Fernando María Castiella y Maiz (Bilbao, 9 de diciembre de 1907-Madrid, 25 de noviembre de 1976) fue un jurista, catedrático de universidad, diplomático y político español durante la dictadura franquista. Ocupó los cargos de embajador en Perú (1948-1951), embajador ante la Santa Sede (1951-1957), ministro de Asuntos Exteriores (1957-1969) y procurador en las Cortes franquistas (1943-1948; 1957-1969). Fue miembro del Tribunal Permanente de Arbitraje Internacional de La Haya desde 1939 hasta su muerte en 1976.
De carácter reformista y aperturista, ocupó entre febrero de 1957 y octubre de 1969 la cartera de Exteriores, consiguiendo el ingreso de España en la OCDE y en el FMI y el desarrollo completo de la independencia de Guinea Ecuatorial. Asimismo, presentó la primera carta solicitando en 1962 la entrada de España en la Comunidad Europea y trató de resolver el conflicto gibraltareño.
Fue académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (desde 1976).
Nació en Bilbao el 9 de diciembre de 1907, hijo del médico oculista Juan Cesáreo Castiella Taramona, hijo a su vez de un comerciante textil originario de Sarvisé, en el Alto Aragón, y de María Maiz Nordhausen, nacida en Matamoros, entonces perteneciente a Texas, hija a su vez de Ángel Maiz, un vasco instalado primero en Nueva Orleans y posteriormente en México, casado con una estadounidense originaria de La Grange, descendiente a su vez de colonos alemanes instalados en Texas.
Comenzó sus estudios primarios en el colegio marista de San Salvador de su ciudad natal, terminando el bachillerato en el Instituto General Técnico de Bilbao, en 1923, obteniendo matrícula de honor en todas las asignaturas y premio extraordinario de Bachillerato. Cursó estudios universitarios de derecho en Bilbao a partir de 1923 en el Colegio de Estudios Superiores de Deusto, de la Compañía de Jesús, examinándose como alumno libre en las universidades de Zaragoza, Valladolid y Madrid. Fue precisamente en Deusto dónde entró en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP).
En febrero de 1930, con una beca de la Junta para la Ampliación de Estudios, se marchó a París para realizar un curso de especialización de dos años en el Institut des Hautes Études Internationales. Continuó en el curso 1932-1933 sus estudios de derecho internacional en La Haya, Ginebra y Cambridge.
En octubre de 1933 comenzó su carrera académica como profesor ayudante de clases prácticas de Derecho Internacional Público. Al año siguiente, el 24 de marzo de 1934, obtuvo el doctorado en Derecho en la Universidad de Madrid con una tesis titulada Origen, naturaleza y alcance de los dictámenes del Tribunal Permanente de Justicia Internacional.
Comenzó a enseñar derecho internacional en el recién creado Centro de Estudios Universitarios (CEU). En diciembre de 1935 ganó la oposición a la cátedra de Derecho Internacional de la Universidad de La Laguna (Canarias), aunque pidió la excedencia pocos meses después para seguir en la Universidad Central de Madrid.
Fue vicepresidente de la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos. Más tarde, trabajó en el diario de la Asociación Católica de Propagandistas, El Debate, donde dirigió la sección de política exterior.
Desde abril de 1931 fue miembro de la Juventud Monárquica de Bilbao y por ello fue el primer detenido en Bilbao con motivo de la proclamación de la República. Estuvo preso en la cárcel de San Sebastián entre noviembre y diciembre de 1931 acusado de un contrabando de armas y como propagandista activo de los círculos tradicionalistas de Bilbao, San Sebastián, etc. Durante la mayor parte de la guerra civil estuvo ocultándose de continuas persecuciones en Madrid, llegando a estar refugiado en la Legación de Noruega a partir de junio de 1937. La noche del 25 al 26 de febrero de 1939 cruzó a la zona franquista y el 6 de marzo fue nombrado oficial primero honorario del cuerpo jurídico militar.
