Fernando I de Bulgaria (en búlgaro: Ferdinand I - Фердинанд I; Viena, 26 de febrero de 1861-Coburgo, 10 de septiembre de 1948) fue príncipe y más tarde zar de Bulgaria. Durante su largo reinado, Bulgaria proclamó la independencia del Imperio otomano y participó en diversas guerras para ampliar su territorio. Se vio forzado a abdicar tras la derrota del país en la Primera Guerra Mundial en 1918 y vivió desde entonces en el exilio hasta su muerte en 1948.
Fernando nació en Viena y era príncipe de la familia ducal de los Sajonia-Coburgo-Gotha. Era hijo de Augusto de Sajonia-Coburgo-Gotha (1818-1881) y de Clementina de Orleans (1817-1907), y por tanto, sobrino nieto de Ernesto I de Sajonia-Coburgo-Gotha, duque de Sajonia-Coburgo, y de Leopoldo I, primer rey de los belgas. Su padre era también hermano del príncipe consorte de Portugal, y primo de Victoria I del Reino Unido y de su marido Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Era también nieto materno de Luis Felipe I de Francia y primo hermano de la emperatriz Carlota de México. La familia ducal de la que procedía Fernando había ascendido al trono en diversos países europeos, y Fernando hizo lo propio en Bulgaria.
Fernando así fue proclamado príncipe regente de Bulgaria el 7 de julio de 1887, diez meses después de la abdicación de su predecesor, Alejandro I de Bulgaria.
El gobierno del país estuvo controlado, sin embargo, por el liberal Stefan Stambolov, que impulsó las relaciones con Rusia.
Fernando I cumplió su papel como fundador de una dinastía casándose con la princesa María Luisa de Borbón-Parma, hija de Roberto I de Parma, el 20 de abril de 1893. Con ella tuvo cuatro hijos:
El príncipe Cirilo (1895-1945), sin sucesión. Fue fusilado.
La princesa Eudoxia (1898-1985), sin sucesión.
La princesa Nadezhda (1899-1958), casada con Alberto, duque de Württemberg.
Tras la muerte de su esposa el 31 de enero de 1899 y la de su propia madre (que había actuado en gran medida como consorte real de Bulgaria) en 1907, Fernando se casó con la princesa Leonor Reuss-Köstritz, el 28 de febrero de 1908. No hubo descendencia de esta última unión.
La bisexualidad de Fernando era bien conocida y fue aprovechada en círculos diplomáticos europeos. Sus vacaciones periódicas en Capri, que durante la época era un conocido lugar de reunión para homosexuales de clase alta, eran ampliamente conocidas en las cortes reales de toda Europa. Algunos dignatarios y visitantes en ocasiones buscaban el favor de Fernando haciéndose acompañar por jóvenes atractivos cuyos servicios íntimos le ofrecían. Se cuenta la anécdota que durante la Primera Guerra Mundial el ministro de la Guerra acudió al cuartel general del rey Fernando para discutir un asunto extremadamente urgente, y descubrió que Fernando se había ido a merendar al campo con un joven que se había encontrado.
Fernando tenía gran poder en la política nacional gracias al poder de encargar el Gobierno a uno u otro partido. Rusófobo, la suerte de su predecesor en el trono búlgaro agudizó esta tendencia. Respaldó el ideal nacionalista de expansión territorial, incluso si esto requería apoyar gobiernos rusófilos alejados de sus preferencias personales.
En 1897, el acuerdo austro-ruso por el que las dos potencias acordaron defender la situación en los Balcanes ante cualquier intento de cambio frustró las maniobras de Fernando, que necesitaba del antagonismo entre Austria-Hungría y Rusia para avanzar hacia sus objetivos en política exterior: el pacto entre ellas paralizó a Fernando. Sus mayores éxitos en política exterior se debieron al aprovechamiento de la rivalidad de las dos naciones, aunque sus constantes cambios de alineamiento entre las dos le granjearon críticas de inconstancia en sus alianzas. La paralización de cambios territoriales en los Balcanes impuesto por el pacto exacerbó el malestar en la región, especialmente por la situación en Macedonia, bajo dominio otomano, zona de gran mezcla de culturas y objetivo de los países vecinos. Esta región concentró la actividad de Fernando y de Bulgaria en los años siguientes y llevó a disputas con las naciones vecinas. La llegada de decenas de miles de refugiados macedonios durante la década de 1890, la abundancia de macedonios en la capital búlgara (alrededor de la mitad de la población), la disconformidad de los búlgaro-macedonios con las fronteras trazadas en el Congreso de Berlín de 1878 y la formación de organizaciones para lograr el fin de la soberanía otomana en la región influyeron en la política búlgara de la época. El crecimiento del descontento y la oposición de las potencias a cualquier cambio pusieron en dificultades a Fernando.
En 1899 sustituyó al rusófilo Stoilov por el austrófilo Dimitar Grekov, lo que le valió la reconciliación con la corte austrohúngara y ser recibido con honores en Viena. Pocos meses después, sin embargo, Grekov dio paso a un nuevo ministerio favorable a Rusia cuando Fernando comenzó a planear su casamiento con una gran duquesa rusa. Para entonces el control de la política búlgara permitía a Fernando controlar a los partidos políticos y cambiar los Consejos de Ministros a su antojo, de acuerdo a lo que consideraba necesidades de la política exterior del país. Su gran habilidad diplomática, sus conexiones con la nobleza europea, su inteligencia y ambición eran reconocidos, por otra parte, por los políticos búlgaros, que los consideraban beneficiosos para sus aspiraciones en el exterior. Por otra parte, Fernando también mostraba defectos como gobernante: era un mediocre administrador al que le aburría la gestión del día a día, le aburrían las finanzas, tenía una tendencia a derrochar dinero y sus conocimientos militares e inclinación por la guerra eran nulos. Fernando prefería la diplomacia a la fuerza.
En agosto de 1903, un levantamiento antiturco en Macedonia fracasó y fue reprimido con dureza por las autoridades, lo que causó la llegada de otros 30 000 refugiados a Bulgaria. Las potencias impusieron un programa de reformas en la región para tratar de calmar la situación mientras que Fernando se veía cada vez más presionado para declarar la guerra al Imperio otomano. Por otro lado, la derrota rusa en la guerra con Japón llevó a un nuevo cambio de Gobierno en Sofía, esta vez favorable a Viena.
En enero de 1908, anunció su compromiso con la princesa alemana Leonor Reuss-Köstritz, un año mayor y conocida por su trabajo con la Cruz Roja en Manchuria durante la guerra ruso-japonesa. Se creía que había aceptado casarse con Fernando por la posibilidad de realizar obras de caridad y mejorar el funcionamiento de los hospitales búlgaros. La boda se celebró dos veces, una según el rito católico y otra según el ortodoxo. El matrimonio, desde el punto de vista de Fernando, debía servir para lograr una esposa que cuidase de sus cuatro hijos, le acompañase en los actos oficiales, y se encargase de las obras benéficas de la casa real, sin requerir afecto ni atenciones.
Asumió el título de zar de Bulgaria tras la declaración de independencia del Imperio otomano el 5 de octubre de 1908, durante la crisis bosnia. La declaración fue proclamada en la Iglesia de los Santos Cuarenta Mártires en Tírnovo. Era el título tradicional de los soberanos búlgaros desde el reconocimiento de Simeón I de Bulgaria como emperador por el papa en el 926. La anexión de Bosnia por Austria-Hungría al día siguiente y el disgusto ruso por no obtener la apertura de los estrechos del mar Negro a cambio acabó con la cooperación austro-rusa en la región y acabó con el equilibrio político que se había mantenido desde 1897. Nuevamente gracias a la rivalidad entre las dos potencias, logró que Rusia pagase su indemnización al Imperio por su declaración de independencia (que el Imperio exigía como compensación por la pérdida de la provincia) para tratar de recuperar su influencia sobre Bulgaria, mientras que el Gobierno de Viena le concedió un importante préstamo en diciembre para contrarrestar la maniobra rusa. Fernando, sin embargo, siguió sin aliarse claramente con ninguna de las dos.