Florentino López Alonso-Cuevillas (Orense, 14 de noviembre de 1886-Orense, 30 de julio de 1958) fue un antropólogo y prehistoriador español, aunque a lo largo de su vida también se acercó al campo literario para dedicarse, esencialmente, al ensayo y la narrativa. Como otros intelectuales gallegos de su época, fue miembro de la Xeración Nós, del Seminario de Estudios Gallegos y de las Irmandades da Fala, compaginando la actividad desempeñada en estas instituciones con una discreta participación política en pro del galleguismo. No obstante, su labor sociopolítica se vio profundamente trastocada tras la victoria del bando sublevado en el contexto de la Guerra Civil, aunque en la década de 1940 retomó su compromiso con la divulgación de la cultura gallega a través de la Real Academia Galega, de la que fue miembro numerario, y del Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento.
Como hicieron el resto de compañeros de su generación, contribuyó a la maduración de la prosa gallega, pero realmente por lo que destacó fue por su intensa labor dentro del ámbito científico. Catapultado por la obra del alemán Hugo Obermaier (Impresiones de un viaje prehistórico por Galicia), Cuevillas acometió la compleja tarea de desenvolver el campo de la arqueología en Galicia con el objetivo de reconstruir y estudiar una parte del tiempo que hasta aquel momento había sido olvidada. Sus investigaciones de campo, las más de las veces dirigidas al estudio del megalitismo y de la cultura celta-castrexa, así como la sistematización de la prehistoria gallega que realizó, lo acabaron por coronar como la figura más importante que dio Galicia en lo referente a investigación prehistórica. Indirectamente, con su trabajo científico colaboró con la normalización de la lengua gallega.
Florentino López Alonso-Cuevillas nació el 14 de noviembre de 1886 en Orense, concretamente en la casa número 77 de la calle del Progreso. Fue el único hijo que tuvieron Florentino López Barbán, delegado de Hacienda que ejerció su profesión tanto en Orense como en Lugo, y Vicenta Alonso-Cuevillas Álvarez, hija de un reconocido brigadero que desempeñó importantes cargos militares en la ciudad ourensana y perteneciente a la prestigiosa familia Seara.
El hecho de que el padre de Cuevillas falleciera en Lugo antes de que el pequeño naciese, propició que la madre se trasladase rápidamente junto a su familia (contaba con numerosos hermanos) residente en Orense. A partir de este momento Florentino Cuevillas fue criado y educado en el seno de la familia materna, recibiendo una enseñanza que muy pocas personas se podían permitir por aquel entonces. Cuando todavía era un párvulo acudió a una escuela femenina en la que se aceptaban a niños de corta edad, para más tarde acudir al colegio León XIII. Es a partir de este momento cuando comienza a manifestar interés por la música, llegando a aprender a tocar el violín durante la adolescencia.
Se casó con Milagros Rodríguez Álvarez, trece años más joven que ély con la que tuvo tres hijas.
Entre los años 1896 y 1901 estudió en el Instituto de Orense donde recibió clases de profesores de gran renombre, como el catedrático de Retórica y Poética Marcelo Macías.
Tras cinco años de estudio finalizó el bachillerato (todavía regido por la ley Moyano), y se graduó de Bachiller el 28 de junio de 1901. para posteriormente acudir a la Universidad de Santiago de Compostela para cursar la carrera de Farmacia. Durante el transcurso de su etapa universitaria, mostró un gran interés por la literatura y al mismo tiempo acudió a las veladas literarias del Ateneo León XIII y a las conferencias realizadas por los alumnos de las facultades de Derecho y Medicina. Se licenció en junio de 1906, y cinco años más tarde se trasladaría a Madrid para recibir clases de Filosofía y Letras. En la capital de España entró en contacto con Otero Pedrayo, Primitivo Rodríguez Sanjurjo y Urbano Feijoo de Sotomayor, acudió a las reuniones en el Ateneo, a representaciones teatrales y a la ópera, frecuentando las tertulias madrileñas de más fama del momento. En esa misma ciudad trabajó como funcionario de gobernación volviendo breves temporadas a Galicia, pero el hecho de que se sintiese perdido en Madrid favoreció su regreso a Orense.
