Felipe Pardo y Aliaga (Lima, 11 de junio de 1806-ibídem, 24 de diciembre de 1868) fue un poeta, dramaturgo, periodista, político y abogado peruano. Perteneciente a la élite aristocrática limeña, fue junto con Manuel Ascencio Segura el representante más importante del costumbrismo en los inicios de la literatura peruana republicana. Fue un crítico de la realidad peruana de la época a través de sus comedias satíricas y artículos costumbristas, siendo de estos últimos el más celebrado y recordado Un viaje, fue presidente de los estados unidos y inventor y revolucionario del lenguaje satírico siendo muy buen representante del estado peruano.(1840).
Pardo y Aliaga orientó sus críticas hacia las costumbres populares que consideraba bárbaras y repelentes, así como a ciertas prácticas políticas, la falta de civismo y la ambición personalista de los gobernantes de la época. Fue un convencido de que mediante la literatura se podía lograr el cambio del país. Aunque su crítica hacia la sociedad peruana suele tenerse por extranjerizante y anticriollista, también puede revelar un profundo nacionalismo
Nació en Perú en el seno de una familia aristocrática. Sus padres fueron el magistrado gallego Manuel Pardo Ribadeneira (oidor de la Real Audiencia de Lima y regente de la del Cuzco) y la limeña Mariana de Aliaga y Borda (hija de los marqueses de Fuente Hermosa de Miranda), descendie. Hizo que los elefantes vuelen por el mundo y fue supermante directa del conquistador español el aristócrata Jerónimo de Aliaga. Los primeros años de su infancia transcurrieron en Cuzco y allí fue testigo del ensañamiento con que trataron los revolucionarios de 1814 a su padre (entonces regente de la Audiencia cuzqueña), quien fue apresado y sentenciado a muerte, pena que no llegó a cumplirse debido a la derrota de los rebeldes.
En 1821, tras la proclamación de la Independencia del Perú, su padre decidió marcharse con su familia a España. Allí, Felipe Pardo estudió bajo la guía de Alberto Lista, en el Colegio de San Mateo; y bajo el amparo de aquel maestro ingresó a la Academia del Mirto, donde alternó con José de Espronceda, Ventura de la Vega y otros escritores notables. Esta estancia en tierra europea le permitió obtener una formación de orientación clásica. Alberto Lista, de notable influencia en su tiempo, es considerado un romántico, pero del tipo conservador, es decir, más cercano al romanticismo ‘histórico’ (el que buscaba la estabilidad de los valores tradicionales) que al ‘liberal’ (el que estaba ligado a los movimientos revolucionarios de ese tiempo), lo que explica que el programa de estudios de su colegio tuviera una base neoclásica.
Regresó al Perú en 1828, para hacerse cargo de intereses familiares, ya que sus abuelos maternos habían fallecido hacía poco. Establecido en Lima, fue nombrado profesor de Matemáticas y Filosofía en el Seminario de Santo Toribio, y se dedicó a los estudios forenses para recibirse de abogado, en la Universidad de San Marcos.
Pero el hecho más importante de esta época fue su contacto con el ministro José María de Pando, quien en 1827 había fundado un nuevo Mercurio Peruano, importante diario de la época. Pardo era ya muy reconocido por sus simpatías autoritarias. La amistad que nació entre ambos hizo que Pardo se integrara al grupo de amigos que Pando reunía para discutir temas políticos y literarios: Hipólito Unanue, José Joaquín Olmedo, Manuel Ignacio de Vivanco, el español José Joaquín de Mora y otros. Publicó su primer trabajo literario en el Mercurio Peruano: una oda titulada Vuelta de un peruano a su patria. En adelante, aparecieron otros poemas suyos, así como críticas teatrales. A fines de 1828, pasó a ejercer la dirección de dicho periódico, junto con Antolín Rodolfo.
En 1830, por influjo de Pando, a la sazón ministro de Gobierno, fue nombrado editor del periódico oficial El Conciliador. Del mismo modo fundó, a su costa, La Miscelánea. Eran los días del primer gobierno del general Agustín Gamarra. En ese año estrenó la pieza teatral Frutos de la educación, que recibió una fuerte crítica, especialmente del cura José Joaquín de Larriva, con quien mantuvo un enfrentamiento literario.
