Domingo Vicente Solano Machuca (nacido en octubre de 1791 en Cuenca, Ecuador) fue un importante sacerdote, teólogo, filósofo, naturalista, y periodista que vivió los acontecimientos históricos de la independencia de Ecuador.
Vicente Solano nació en Cuenca; fue hijo de los españoles Tomás Solano y María Vargas Machuca. Recibió sus primeras enseñanzas de su padre en su localidad natal. En 1800, bajo la tutela del franciscano fray Antonio Bustamante, se trasladó a Quito para ingresar al noviciado del Convento de San Francisco, donde cursó estudios de Filosofía y Gramática. Posteriormente, en 1809, continuó su formación religiosa en el Convento de la Recoleta de San Diego. Ahí fue ordenado presbítero en 1814 por el arzobispo José Cuero y Caicedo. Además de Cuero y Caicedo, conoció a los principales próceres de la independencia independentista, al igual que a líderes históricos sudamericanos como Bolívar, Sucre, Olmedo y García Moreno.
A lo largo de su vida, Solano destacó por su capacidad intelectual, dominando el latín, el francés, el italiano y el inglés. Aunque fue postulado para cargos de alta jerarquía, como provincial de su orden y obispo auxiliar, prefirió declinar estos honores para dedicarse a la enseñanza, la investigación científica y la defensa de la doctrina católica. Se desempeñó como catedrático de Filosofía y Teología, destacándose por su prolífica labor como escritor y periodista. Utilizó la prensa como una herramienta para la educación popular y la difusión del pensamiento católico.
La inestabilidad y la violencia de las guerras marcaron el pensamiento de Solano. Esta experiencia le dejó un profundo pesimismo sobre la situación del país, una visión que más tarde reflejaría en su conocida frase: «Yo soy la quimera de mi siglo». Para Solano, el proceso emancipador trajo consigo una destrucción social y moral que lo llevó a centrar su vida en la defensa de la fe católica y el orden, percibiendo la independencia como un escenario marcado por la desorientación política y mostrando un profundo escepticismo por la democracia como forma de gobierno para reemplazar a la monarquía hispánica.
Durante el periodo de la independencia, Vicente Solano no fue un actor político ni un combatiente en los campos de batalla; se mantuvo como clérigo al margen de los acontecimientos militares. Durante la Independencia de Guayaquil en 1820, Solano ya era un sacerdote ordenado (desde 1814) y se encontraba inmerso en su labor conventual, dedicado al estudio de las humanidades, las ciencias y la teología. Asimismo, durante la Batalla de Pichincha en 1822 no tuvo una participación protagónica.
Sin embargo, sí escribió de manera extensa sobre el tema y se expresó de la siguiente manera sobre la libertad:
Periodismo durante la Gran Colombia y Ecuador
Además, Vicente Solano es considerado uno de los padres del periodismo en el Ecuador. En 1828 fundó El Eco del Azuay, el primer periódico de la ciudad de Cuenca. Esto sucedería mientras Ecuador formaba parte de la Gran Colombia, por lo que utilizó este diario para influenciar la política, analizar el rol de Bolívar, Santander y proponer una monarquía como forma de Gobierno. Más tarde, creó y dirigió diversas publicaciones, entre ellas La Alforja, El Telescopio, Seminario Eclesiástico, La Luz y La Escoba. Es célebre por sus intensas polémicas periodísticas, siendo la más notable la que mantuvo con el intelectual José Joaquín de Olmedo y, especialmente, la sostenida con Antonio José de Irisarri en 1843, considerada por historiadores como la primera gran polémica de la prensa ecuatoriana. Tenía como objetivo, según el mismo lo declara "Acostumbrar a los pueblos a que escuchen la imperiosa voz de la razón".
Además de su labor teológica, Solano destacó como naturalista. Publicó Estudios sobre física e historia natural, donde abordó temas de entomología, ornitología y botánica, con especial interés en la biodiversidad ecuatoriana. Su enfoque seguía la tradición ilustrada del español Benito Jerónimo Feijoo, utilizando la razón para combatir supersticiones. En el ámbito literario, fue un temprano crítico de las letras ecuatorianas y realizó importantes traducciones, destacando su versión de Salustio, la cual fue elogiada por el polígrafo español Marcelino Menéndez Pelayo.
