Las Fiestas Patrias de la República de Chile, conocidas coloquialmente como el Dieciocho, se han celebrado en septiembre los días 18, a partir de 1811, y 19, desde 1915 —«hasta 1914, el 19 de septiembre era simplemente uno de los varios días feriados englobados en la celebración del 18 de septiembre»—. Los días lunes 17 o viernes 20, o viernes 17 también se incluyen cuando corresponde.
El fin original del 18 de septiembre fue celebrar el aniversario de la Primera Junta Nacional de Gobierno (18 de septiembre de 1810). Asimismo, se añadieron como festivos de carácter patriótico el 5 de abril (batalla de Maipú, 1818) en 1819 y el 12 de febrero (declaración de Independencia, 1818) en 1821. En 1837, tras la derogación como feriado del 5 de abril y la reducción de la celebración del 12 de febrero, el objetivo del 18 de septiembre fue conmemorar el proceso independentista de la Corona española y la formación de Chile como un Estado nación.
En sus primeros años, las Fiestas Patrias duraban días. La ley 2977 del 1 de febrero de 1915 las fijó oficialmente en dos días de septiembre: el 18, «conmemoración de la Independencia Nacional», y el 19, «celebración de todas las glorias del Ejército» —ambos son dos de los cinco feriados obligatorios e irrenunciables en el año, lo que implica que está prohibido realizar trabajos remunerados, salvo ciertos servicios de entretención (cabarés, casinos de juego, cines, clubes, discotecas, pubs y restaurantes) y de urgencia (farmacias)—. Durante estas festividades, el izamiento de la bandera chilena es obligatorio en todos los recintos privados y públicos del país.
Para conmemorar la independencia de Chile, las autoridades del país concurren a las cuatro actividades oficiales: el Servicio de Acción de Gracias evangélico, el Te Deum ecuménico, la Gala presidencial y la Parada Militar. Las Fiestas Patrias resaltan las costumbres y tradiciones típicas de la identidad nacional que conforman la llamada «chilenidad», y son las celebraciones más importantes en Chile y en las comunidades chilenas residentes en el extranjero. En estas fechas, las fondas o «ramadas» se instalan como centros de entretenimiento, mezclando música y baile del folclore nacional con platos y tragos típicos de la cocina chilena.
Aunque fallida, la llamada «conspiración de los tres Antonios» (1780) fue el primer proyecto serio de una revolución independentista en Chile y el primer intento republicano en América Latina.
Treinta años más tarde, tras la ocupación napoleónica de España y la usurpación del trono del rey Fernando VII por José I Bonaparte en junio de 1808, en Chile se repitió el proceder de la mayoría de las otras colonias americanas del Imperio español; en Santiago el martes 18 de septiembre de 1810, se constituyó la Primera Junta Nacional de Gobierno —la primera forma autónoma de gobierno surgida en Chile y el episodio que inició la independencia chilena—, lo que motivó el repique general de todas las campanas de las iglesias, música y mucha alegría en el vecindario santiaguino.
Si bien entonces la Junta de Gobierno se había declarado nominalmente fiel y «siempre sujeta» a Fernando VII, las ideas independentistas fueron ganando terreno en Chile —sobre todo luego de la elección del Primer Congreso Nacional (4 de julio de 1811)—.
El primer registro de esta festividad data del miércoles 18 de septiembre de 1811, cuando «se celebró el cumpleaños de la Junta con misa solemne, sermón [a cargo del fraile dominico José María Torres], Te Deum, y tres salvas de artillería, con más dos días de iluminación y dos noches de fuegos, [y] mucha música en un tabladillo que se hizo en la plaza mayor».