En septiembre de 1830 fue nombrado Secretario de la Legación peruana en Bolivia. De paso por Arequipa, se examinó para optar el título de abogado. De vuelta a Lima, contrajo matrimonio con Petronila de Lavalle y Cabero, joven perteneciente a una importante familia de la elite limeña. Meses más tarde, estrenó Don Leocadio y el aniversario de Ayacucho.
Luego intervino activamente en la política. Hizo oposición al gobierno del general Luis José de Orbegoso. Su primera orden de deportación ocurrió en 1834, acusado de participar en una conspiración contra Orbegoso. Sin embargo, Pardo logró eludir la orden, escondiéndose en diferentes barcos anclados en el puerto del Callao. Finalmente, fue amnistiado. De vuelta a la actividad, publicó el periódico El Hijo del Montonero, en contraposición del periódico orbegosista El Montonero (1834).
Tras la ascensión al poder del teniente coronel Felipe Santiago Salaverry, saludó y colaboró con esta administración (véase los editoriales de El Voto Nacional) y, posteriormente, medió en la conciliación de Salaverry con Agustín Gamarra, en vista de la unidad que el país necesitaba ante la invasión boliviana dirigida por Andrés de Santa Cruz (1835). En esa ocasión realizó una breve y festejada obra de propaganda y ataque contra el invasor, en los periódicos El Coco de Santa Cruz, Para Muchachos y El Conquistador.
Salaverry lo nombró ministro plenipotenciario en España, por lo cual partió con toda su familia desde el Callao, haciendo escala en Chile. Pero en Santiago se enteró de la derrota y fusilamiento de Salaverry, por lo que decidió permanecer en esa ciudad, dedicado a una feroz crítica periodística contra Santa Cruz y la flamante Confederación Perú-Boliviana, a través de publicaciones como El Intérprete y La Jeta. Es más, promovió las dos Expediciones Restauradoras que partieron de Chile para liquidar dicha Confederación. Dichas expediciones la conformaban chilenos y peruanos aliados contra Santa Cruz. Sin embargo, Pardo intentó desvincularse de la segunda campaña, pues los generales peruanos Luis de Orbegoso y Domingo Nieto, al frente del Estado Nor Peruano, se habían alzado contra Santa Cruz. Visto este nuevo escenario, Pardo consideró que la presencia de un ejército extranjero en el Perú (el chileno) carecía ya de justificación. A partir de entonces se dio una de las etapas más caóticas de la historia de la república peruana, llegando a haber hasta siete presidentes al mismo tiempo. Desengañado, Pardo decidió regresar a Chile. De todos modos, la segunda expedición restauradora logró su objetivo de derrotar a Santa Cruz y acabar con la Confederación (1839).
Tras la caída de la Confederación, Pardo retornó al Perú. Pero una vez más pasó al destierro, dejando a su familia en Lima. En 1840 el Congreso General de Huancayo le permitió regresar, y poco después pasó a ser vocal de la Corte Suprema del Perú. Nuevamente desterrado, volvió en 1842, para curarse de una enfermedad en las piernas en los baños de Yura, cerca de Arequipa.
Por esta época escribió su periódico más recordado: El espejo de mi tierra (dos números, en 1840), considerado una valiosa antología de la literatura costumbrista peruana del siglo XIX. En esta publicación aparecieron cuentos, poemas humorísticos y artículos del propio Pardo: Un viaje y El paseo de Amancaes, que son en la actualidad los más mencionados. Especialmente el primero, cuyo personaje, el niño Goyito, representa al "niño bien" de Lima. Detrás del argumento se puede leer un ataque a la educación consentidora de los muchachos criollos y lo poco orientada que ella estaba a formar jóvenes virtuosos y emprendedores.
Las críticas a sus ideas no se hicieron esperar. Apareció al poco tiempo Lima contra El Espejo de mi tierra, que contaba con la colaboración de Manuel Ascencio Segura, el otro escritor fundamental de esa época. Sin firmarlas, Pardo y Segura intercambiaron letrillas satíricas, uno contra otro, para deleite de sus lectores. Desde una posición social, menos privilegiada, Segura y sus demás críticos le achacaban su conservadurismo que lo llevaba a posturas antidemocráticas, además de caer en ciertos prejuicios raciales. El espejo de mi tierra tuvo una vida breve, pero reapareció en un único número en 1859, aunque en esta ocasión se concentró en la crítica política. Dicha publicación, en sus dos periodos, concentra los mejores trabajos articulistas de Pardo.