Tal Día como Hoy

Federico Martín Bahamontes

Ciclista español

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Alejandro Martín Bahamontes​ (Santo Domingo-Caudilla, Toledo, 9 de julio de 1928-Valladolid, 8 de agosto de 2023),​ conocido como Federico Martín Bahamontes, apodado El Águila de Toledo y anteriormente El Lechuga, fue un ciclista profesional español, activo entre 1954 y 1965, periodo durante el cual logró 74 victorias. Vencedor del Tour de Francia 1959, fue el primer corredor español en adjudicarse esta prueba, en la que además consiguió en seis ocasiones el Gran Premio de la Montaña, categoría con la que también se alzó en el Giro de Italia​ (una vez) y en la Vuelta a España (dos veces).​Es reconocido oficialmente como el "Mejor Escalador de la Historia del Tour".​

Escalador superdotado, continuamente a la ofensiva, era capaz de producir fulgurantes aceleraciones en las rampas más duras superando a sus competidores, como lo demuestran sus cincuenta y dos pasos en primer lugar por cimas de montaña, el mejor registro total para un ciclista en el Tour de Francia. Reconocible por su silueta esbelta, no se desenvolvía con la misma superioridad en los descensos. Dotado de un vivo temperamento, era capaz de alternar de forma imprevisible jornadas brillantes con episodios de desmoralización. Mantuvo una encarnizada pugna con el ciclista Jesús Loroño, rivalidad que se extendió de las carreras a los periódicos y a los despachos federativos, y que dividió durante años a los aficionados españoles al ciclismo.​

Está considerado como uno de los mejores escaladores de todos los tiempos.​

Bahamontes nació en pleno verano de 1928, en una casilla de peones camineros de la pequeña localidad de Val de Santo Domingo (actualmente, ayuntamiento de Santo Domingo-Caudilla, población situada unos 30 km al noroeste de Toledo) en la que residían sus padres, Julián Martín Losana (por entonces peón caminero) y Victoria Bahamontes San Cristóbal.​​ Federico era el hijo mayor, y tuvo tres hermanas: Julia, Luisa y Carmen. Seis meses después de su nacimiento, la familia se trasladó a Toledo, donde su padre había encontrado trabajo como guardés de un cigarral. Sin embargo, con el estallido de la guerra civil española, la familia tuvo que refugiarse en Madrid coincidiendo con los acontecimientos del asedio del Alcázar de Toledo. Con el final de la guerra en 1939, pudieron regresar a Toledo, y Federico retornó a la escuela. Su padre lo colocó como aprendiz en un taller de carpintería, pero lo dejó al poco tiempo y comenzó a trabajar en el taller de bicicletas del antiguo ídolo del ciclismo local, Moisés Alonso, al tiempo que hacía de repartidor para varios comerciantes del centro de la ciudad.​ De lleno en el período de penuria económica que siguió a la guerra civil, Bahamontes contribuía a completar los ingresos de la familia dedicándose al estraperlo, yendo con su bicicleta a comprar mercancías en Gálvez y Torrijos, que su madre revendía en la ciudad de Toledo por fuera del mercado, cuyos abastos estaban sometidos a racionamiento.​ Estas frecuentes galopadas en bicicleta por la carretera de Torrijos, recorriendo 30 km de ida y otros tantos de vuelta cargado, más los continuos viajes como recadero con una carretilla por las empinadas cuestas de Toledo, contribuyeron a moldear de forma decisiva sus innatas condiciones como ciclista.

Bahamontes comenzó a competir de forma casi casual con 19 años, cuando se apuntó a una carrera local organizada por "Educación y Descanso" en Toledo, que ganó​ con una bicicleta de paseo, bicicleta que había comprado a un herrero por "30 duros".​​ Entre los corredores locales era apodado "El Lechuga", mote heredado de su abuelo​ y que le encajaba perfectamente por su trabajo en la frutería del mercado de abastos.​ En el programa La Resistencia de David Broncano reconoció que el origen del mote se relaciona con el refrán 'entre col y col está la lechuga', siendo que col se refiere a colline, la acepción de puerto de montaña en francés.​

