Francisco de Orellana (Trujillo, Cáceres; 1511-cerca del Río Amazonas, noviembre de 1546) fue un explorador, conquistador y adelantado español en la época del descubrimiento de América. Participó en la conquista del Imperio Inca y, en lo posterior, fue nombrado teniente gobernador en diversas poblaciones. Se lo consideró como uno de los conquistadores más ricos de la época.
En 1535 participó en la fundación de Puerto Viejo donde desempeñó los cargos de regidor, alcalde ordinario además de teniente gobernador y uno de los primeros vecinos. En 1537 refundó la ciudad de Guayaquil, que había sido destruida por los indígenas nativos en varias ocasiones y reubicada por diferentes colonizadores españoles. Al año siguiente recibió el título de teniente de gobernador de Guayaquil. Después de terminar la reconstrucción de la ciudad partió hacia Quito y, junto a Gonzalo Pizarro, organizó una expedición que terminaría con el descubrimiento del río Amazonas el 12 de febrero de 1542.
Tras sobrevivir a la travesía del viaje por la Amazonia, partió de regreso a España donde fue acusado de traición por cargos presentados por Pizarro. Tras ser absuelto, organizó otra expedición, pero no contó con el capital ni con la aprobación necesarias. Por esta razón, se dedicó a la piratería y se dirigió nuevamente al Amazonas, donde junto a la mayor parte de su tripulación fallecieron sin ubicación específica a lo largo del río.
Francisco de Orellana había nacido en Trujillo en 1511. Era pariente de la familia de Francisco Pizarro, por parte de su abuela materna. Viajó al Nuevo Mundo muy joven (1527), sirviendo en Nicaragua. Reforzó el ejército de Pizarro en el Perú (1535) y le sirvió en múltiples campañas, en una de las cuales perdió un ojo.
Durante la guerra civil entre los conquistadores en el Perú, se alineó con los Pizarro y fue enviado por Francisco Pizarro al mando de una columna desde Lima en ayuda de Hernando Pizarro. En 1538 fue nombrado gobernador de la provincia de la Culata, en la costa del actual Ecuador, donde reconstruyó y repobló Santiago de Guayaquil, que había sido recientemente destruida por los indios, anteriormente fundada por Pizarro y repoblada por Sebastián de Belalcázar. La ciudad de Guayaquil tuvo que ser refundada en varias ocasiones puesto los Chonos, ahora conocido como la cultura Milagro Quevedo y los Huancavilcas se alzaron en varias ocasiones destruyendo las ciudades fundadas por los españoles. Sin embargo, tradicionalmente se considera que la fundación de Orellana dio como origen la actual ciudad de Guayaquil. El proceso de fundación de este cabildo es el siguiente.
Orellana fue Teniente de gobernador de Puerto Viejo, fundada originalmente por Francisco Pacheco. Su mandato no sería bien recibido por los vecinos de la recién fundada ciudad, pues tuvo que tomar medidas para poder reunir plata con el fin de realizar sus exploraciones. Las decisiones que tomó desconocían a la clase dirigente encomendera comprendida por nobleza indígena y españoles conquistadores avecinados que estaba emergiéndose, éstos lo tomaron como traición a los pactos que Pacheco y De Olmos llegaron concretar en más de cinco años, una vez pacificada la región para poner las poblaciones indígenas al yugo de Castilla. Esto hizo que a partir de sus compromisos con amistades, se genere una oposición que busque la revocatoria de su mandato caracterizado por percibidas arbitrariedades. La oligarquía indígena y mestiza que se había creado desde la fundación tenía ya asegurado su futuro, y los sucesores de Orellana no se atrevieron a hacerles frente por lo que al conquistador le tocó lidiar con los primeros desacuerdos sobre la filosofía que interpelaba la racionalidad y espiritualidad de los indígenas, y la demostración de su rechazo, estaba mermado por los prejuicios que se hacían en la época al comparar los indios de Puerto Viejo, que se consideraron domésticos y de paz, en comparación a los que había debajo de la península de Santa Elena, denominados belicosos y guerreros.
Estas desavenencias, así como su prisa para lograr captar riqueza como recompensa de sus servicios, le llevaron a abandonar el cargo. Consecuencia de esto, los Alcaldes Ordinarios le sustituyeron en las sesiones de cabildo. La experiencia de esta administración sirvió para que sus similares en otras ciudades suavizaran sus intenciones y facultades políticas.
