Tal Día como Hoy

Francisco Armero y Fernández de Peñaranda

Político español

Anúncio

Francisco Armero y Fernández de Peñaranda, I marqués del Nervión y grande de España (Fuentes de Andalucía, Sevilla, 3 de mayo de 1804-Sevilla, 1 de julio de 1866), fue un marino y político español.​

El municipio de Fuentes de Andalucía tenía a finales del siglo XVIII unos 8000 habitantes. Los nobles e hidalgos no habían emigrado a las ciudades y se dedicaban a gestionar sus propiedades agrarias.​ Además, la iglesia de Santa María la Blanca de la localidad fue finalizada en el siglo XVIII.​ Entre el campesinado había pequeños propietarios que alternaban el cuidado de sus tierras con trabajos en las fincas de la localidad.

En 1783 se traslada a la localidad Martín Armero, originario de La Rioja, atraído a Andalucía por un pariente que se había establecido en la cercana localidad de Estepa. En el pueblo se le recibe como noble, y que traía consigo la ejecutoria de hidalguía expedida por la Real Chancillería de Granada el 24 de octubre de ese año. Esta hidalguía estaba justificada por otros títulos vinculados a la familia desde el siglo XVI.​ Su esposa era Agustina Almazán y Zayas, a la que había conocido durante su estancia en Estepa. De este matrimonio nacieron Antonio, Casimira y Pilar Armero Almazán. Antonio nació el 28 de octubre de 1784 y contrajo matrimonio a los 17 con Dolores Fernández de Peñaranda y Sevilla, que tenía 15. Con motivo de la boda Martín le entregó a su hijo el cortijo de Arenales en Écija, aunque el matrimonio siempre vivió en Fuentes de Andalucía. Antonio fue un buen gestor de su hacienda y logró ampliar su patrimonio. Tuvo 14 hijos a los que legó una gran fortuna. El municipio de Fuentes estuvo al margen de las maniobras políticas y militares durante la invasión francesa. De los 14 hijos el primogénito fue Francisco Armero.

Un hermano de Francisco, Agustín, fue guardia de corps, coronel de caballería y senador.​ Otro de sus hermanos, Joaquín, fue teniente general de caballería, diputado en Cortes y senador.​

Comienzos de su carrera militar

Con 16 años inicia sus gestiones para entrar en la Armada. En 1819 se le concede plaza de guardia marina en el departamento de Cádiz, Ocupó su plaza en abril de 1820 en la Compañía de Guardias Marinas de San Fernando. Hizo su primera instrucción en el barco Asia, por lo que Francisco Armero vivió en él su primer combate naval, cuando este navío participó en la defensa del Trocadero durante la entrada en España de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823.

En enero de 1824 el navío Asia partió junto al bergantín Arapiles para prestar ayuda a las resistencias españolas en Chile y Perú. Tras doblar el Cabo de Hornos los barcos llegaron a San Carlos de Chiloé el 27 de abril, donde ya tenían órdenes de ir a Callao para reunirse con el virrey de Perú, que aún se resistía contra los insurgentes. Un temporal azotó los barcos, destacándose Armero por su intervención en "las faenas peligrosas, siendo uno de los que aquella noche subieron a la cofa mayor para remediar las averías", según reza el parte del comandante.​ Cumplieron la misión de levantar el sitio de Callao, y de nuevo Armero se destacó al mando de la lancha del Asia en las labores de bloqueo de los puntos por donde podían recibir ayuda los insurrectos. Posteriormente, el navío Asia, junto con los bergantines Arapiles y Constante, en unión con una fragata de transporte, pusieron rumbo a Filipinas. Las malas condiciones de víveres, la falta de pagas propició un motín en la escala que hizo el Asia en Umotang, en la isla de Guam, en las Islas Marianas. La tripulación desembarcó a toda la oficialidad, incluido Armero, y para continuar hasta Manila tuvo que embarcar la oficialidad en una fragata ballenera inglesa. En Filipinas embarcaron en la fragata española Sabina rumbo a España.​

En 1828 participó, a bordo del bergantín Diligente, en la liberación de Melilla, que se encontraba sitiada por la morisma marroquí. En diciembre de 1828 obtuvo el cargo de alférez. Embarcarcó en el bergantín Guadalete donde, en febrero de 1830 se destacaría por sus labores durante un temporal en el cabo San Vicente. En mayo de ese mismo año, el gobierno francés invitó al gobierno español como observador a la campaña de Argel, acudiendo el bergantín Guadalete. Posteriormente, un temporal en el puerto de Santoña hizo que el barco precisara ser reparado en el Arsenal de Ferrol, por lo que pasó a la goleta Mahonesa, en la que estuvo embarcado hasta febrero de 1833.​

