obispo, evangelizó las regiones liberadas del yugo de los musulmanes, propagando la vida monástica y distinguiéndose por su beneficencia hacia los pobres.

Se conserva una corta biografía, copiada en minúscula visigótica por el diácono Juan, coetáneo suyo. Esa copia es del año 920, quince años después de su muerte. Se ignora el autor. A pesar de su estilo lacónico, se puede intentar reconstruir los rasgos fundamentales de su vida y carácter aunque en ella hay adherencias legendarias comunes a los relatos de las vidas de santos de la Edad Media.

Nace en la ciudad de Lugo, en el Regueiro dos Hortos, en el año 833, es hijo de los condes de Lugo y lleva vida de estudiante hasta que aproximadamente a los 18 años, se prepara para el sacerdocio según los usos del momento.

Su vida espiritual entra en crisis y se hace ermitaño, retirándose según parece a una gruta de Ruitelán en Vega de Valcarce, El Bierzo (ahora ermita). Mientras tanto, estallan las revueltas mozárabes en la España musulmana. Era el año 850 y en Córdoba el martilogio comenzó a florecer de nuevo con el rito solemne de la sangre:

Rosas purpúreas de esta larga primavera martirial fueron, entre otros, el sacerdote Perfecto, degollado el día de la Pascua mora; el erudito monje Isaac, decapitado y colgado de un palo; el joven Sancho, crucificado; las dos vírgenes Columba y Pomposa, y el más famoso de todos, el bienaventurado Eulogio, aquel hacedor anhelante de mártires, cuya cabeza cortó el alfanje de un solo golpe, a las tres de la tarde del sábado 11 de marzo del año 859. Tal vez la voz poderosa de esta sangre inocente retumbó entre los montes donde Froilán se escondía y le empujó a organizar una cruzada. Tal vez en el diálogo familiar con Dios sintió la invitación a la vida activa.

Nos cuenta su biógrafo, con la ingenuidad de nuestros cantares de gesta y, sin duda, imitando los inicios de la predicación de Isaías, que al joven eremita le acuciaba la duda de si debía permanecer por más tiempo en aquellas soledades.

Para liberarse de la soledad se sometió a una prueba de fuego. Si Dios suspendía las leyes, era señal evidente de su voluntad divina:

Froilán introdujo unas brasas encendidas en su boca. El fuego no le causó la más mínima quemadura. Dios había hablado. De los montes se lanzó a los poblados a propagar entre los hombres otro fuego que le ardía dentro.

A lo largo de los años, su vida se ve marcada por diferentes acontecimientos que irán forjando poco a poco su destino, tal vez uno de los más importantes conocer al sacerdote mozárabe de Tarazona, Atilano, con el cual emprenderá una vida monacal y de reforma de la vida eremítica, con ánimo de atender únicamente a su perfección y a la unión con Dios. Se retiran a lo más quebrado de las montañas leonesas, el monte Cucurrino (hoy conocido como monte Corueño o monte Curueño)

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