En diciembre de 1540, Gonzalo Pizarro como teniente gobernador de la ciudad americana Quito, partió con una expedición desde Cusco con la orden de Francisco Pizarro de explorar el este de Quito e ir en busca del País de la Canela y la cuna del reino del El Dorado más allá en el oriente selvático. Orellana supo de la expedición que organizaba Pizarro y se unió a ella. En Quito, Pizarro juntó una fuerza de 340 hidalgos españoles, 200 a caballo y 4000 indios, mientras que Orellana, segundo al mando, fue mandado a Guayaquil para alistar más tropas y conseguir caballos. Pizarro partió de Quito en febrero de 1541, justo antes de que Orellana, con 23 hombres y caballos, se uniera a él.
Orellana no abandonó y se apresuró para unirse a la expedición principal, contactándola finalmente en el valle de Zumaco, próximo a Quito en marzo de 1541. Fue el tercer Teniente de Gobernador de Puerto Viejo después de haber asistido a su pacificación y fundación donde perdió un ojo, en las inmediaciones de la actual costa ecuatoriana, además de haber sido uno de los primeros célebres vecinos de Puerto Viejo. Por ello existen documentos que ameritan la estancia de Francisco de Orellana en los primeros cabildos coloniales de actuales ciudades ecuatorianas.
Descubrimiento del Río Amazonas
Cruzaron los Andes. Al cabo de un año, ante la falta de resultados de la búsqueda, Gonzalo Pizarro y Orellana construyeron un bergantín, el San Pedro, para transportar a los heridos y los suministros, y siguieron los cursos de los ríos Coca y Napo hasta la confluencia de este con el Aguarico y el Curaray, donde se encontraron faltos de provisiones. Habían perdido 140 de los 340 españoles y 3000 de los 4000 indios que componían la expedición.
Acordaron entonces (2 de febrero de 1542) que Orellana prosiguiera en el barco en busca de alimentos río abajo. Le acompañaban unos cincuenta hombres. Incapaz de remontar el río, Orellana esperó a Pizarro. Finalmente, hizo un último intento de ponerse en contacto con él ofreciendo a sus hombres una recompensa para los seis voluntarios que aceptasen remontar el río e informar a Pizarro de su situación. Sin embargo solo tres hombres se ofrecieron para intentar volver río arriba y así la iniciativa de Orellana no se pudo llevar a cabo. Tras una votación, se decidió seguir río abajo con la esperanza de lograr llegar al final del río y salvar así sus vidas. Para intentar el viaje con más garantías de éxito, se comenzó la construcción de un nuevo bergantín, el Victoria. Mientras tanto, Pizarro había vuelto hacia Quito por una ruta más hacia el norte, con sólo 80 hombres, los que quedaban vivos.
Orellana siguió río abajo. Al cabo de siete meses y un viaje de 4800 kilómetros, en los que navegó río abajo por el río Napo, el Trinidad (¿río Jurua?), el río Negro (bautizado por Orellana) y el Amazonas, llegó a su desembocadura (26 de agosto de 1542), y desde allí se dirigió costeando a Nueva Cádiz en la isla de Cubagua (actual Venezuela). La Victoria, llevando a Orellana y Carvajal, bordeó la isla de Trinidad por el sur y quedó varada en el golfo de Paria durante siete días, llegando finalmente a Cubagua el 11 de septiembre de 1542.
Fue en este viaje en el que el Amazonas adquirió su nombre. Se cuenta que la expedición fue atacada por feroces mujeres guerreras, similares a las amazonas de la mitología griega, pero es posible que simplemente luchara contra guerreros indígenas de pelo largo. Sin embargo, las crónicas del Padre Gaspar de Carvajal, cronista de Orellana deja muy claro que los indígenas que les combatieron estaban liderados por mujeres.
Exploración de la selva amazónica
Puesto que se desvanecía toda esperanza de reunirse con Gonzalo Pizarro, jefe de la expedición, Orellana fue elegido de forma unánime capitán del grupo. Se decidió construir un nuevo bergantín, al que se puso por nombre Victoria, y continuar por el río hasta mar abierto. Durante el trayecto, los exploradores tuvieron que hacer frente a numerosos obstáculos, entre ellos la compleja orografía amazónica, la falta de alimentos y las difíciles relaciones con los habitantes nativos de la cuenca amazónica, siendo atacados en múltiples ocasiones .