En 1834 estalló la primera guerra carlista. El estado de la marina era malo y se precisaban de nuevos buques a vapor, sin embargo la marina española solamente tenía tradición de veleros y, aunque adquiriera los barcos, no tenía personal necesario para comandarlos. Por ello, la Corona pidió los servicios del mercenario inglés Federico Henry, que en ese momento se encontraba sirviendo al Rey de Portugal, para que se hiciera cargo de los vapores que se contrataran, a cambio de derechos a repartirse el botín de los barcos carlistas que apresara y de que, en caso de que fuera herido o muriera, se pagaran las pensiones estipuladas en la legislación británica. Él escogió a los oficiales que servirían bajo sus órdenes y envió una lista al gobierno. El contrato se firmó el 10 de septiembre de 1834 en Lisboa e inmediatamente después se pusieron a su disposición algunos buques, entre ellos el Reina Gobernadora.​ Armero se ofreció voluntario para el Cantábrico y fue destinado a la goleta de la marina española Nueva María. El Nueva María, en una operación en la que también tomó parte el Nueva Gobernadora, logró capturar el navío inglés Isabel Ana, que traía oficiales y pertrechos de guerra para el ejército carlista. Federico Henry reclamó su parte del botín, y esta le fue entregada por un auto el 11 de abril de 1835 por el Almirantazgo, pero esto no le pareció suficiente y recurrió el auto al Consejo Supremo.

Los carlistas deseaban a toda costa la conquista de Bilbao y, ya en 1835, el general Zumalacárregui, que contaba con un ejército que casi triplicaba al de la villa, que era solo de 4000 hombres. En dicha batalla participó Armero en el buque Nueva María. Por su eficacia en todo lo que se le encomendaba se le concede el primer mando de buque, el del cañonero Leopoldino, por Real Orden de 16 de noviembre de 1835 y ya con el rango de alférez de navío.

Sin embargo, el pretendiente Carlos daba gran importancia a ese enclave, por lo que, a principios de 1836, comienzan las escaramuzas para hacer un nuevo cerco a la ciudad. En enero un bombardeo del Leopoldino logró hacer estragos en el enemigo, lo que le valió a Armero ascender a teniente de navío el 29 de abril y en junio le fue entregada la Orden de Primera Clase de San Fernando. El jefe de las Fuerzas Navales del Norte, José Primo de Rivera, le impuso la distinción solemnemente el 7 de septiembre.

Ya en noviembre de 1836 se había establecido de nuevo el sitio de Bilbao. El 19 de noviembre Armero recibe la orden de remontar el río Nervión hasta Portugalete y de ahí seguir hasta Bilbao. Sin embargo la rivera estaba controlada por el enemigo, produciéndose otra batalla. El 29 de noviembre fue ascendido a capitán de fragata. En diciembre participaría en una nueva incursión contra el sitio. En este caso, no se limitó a participar en la batalla naval, ya que llegó a tomar una batería enemiga a punta de bayoneta. El 24 de diciembre se logró levantar el cerco. Por el éxito del desembarco el general Espartero le concede a Armero la gracia de coronel del Ejército de Tierra y, por los mismos hechos, se le concedió la Cruz de Segunda Clase de la Real y Militar Orden de San Fernando.​

Liberada la villa de Bilbao, se creó el apostadero de Nervión a primeros de 1837. Con los buques Eduardo, Clotilde, Leopoldino y Veloz, y con la trincadura Infanta, debía mantener la defensa de la ría, la costa del Cantábrico y, sobre todo, la ardua tarea de gestionar la llegada de las provisiones, que eran muy escasas, en parte por el abandono del Gobierno, en parte por falta de medios de transporte para llegar al apostadero por mar y en parte por los facciosos que merodeaban por campos y aldeas. El 12 de mayo casi todas las tropas que había en ese apostadero son embarcadas y enviadas a Santander y San Sebastián y el general Amero pide el traslado.​ Sin embargo, el traslado no se le concede y le son enviados 2000 reales de vellón para que reparta entre los soldados que hicieron posible el éxito del desembarco.

Anúncio

Próximamente en la app World in Stories

Audio, descarga offline, sin anuncios y mucho más.

Conocer Premium
Francisco Armero y Fernández de Peñaranda | World in Stories