Obtuvo el título de licenciado en Farmacia por la USC el 1 de agosto de 1944, y al 13 del mes siguiente se inscribió en el Colegio de farmacéuticos de Ourense, recibiendo el número 79.
A pesar de que algunas fuentes señalan que no ejerció la carrera de farmacia, es un dato erróneo, pues desde el año 1944 ejerció como director técnico farmacéutico de la distribuidora farmacéutica Droguería Yebra, con domicilio en la calle Santo Domingo, n.º 15 de Orense. Se presentó a varios puestos de la directiva del colegio provincial de farmacéuticos, y en 1949 fue elegido vocal provincial de directores técnicos de almacenes de distribución farmacéutica de la Junta de Gobierno del Colegio de Farmacéuticos de Orense presidida por Carlos Sánchez Rey..
Posteriormente dejó de ejercer la farmacia y desempeñó el cargo de Jefe de administración del Cuerpo General de Hacienda Pública..
Los primeros escritos creados por Cuevillas fueron artículos políticos y de crítica literaria que se publicaron en el periódico El Miño, donde también participaba de forma activa Risco, aunque también colaboraría con otras ediciones como La Zarpa, El Pueblo Gallego, Diario de Orense, El Heraldo, Misión, Faro de Vigo, La Noche y La Región. En 1917, los integrantes de la iglesia teosófica llamada Roso de Luna (Rodríguez Sanjurjo, Vicente Risco y Cuevillas) decidieron fundar la revista La Centuria. Cuevillas fue colaborador de este nuevo proyecto periodístico, manifestando cada vez más en sus conferencias y trabajos una orientación sociopolítica. En ese mismo año y por influencia Antón Losada Diéguez, Cuevillas se implicó en el campo del galleguismo. Además, ingresó en las Irmandades da Fala, intervino en la fundación de la revista Nós y del Partido Nazonalista Republicano de Orense (a partir de ese momento comienza su fiel militancia en el Partido Galeguista) y fue designado consejero de la Irmandade Nazonalista Galega. En el año 1922 publicó sus primeros trabajos de arqueología en Nós, siendo el artículo Dos nosos tempos (n.º 1 de la revista Nós) el que forme junto a otros de Otero Pedrayo y Vicente Risco el manifiesto generacional del cenáculo orensano.
Finalizada la guerra civil española, y al igual que un gran número de galleguistas, fue forzado a abandonar su actividad política y a purgar su expediente de responsabilidades políticas. A partir de 1939 continuó sus estudios arqueológicos, pero tiempo más tarde y a consecuencia de un agudización de su reumatismo articular tuvo que dejar de lado el trabajo de campo para pasar a dedicarse a la sistematización de la prehistoria gallega. El 27 de julio de 1941, Cuevillas se convirtió en académico numerario de la Real Academia Gallega a propuesta de Ramón Otero Pedrayo, Ángel del Castillo López y Alejandro Barreiro Noya. Tres años más tarde, en 1944, accede al Instituto de Estudios Padre Sarmiento, al mismo tiempo que elabora su tomo Prehistoria que será el tercero de la Historia de Galiza, dirigida por Otero Pedrayo.
El 30 de julio de 1958, falleció en su casa situada en la calle de Santo Domingo (Orense) como consecuencia del agravamiento de la dolencia reumática que lo aquejaba. Fue enterrado en el cementerio de San Francisco de Orense, y en el momento de la inhumación del cadáver fue entonado el Requiem a Cuevillas por parte de su autor, Fermín Bouza Brey. La sexta edición del Día de las Letras Gallegas, celebrada en el año 1968, fue dedicada a Cuevillas.
Estudios arqueológicos e históricos
La vocación arqueológica de Cuevillas, que se inicia con su asistencia a las tertulias de los miembros de la Comisión de Monumentos ligada al Museo Arqueológico, quedó reflejada en el estudio A mansión de Aquis Querquernis (1921) que encerraba una vasta labor sobre la Galicia prerromana. De hecho, fue él y su grupo de colaboradores los que llevaron a cabo en los primeros años de la década de los veinte una breve campaña de excavación en el lugar en el que se situaba el campamento romano de Aquis Querquennis, descubriendo la muralla del campamento (ellos no supieron identificar al ancho muro como la muralla principal del complejo) y otros muros de menor tamaño relacionados con estructuras de carácter habitable.