La relación intelectual entre Vicente Solano y la poetisa Dolores Veintimilla de Galindo estuvo marcada por la controversia pública. En 1858, tras la publicación del escrito Necrología por parte de Veintimilla, en el cual ella defendía a un reo sentenciado a la pena capital y cuestionaba la dureza de las leyes y la indiferencia social, Solano respondió con dureza desde la prensa conservadora. En sus réplicas, publicadas en la prensa conservadora, Solano no solo debatió los argumentos de la autora, sino que cuestionó su condición de mujer y su ejercicio de la escritura, argumentando que su postura representaba una transgresión a los roles de género y a la moral cristiana de la época. Diversos historiadores y analistas literarios señalan que las duras críticas públicas de Solano contribuyeron a la fuerte marginación social de la autora dentro de los círculos de la ciudad. Estudios posteriores enmarcan esta presión, derivada del rechazo de los sectores conservadores hacia su actividad literaria, como uno de los factores detonantes en el posterior suicidio de la poetisa.
Fray Vicente Solano fue nombrado como Subdirector de Estudios de la provincia del Azuay, ocurrido en 1861, durante el gobierno de Gabriel García Moreno en su primer mandato presidencial. El cargo permitió al religioso institucionalizar su labor pedagógica y su preocupación por la cultura, siendo este uno de los pocos momentos en su vida en que aceptó una función formal dentro de la estructura pública del Estado, operando siempre desde su natal Cuenca.
Fray Vicente Solano falleció en su ciudad natal, Cuenca, el 1 de abril de 1865, dejando una vasta obra escrita que abarca el ensayo, el periodismo político, la crítica literaria y los estudios científicos. En su honor, varias instituciones y una parroquia en la provincia del Azuay llevan su nombre.
La primera y más larga polémica periodística en el Ecuador fue con José de Irisarri, en 1843.
Irrisarri llegó a Ecuador a 1830 desde Guatemala huyendo por motivos políticos de la prisión. Acogido como refugiado y bajo el gobierno del general Juan José Flores, se encargó a Irisarri la dirección del periódico "La Verdad Desnuda" donde actuó en defensa de Flores y contra sus adversarios.
A fines de 1839, el Obispo de Popayán, Dr. Salvador Jiménez, pidió al Gobierno de Colombia suprimir los conventos de Pasto, por la "relajación en que vivían algunos religiosos y que estos eran absolutamente incapaces de que se les pudiera reformar".
La petición del obispo fue atendida, provocando de inmediato la oposición de la Iglesia en Colombia. Solano advirtió este hecho e inició la defensa de la Iglesia y del clero mediante diversos artículos argumentativos. En sus escritos abordó las controversias desde una perspectiva formal, apoyando sus réplicas con citas de referentes de la filosofía, la literatura y la teología clásica.
Solano como filósofo siguió con la tendencia de difusión de la ciencia para a través de la razón luchar contra las supersticiones, muy al estilo de Benito Jerónimo Feijoo. En el ámbito científico publicó sus "Estudios sobre física e historia natural", donde trata sobre la teoría del aspecto físico de la tierra, la vista de algunos animales, las plantas andinas, la entomología, entre otros. Fue naturalista y en sus escritos además de publicar sus resultados y hechos recogidos, hacía recomendaciones para las futuras investigaciones, como se puede ver en el siguiente apartado: "Loja es un jardin botánico y no el lugar preferente en que se debe estudiar la zoología , sino Guayaquil . Allí puede el naturalista ecuatoriano hacer descubrimientos en la ictiología , en la entomología , en la herpetología y en la ornitologia"Además dedicó publicaciones a Jaime Balmes, en su escrito "Lamennais y Balmes", en donde contrastaba a los dos en sus virtudes y defectos, muy propio de su estilo que se iba a repetir con personajes como Santander y Bolívar. Termina su artículo de la siguiente manera: "En suma, la ciencia de Balmes es un Prodigio con respecto a su edad juvenil, mientras que Lammenais no excede los límites de un fenómeno natural."