El segundo aniversario se llevó a cabo el miércoles 30 de septiembre de 1812, día «dedicado al Aniversario de la libertad e independencia de Chile»; al amanecer se hizo una salva de 31 cañonazos y al atardecer, otra de 21. Desde el día 28 se había iluminado gran parte de Santiago y, especialmente, la sede de las celebraciones, la Casa de Moneda, que además fue adornada con la bandera tricolor y el escudo nacional, símbolos creados por José Miguel Carrera ese mismo año —los escudos imperiales fueron sutilmente cubiertos, revelando así la naturaleza independentista cada vez más característica del gobierno autónomo chileno—; la Catedral Metropolitana fue sede de la «misa de gracias [y del] Te Deum con salva de 21 cañonazos».
El tercer aniversario se realizó el miércoles 22 de septiembre de 1813. El cuarto aniversario se suspendió en 1814 debido a la intensidad de la guerra de independencia, que terminó temporalmente con la batalla de Rancagua el 2 de octubre de ese año; las tropas patriotas fueron diezmadas y los sobrevivientes se exiliaron en Mendoza, poniendo fin al periodo de la Patria Vieja (1810-1814) e instaurando la Reconquista española. Este periodo finalizó cuando las tropas independentistas del Ejército de los Andes, comandadas por José de San Martín, derrotaron a las monárquicas en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817) y se estableció la denominada Patria Nueva (1817-1823).
Fechada en Concepción el 1 de enero de 1818, la declaración de Independencia de Chile fue aprobada y firmada por el director supremo Bernardo O'Higgins en Talca el 2 de febrero siguiente, y oficialmente proclamada y jurada en Santiago el 12 de febrero del mismo año, en el primer aniversario de la batalla de Chacabuco. Pese a lo anterior, la guerra continuaba y su desenlace no era seguro; la victoria patriota en Maipú (5 de abril de 1818) confirmó la independencia chilena.
En los años siguientes, al 18 de septiembre se añadieron el 12 de febrero y el 5 de abril como festivos de carácter patriótico. Las tres fechas representaban los pasos desarrollados hasta la independencia de Chile: la «regeneración política» de 1810, la «independencia» y la «consolidación» de 1818, como si fuera el desarrollo y crecimiento de una persona. Así, el 18 de septiembre era visto como un quiebre profundo, que representaba el nacimiento de Chile como nación, mientras las otras fechas representaban la maduración y concreción de este concepto.
La norma que declaró el 5 de abril como día festivo no se ha encontrado, pero se sabe que estuvo vigente entre 1819 y 1824. El 12 de febrero fue observado como «fiesta ordinaria» en 1818 y oficialmente establecido como festivo por el director supremo Bernardo O'Higgins el 5 de febrero de 1821 mediante el «Reglamento para solemnizar el Aniversario de la Declaración de Independencia», publicado en el Boletín de Leyes y Decretos del Gobierno el 17 del mismo mes. No existe registro oficial de la proclamación del 18 de septiembre como día festivo; sin embargo, un decreto del 20 de julio de 1823 —cuando se determinó quién debía dar sermones durante las festividades patrias— lo incluyó junto con el 12 de febrero y el 5 de abril.
La celebración de múltiples festividades (12 de febrero: declaración de Independencia, 5 de abril: batalla de Maipú, y 18 de septiembre: establecimiento de la Primera Junta Nacional de Gobierno) se hizo compleja debido a razones económicas, culturales y políticas:
Encargado de organizar cada festejo, el cabildo de Santiago sufría una precaria situación que lo obligaba a endeudarse para pagar los gastos de «una función de fuegos en la plaza [,...] banquetes, orquestas, bailes preparados para la ocasión, remodelaciones de los espacios públicos, diversos adornos, tablados, gastos en la función religiosa —entre los que se contaba el sermón—, e iluminaciones en varias zonas de la ciudad».
Vigente desde 1819 hasta 1824, la conmemoración del 5 de abril se volvió complicada por su proximidad a Semana Santa; se trasladó al 17 y 18 en 1822 al coincidir con el Viernes Santo. Buscando «imponer la idea del progreso [y] promover una nueva ética del trabajo» mediante la disminución de los festivos cívicos y el aumento de los días laborables, un decreto firmado el 14 de agosto de 1824 por el director supremo Ramón Freire derogó el 5 de abril como feriado: