Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea (Morges, Suiza, 25 de diciembre de 1796-Sevilla, 7 de abril de 1877) fue una escritora y folclorista española, conocida por el seudónimo de Fernán Caballero. Cultivó un pintoresquismo de carácter costumbrista y su obra se distingue por la defensa de las virtudes tradicionales, la monarquía y el catolicismo. Su pensamiento se inscribe dentro del regeneracionismo católico de la época, influido por las ideas de su padre, el hispanófilo alemán Juan Nicolás Böhl de Faber, introductor en España del romanticismo historicista alemán de Herder y los hermanos August y Friedrich Schlegel.
Cecilia Francisca Josefa Böhl und Lütkens y Ruiz de Larrea nació el 25 de diciembre de 1796 en Morges (Suiza). Era hija del cónsul alemán Juan Nicolás Böhl und Lütkens (luego Böhl de Faber), hombre de negocios que dirigía junto a su hermano Amadeo los intereses comerciales de la casa Böhl Hermanos, fundada en Cádiz por su fallecido padre, conocido miembro de la burguesía hamburguesa, y de Francisca Javiera Ruiz de Larrea y Aheran Moloney, llamada por sus amigos y familiares “Doña Frasquita Larrea", de padre español y madre irlandesa. Su padre, cónsul hanseático en Cádiz, fue uno de los impulsores del Romanticismo en España a la vez que un gran defensor del teatro del Siglo de Oro y del romancero castellano. Su madre organizaba una tertulia de «serviles», donde se defendían los valores del Antiguo Régimen. Se casaron el 1 de febrero de 1796 en una ceremonia católica, aunque su padre, de familia protestante, no se convertiría al catolicismo hasta 1813, lo que no impidió que educase a sus hijos en esa fe. Tras una breve estancia en Alemania visitando a su abuela paterna, sus padres regresaron a España en 1797, donde nacieron los tres hermanos de Cecilia: Aurora (1800), Juan Jacobo (1801) y Ángela (1803).
Tras el fallecimiento de su tío Amadeo, que era quien llevaba principalmente los negocios, y por la inestabilidad de la Europa napoleónica, en 1805 los padres realizaron su segundo viaje a Alemania, junto a Cecilia y su hermano Juan Jacobo, mientras que las dos hermanas pequeñas quedaban al cuidado de su abuela materna. El padrastro de su padre, Martin Jak. Faber, le adoptó legalmente en 1806, para que llevase su apellido, cambiando también el de la autora y sus hermanos. Sin embargo su madre no logró adaptarse a Alemania y se desvelan las primeras desavenencias conyugales. Finalmente la madre de Cecilia volvió a España, por lo que atravesó sola la trágica experiencia de la Guerra de la Independencia con las dos hermanas pequeñas de la autora en su casa de Chiclana de la Frontera.
Durante esos años Cecilia vivió en Alemania, en Hamburgo, en un pensionado regentado por una dama francesa, donde adquiriría su educación a la "antigua usanza", de catolicismo profundo, hasta que tras la visita de su madre en 1812 logró convencer a su padre, y la familia se reúne en la ciudad de Cádiz en 1813, cuando Cecilia tenía ya diecisiete años, y tras siete años de separación.
Matrimonios, viudedad y muerte
Contrajo matrimonio el 30 de marzo de 1816 con un capitán de infantería, Antonio Planells y Bardají. La pareja se mudó a Puerto Rico, ya que su esposo había sido destinado a dicha plaza, pero ese matrimonio duraría poco por el fallecimiento del marido; este hecho conmocionó a la joven Cecilia, que fue acogida en casa del Capitán General mientras se recuperaba de su depresión y pudo volver a España el 28 de junio de 1818. Después se trasladó a Hamburgo, la ciudad natal de su padre, donde vivió con su abuela.
Algunos años más tarde se mudó nuevamente a El Puerto de Santa María, donde conoció a Francisco de Paula Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso y oficial del Cuerpo de Guardias Españolas, quien era el mayorazgo de una rica e influyente familia sevillana, emparentada con gran parte de la nobleza andaluza. El 26 de marzo de 1822 contrajo segundas nupcias con él en Sevilla; allí sostenía con su marido una tertulia en su palacio, a la que acudían representantes de la alta sociedad y personalidades extranjeras como Washington Irving (con quien mantuvo correspondencia desde 1828 y al que ayudó en algunas de sus obras), el historiador del arte William Stirling y el barón Taylor, que sería el modelo del “barón de Maudes” en la tertulia de la marquesa de Algar en La Gaviota. Tras la invasión de los "Cien mil hijos de san Luis" (1823) se trasladaron a vivir al Puerto por las simpatías liberales del marqués; pasaban asimismo mucho tiempo en una finca que el marqués poseía en Dos Hermanas, "La Palma", donde quedó impresionada por el folclore andaluz y empezó a recoger coplas, cuentecillos y refranes. En mayo de 1835 enviudó nuevamente.
En marzo de 1836, Cecilia viaja a Inglaterra con su hermana; durante su estancia en Londres se encuentra con un joven aristócrata inglés, Federico Cuthbert, al que había conocido en España y con quien mantiene un idilio secreto. Debido a su viaje no podrá estar presente en la muerte de su padre el 9 de noviembre de 1836. Volvió a Sevilla por las malas relaciones que tendría con su madre.
Poco tiempo después conoció a Antonio Arrom y Morales de Ayala, con quien contrajo matrimonio en 17 de agosto de 1837, rondeño de salud delicada y dieciocho años más joven que Cecilia. Este matrimonio sería muy especial, ya que en la vida de Fernán Caballero significó su definitivo encuentro con la imprenta, con lo que todo el material que había ido recopilando a lo largo de su vida, entre las largas ausencias de su marido y las circunstancias económicas en que vivía, salió a la luz. Este matrimonio también le atrajo las críticas de los Arco-Hermoso y de la buena sociedad sevillana. El matrimonio se arruinó económicamente, pese a que es en esta época cuando se publica La Gaviota (1849), La familia de Alvareda (1849) y Clemencia (1852). Sin embargo, el fracaso de esta última le haría reconsiderar la publicación de su obra, en la que mostraba una actitud intransigente y antiliberal; de hecho, Hartzenbusch, liberal moderado, no quiso que se la dedicara, y ella nunca se repuso de este fracaso. En torno a 1852 se desveló quién era Fernán Caballero, hecho que hizo que se propusiera como personalidad pública con un proyecto político radical. Este fracaso repercutiría en el resto de su vida. Su marido enfermó de tisis y los graves problemas económicos hicieron que él se suicidara en 1859.
Nuevamente viuda, quedó así la escritora en la pobreza. Los duques de Montpensier y la reina Isabel II la protegieron y le brindaron una vivienda en el Patio de Banderas del Alcázar de Sevilla, pero la revolución de 1868 la obligó a mudarse debido a que las casas fueron puestas en venta, aunque pudo salvar de la destrucción el retablo que allí se custodiaba. Contraria a los desórdenes del Sexenio Revolucionario, se alegró por la restauración de la monarquía en 1874, pero se opuso a la tolerancia de cultos consagrada por la Constitución de 1874 y, a pesar de su edad y achaques, realizó escritos a favor de la unidad católica de España.
Falleció en Sevilla el 7 de abril de 1877 a las 10 de la mañana, a los ochenta y un años de edad, de disentería, según el certificado de defunción.Fue un personaje contradictorio ya que, aunque rechazaba la política, escribió varias novelas tomando una clara postura política antiliberal, que rechazaba la idea de las mujeres emancipadas; asimismo, fue una escritora ambiciosa que redactó gran parte de su obra en francés, alguna en alemán y bastantes en español. Quiso crear una nueva forma de novelar en España; siendo de una severa moral, el tema principal en varias novelas era el adulterio, aparte de obviar su vida personal, ya que estaba casada en terceras nupcias con un hombre veinte años más joven, lo cual fue un escándalo en su época al ser además viuda de un marqués.
Mantuvo una abundantísima correspondencia; en su siglo solo la supera el epistolario de Juan Valera. Se escribió con Juan Eugenio Hartzenbusch, con el que se puso en contacto para vender la biblioteca de su padre; estas y otras cartas las recogió y editó el hispanista Theodor Heinermann, quien se quejaba por cierto de que Cecilia era "la autora más mistificada de la historia literaria española". También sostuvo correspondencia con Rosalía de Castro, a la que le unió una gran amistad que, sin embargo, comenzó con reproches. La poeta gallega le había dedicado su libro Cantares pero Fernán Caballero, tras llamarla "ruiseñor de Galicia", le reprocha las acusaciones contra los castellanos y el uso de palabras en gallego que no entendía.