Tal Día como Hoy

Francisco II de Bretaña

Político francés

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Francisco II de Bretaña, (23 de junio de 1435 en el castillo de Clisson, en Clisson (actualmente departamento de Loira Atlántico)-Couëron, también en el Loira Atlántico, el 9 de septiembre de 1488), es el penúltimo duque del ducado de Bretaña.

Hijo mayor de Ricardo de Étampes y de Margarita de Valois, es conde de Étampes. Vive en la corte francesa cuando hereda el ducado de Bretaña y los condados de Richmond y de Vertus.

Puesto que el orden de sucesión al trono de Bretaña había sido modificado por el primer tratado de Guérande en 1365, para evitar toda controversia o incluso una crisis de sucesión, el duque Francisco I le obligó a contraer matrimonio con su hija mayor Margarita, heredera del ducado según la tradición anterior al Tratado de Guérande.

Accede al trono en 1458, tras el óbito de sus primos Francisco I y Pedro II y de su tío Arturo III, condestable de Richmond. Tras su muerte, le sucede su hija Ana de Bretaña, última duquesa de Bretaña.

Contrae matrimonio en primeras nupcias en Vannes el 16 de noviembre de 1455 con Margarita de Bretaña (1443-1469), hija mayor del duque Francisco I, con quien únicamente procrea un varón que tan solo vive tres meses (Juan de Montfort l'Amaury), del 29 de junio al 25 de agosto de 1463. Margarita fallece el 25 de septiembre de 1469 en Nantes, con 26 años de edad.

Contrae un segundo matrimonio en el castillo de Clisson el 26 de junio de 1471 con Margarita de Foix (hacia 1449-1486), llamada seno de leche, hija de Gastón IV de Foix, conde de Foix, con la que tuvo a Ana (1477-1514) y a Isabel (1478-1490).

Tuvo igualmente dos hijos bastardos:​ Francisco (1462-1494), conde de Vertus y de Avagour, y Antonio ( nacido en 1463), señor de Châteaufremont y de Hédé.​

Francisco II se interesa poco por el despacho de los asuntos relativos al ducado: asiste raramente al Consejo ducal, que es de hecho el Gobierno del ducado. Así, entre 1459 y 1463, no asiste a dicho Consejo más que en tres ocasiones, y se contenta con tener al corriente de sus decisiones a sus colaboradores, a los que deja gobernar y discutirse entre ellos, como al canciller Guillaume Chauvin o luego al tesorero general Pierre Landais, omnipotente entre 1481 y 1485. Se queja del tiempo que pierde en la firma de los diversos actos administrativos. Alain Bouchard le describe como débil como persona y más débil aún en cuanto a su entendimiento.

Prefiere la vida placentera de un gran señor de su época, siendo sus pasiones favoritas la caza, los juegos y su favorita oficial, Antoinette de Maignelais. Cuando tantos príncipes de su tiempo blasonaban divisas belicosas o pretenciosas, Francisco II de Bretaña hizo grabar en una de sus joyas la divisa El único tesoro es el alborozo (Il n'est de trésor que de liesse).

Mejor que a la pequeña ciudad de Vannes, elegida como capital administrativa y residencia principal por Juan IV y Juan V, Francisco II prefiere la gran ciudad comercial de Nantes, a orillas del río Loira (y en la que se ha educado) y que además se encuentra próxima a Francia. Por ese motivo traslada allí su corte.

Francisco II prosigue y amplía la política de los duques de la familia Montfort, iniciada con Juan IV de Bretaña, consistente en alejarse de la tutela de sus poderosos vecinos, Inglaterra y Francia, mediante la creación de estructuras que buscan la gestión de un estado centralizado y que aspira a la plena soberanía. Habiendo vivido en la corte francesa y conociendo el funcionamiento de las estructuras administrativas de un Estado grande, obtiene de la Santa Sede la creación de la Universidad de Nantes en la década de los 60 del siglo XV, dotando así a Bretaña de los medios para la formación de sus prelados, oficiales, cuadros y magistrados. Tras iniciarse la guerra loca, transforma en 1485 el «Tribunal de interlocutorias» y las sesiones estacionales de justicia de los Estados de Bretaña en un Parlamento con sede en Vannes. Dicha Corte de Justicia es soberana y no cabe posibilidad de apelación ante el Parlamento de París.