En 1948, Federico fue seleccionado para el campeonato de "Educación y Descanso" en Madrid. Se cayó cerca de la meta al chocar con un espectador, y tuvo que conformarse con el quinto puesto. En 1949, obtuvo sus primeros grandes éxitos, adjudicándose el Trofeo Luis Guijarro y la Vuelta a Ávila, en la que se impuso en la general y fue el mejor escalador.​ Con el permiso de su padre, decidió dedicarse por completo a la bicicleta. En 1950 completó su servicio militar en el Regimiento de Automóviles de la Reserva General. Sus cualidades deportivas y buen comportamiento le valieron el aprecio de sus jefes y muchos permisos para entrenar. Fue durante este período cuando conoció a su futura esposa, Fermina Aguilar Sánchez. Al año siguiente, se multiplicaron sus éxitos: ganó el título de campeón aficionado de España en el circuito de Mieres (Asturias), y en la Vuelta a Ávila ganó de nuevo la general y el premio al mejor escalador como dos años antes.​

En la temporada 1952, se presentó a la carrera Madrid-Toledo, en la que corrían muchos ciclistas profesionales. Tras algunos problemas con su licencia como ciclista independiente, se le permitió tomar la salida, pero fuera de concurso. Cruzó la línea de meta en primer lugar, pero la victoria final se le adjudicó a Julián Berrendero. En la Vuelta a Castilla, se mostró a la altura de los mejores (solo le superó el italiano Giancarlo Astrua), y a continuación ganó la Vuelta a Albacete. En 1953, dominó la competición en la Vuelta a Málaga, imponiéndose en tres de las cinco etapas. También ganó el campeonato de Castilla independiente, y participó en la Volta a Cataluña, donde se clasificó octavo y fue el mejor escalador.​

Su carrera profesional comenzó en 1954, cuando se marchó a residir en Barcelona, encuadrado en el equipo Cercle Barcelonista​ de Santiago Mostajo.​ Con el maillot de la escuadra Splendid obtuvo su primera victoria internacional, venciendo en la subida al Mont Agel en Mónaco, en la que un todavía desconocido Bahamontes se impuso al favorito, Gilbert Bauvin. Tras una serie de pruebas locales en el sur de Francia en las que destacó como escalador, volvió a España. Julián Berrendero, seleccionador español, le había visto en la Vuelta a Asturias, y lo incluyó en el equipo español que iba a correr el Tour ese mismo año.​ Centrado en la lucha por el premio de la montaña, se impuso en prestigiosas cimas como el Aubisque, haciéndose con el título de mejor escalador con 95 puntos sobre los 53 de Louison Bobet, ganador de la general, en la que Bahamontes ocupó la posición 25. El Tour de 1954 se convirtió en el escenario en el que comenzó a forjarse su leyenda de corredor «excéntrico» en la prensa deportiva internacional, con el célebre incidente del helado en la cima de La Romèyre. Durante la subida, Bahamontes había sufrido una avería en los radios de la rueda trasera de su bicicleta, lo que le obligó a destensar el freno. Una vez coronado el puerto con dos minutos de ventaja, no le quedó más remedio que esperar hasta que llegase el coche de asistencia para que le cambiase la rueda averiada, circunstancia que aprovechó para tomarse un helado.​ Este hecho fue erróneamente interpretado durante mucho tiempo como un gesto deliberado de Federico para remarcar su superioridad en la montaña ante sus rivales.​​ Tras ser proclamado «rey de la montaña» de la ronda francesa, se le tributó un recibimiento triunfal en Toledo, donde abrió su tienda de bicicletas con las ganancias acumuladas aquella temporada.

En 1955 no fue especialmente brillante: repitió victoria en la subida al Monte Agel y en la Vuelta a Asturias. Su primera participación en la Vuelta a España, en la que venció el francés Jean Dotto, se saldó con un modesto puesto 21 en la general. Una misteriosa enfermedad que el propio Bahamontes denominó el «limaquillo» (luego se supo que se trataba de una antigua lesión de rodilla)​ le impidió correr ese año el Tour.

Es en la temporada 1956 cuando las hazañas de Bahamontes en la montaña comienzan a ser objeto de atención masiva, y cuando se hicieron evidentes los recelos entre Bahamontes y Jesús Loroño. Ambos tuvieron graves disensiones en la Vuelta, acentuadas por las órdenes del jefe del equipo español, Luis Puig, que no pudo conseguir que enterrasen sus rencillas.​ A pesar de una Vuelta a España que no colmó su ambición (acabó cuarto de la general, con Jesús Loroño en segunda posición y el italiano Angelo Conterno en lo más alto del podio), y un Giro que no pudo finalizar tras una dramática ascensión al Bondone en medio de una descomunal nevada,​ en el Tour tuvo una actuación destacada. Aquella edición la ganaría el francés Roger Walkowiak, con la montaña para el luxemburgués Charly Gaul. Bahamontes terminaría cuarto en la general.

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