Se convirtió en director de la sección dedicada a las Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Políticos, fundado en septiembre de 1939. En 1941 compartió el Premio Nacional Francisco Franco de Literatura con José María de Areilza por la autoría de la obra Reivindicaciones de España, un alegato exaltado a favor de los derechos españoles sobre los territorios reclamados históricamente a Francia e Inglaterra, considerado también por otros como un ejemplar de literatura fascista, en el cual, en el contexto del auge inicial de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, se desgranan los objetivos de una política imperialista en África, y claro está, Gibraltar, en clave de recuperación del «espacio vital». Se efectuaría, según Julio Rodríguez Puértolas, la identificación entre las luchas del fascismo español y el europeo. El libro llegó a ser considerado «altamente ofensivo» por la diplomacia británica. Las críticas antibritánicas influyeron años más tarde en la negativa del gobierno de Londres a conceder a Castiella el plácet como embajador en ese país.
Nombrado en enero de 1941 miembro del Consejo de la Hispanidad, por orden de 7 de abril sería designado dentro de su cancillería, conformada según la orden, además de por el propio Castiella, por los consejeros Antonio Tovar, Jesús Pabón, Felipe Ximénez de Sandoval, Santiago Magariños y Manuel Aznar.
Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó y fue voluntario en la División Azul en el Frente Oriental. En concreto, se alistó como soldado raso (renunciando al grado de capitán, al que tenía derecho por sus estudios), siendo destinado ocho meses en la Sección de Asalto de la 15.ª Compañía, Plana Mayor, del Regimiento de Infantería n.º 262 cerca del río Voljov a su paso por Nóvgorod y también en la Plana Mayor. Estuvo encargado de transmisiones, enlace en moto y lucha en primera fila en algunas ocasiones, regresando en 1942.
A su regreso a España, fue nombrado delegado nacional del Servicio Exterior de Falange, sustituyendo al cesado Felipe Ximénez de Sandoval que había sufrido una pelea con unos monárquicos y había sido acusado de homosexual; accedió al cargo el 11 de noviembre de 1942. Castiella, no obstante, se desmarcó pronto de este juego político. En marzo de 1943 había renunciado a la Delegación Nacional del Servicio Exterior de Falange, cargo del que nunca tomó posesión.
Ejerció de director del Instituto de Estudios Políticos entre 1943 y 1948. y primer decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad de Madrid. Dicha facultad fue creada por la Ley de Ordenación Universitaria de 29 de julio de 1943 y puesta en vigor por las órdenes ministeriales de 7 de septiembre y de 29 de enero de 1944, que fijaban sus normas de funcionamiento, comenzando las clases en febrero de 1944 y en el mes de julio fue aprobado el decreto que establecía la ordenación del centro.
Intervino, desde el Instituto de Estudios Políticos, como redactor del llamado «Fuero de los Españoles», ley fundamental del franquismo aprobada en 1945.
Nombrado embajador en Perú en 1948, llegó a Lima a mediados de junio. Consiguió restablecer relaciones bilaterales, el apoyo peruano en votaciones sobre España en la Asamblea de Naciones Unidas de 1949 y 1950, así como las bases para un apoyo peruano para el ingreso de España en Naciones Unidas, que tendría lugar el 14 de diciembre de 1955.
En 1951 fue destinado al Vaticano para sustituir a Joaquín Ruiz-Giménez como embajador ante la Santa Sede. La gestión más conocida del servicio de Castiella fue la compleja negociación, iniciada por su antecesor, que llevó a la firma del Tratado del Concordato entre el Estado español y la Santa Sede el 27 de agosto de 1953. El tratado fue firmado por el secretario de Estado de la Santa Sede Domenico Tardini y por parte española por el ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo y por el propio Castiella. El tratado significó el reconocimiento de la Iglesia Católica en España y una serie de privilegios políticos, legales, económicos y fiscales, como que los matrimonios canónicos fueran obligatorios para todos los católicos, exenciones fiscales para sus bienes y actividades o el derecho de constituir universidades. Por su parte, el gobierno español controlaba el nombramiento de los obispos y obtenía reconocimiento internacional.