Como sus predecesores, Francisco II lleva corona real, bate moneda de oro y de plata, concede títulos nobiliarios, legitima, nombra los prelados de Bretaña, sella documentos con el sello real, trata directamente con las potencias extranjeras (el emperador, el papa, los reyes de Inglaterra, Escocia, Castilla, Dinamarca o Portugal). Toma del Derecho Romano y de la tradición del Derecho político francés el concepto de lesa majestad. En resumen, ejerce todas las prerrogativas regalistas de un Estado soberano, aunque sigue rindiendo homenaje al rey de Francia en 1459 y 1461. En 1461 rinde, como sus predecesores, el llamado homenaje simple.​ — y no el ligio — por Bretaña, y el homenaje ligio por sus posesiones francesas​ Luis XI de Francia no puso ningún impedimento a la diferencia.

Hizo que Pierre le Baud redactase una historia de Bretaña, historia en la que su dinastía aparece como heredera de los troyanos, argumento que pretendía contrarrestar la ley sálica, de menor antigüedad.

Conflictos con el rey de Francia

Francisco II rehúsa asistir a la coronación de Luis XI en Reims, rechaza recibir el collar de la Orden de San Miguel que le concede Luis XI (y las cargas que ello implicaba), dota a cambio de mayor solemnidad a su propia Orden del Armiño al mutarla en la Orden del Armiño y la Espiga, y forma parte de alianzas extranjeras en las que el rey de Francia no participa, incluso en algunas alianzas contra el propio rey, llegando a participar finalmente en guerras contra este, su teórico soberano.

Esta política contraría las ambiciones y le atrae la susceptibilidad del rey de Francia Luis XI. Este opta por devolverle la pelota jugando a desestabilizarle por medio de la atracción a su causa de la alta aristocracia bretona, por la compra en el año 1480 de los derechos de la duquesa Nicolasa de Brosse en el ducado de Penthièvre, a la vez que se entrega a manejos diplomáticos y a truculencias administrativas o políticas, además de situar espías en su entorno.

Por su debilidad, no logra imponerse ni a sus consejeros ni a sus barones. En 1373, Juan IV de Bretaña había tenido que exiliarse debido a la falta de apoyo de su alta nobleza en sus conflictos con Francia. Ese riesgo de rebelión reaparecía ante la incertidumbre planteada por la sucesión de la corona ducal bretona. La tentación de un matrimonio religioso para la heredera Ana de Bretaña iba aparejada con una alianza buscada por el duque para escapar a la presión diplomática y militar de Luis XI de Francia. Esta alianza defensiva podía obtenerse al precio del matrimonio de Ana con un príncipe extranjero, frustrando así las ambiciones cruzadas de los pretendientes a la sucesión. Por otro lado, la desconfianza de Francisco II respecto de Juan II de Rohan, titular del vizcondado de Rohan y padre del joven Francisco, a quien se postulaba a la mano de Ana, unida a su falta de afinidad por los señores bretones con los que no había convivido en su juventud, le hacían preferir el consejo de príncipes extranjeros (aunque fuesen miembros de su propia familia, eran extranjeros): el duque de Orléans (futuro Luis XII de Francia), Juan IV de Chalon-Arlay (príncipe de Orange), Alano de Albret... o incluso de simples burgueses bretones, entre los que descollaba el autoritario Pierre Landais, aborrecido por los aristócratas. Los rencores nacidos de esta postergación ayudan a explicar la desconfianza de la nobleza bretona —sin olvidar que además percibía ayudas económicas del tesoro real francés— hacia Francisco II y su pase en bloque al partido contrario, el de los Penthièvre, que en ese momento estaba representado por el propio rey de Francia.

La ausencia de descendencia masculina hacía prever dificultades para una pacífica sucesión, y acentuaba las tensiones internas en el ducado. La familia de los Rohan pretendía descender de los antiguos reyes de Bretaña, y además el vizconde Juan II de Rohan había contraído matrimonio con María de Bretaña, hermana de Francisco II, con lo que este se creía el postulante con mejor derecho para recibir la herencia del ducado bretón. Con el apoyo de Juan IV de Rieux, mariscal de Rieux y titular del señorío de Rieux, así como de la alta aristocracia bretona, el de Rohan propuso casar a sus dos hijos mayores (Francisco de Rohan y Juan de Rohan) con las dos hijas de Francisco II, quien finalmente rechazó la proposición.

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