Federico III de Alemania (en alemán: Friedrich Wilhelm Nikolaus Karl; Federico Guillermo Nicolás Carlos; Potsdam, 18 de octubre de 1831-15 de junio de 1888) fue el segundo emperador alemán y el octavo rey de Prusia, desde su ascenso al trono, el 9 de marzo de 1888, hasta su muerte, en junio del mismo año. Estuvo casado con Victoria, princesa real del Reino Unido, hija de la reina Victoria y el príncipe consorte, Alberto.
Perteneciente a la conservadora casa de Hohenzollern, Federico adquirió pronto ideas liberales por influencia de su madre, Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach. Tras completar sus estudios, que aunaron formación militar y artes liberales, el joven se casó en 1858 con la princesa real Victoria, quien le reafirmó en sus ideas progresistas. Poco a poco, el príncipe se alejó de su padre, el rey Guillermo I, y sobre todo del jefe de gobierno, el ministro-presidente Otto von Bismarck. Aunque era el heredero al trono, el príncipe estuvo alejado de los asuntos políticos y relegado a un papel meramente representativo.
A pesar de no comulgar con la política «bismarckiana» de «sangre y hierro», Federico deseaba también la unificación alemana y la creación de una gran nación en Europa. Aunque opuesto a la guerra, participó en los conflictos iniciados por su país en la década de 1860: la guerra de los Ducados (1864), la guerra austro-prusiana (1866) y la guerra franco-prusiana (1870). No obstante, y a pesar de sus éxitos militares, su padre lo mantenía alejado del poder. Además, la proclamación del Imperio alemán, en 1871, no supuso para él ninguna promoción política.
Tras 27 años como heredero al trono, Federico sucedió finalmente a su padre como rey de Prusia y emperador alemán el 9 de marzo de 1888. No obstante, padecía un cáncer de laringe avanzado y murió 99 días después, lo que le impidió llevar a cabo las reformas que había soñado. Hoy en día, el emperador Federico III es una personalidad controvertida para los historiadores: mientras que algunos consideran que podría haber impedido el inicio de la Primera Guerra Mundial convirtiendo Alemania en una democracia liberal, otros piensan que no hubiera podido reformar el país en profundidad y dudan incluso de que quisiera hacerlo.
El príncipe Federico Guillermo Nicolás Carlos de Hohenzollern nació el 18 de octubre de 1831 en el Nuevo Palacio de Potsdam, cerca de Sanssouci, la sede favorita de Federico el Grande. Su padre, el príncipe Guillermo, era el segundo hijo del rey Federico Guillermo III y, por tanto, hermano menor del rey Federico Guillermo IV de Prusia. Tras haber sido educado en la más estricta tradición militar de los Hohenzollern, ejerció la regencia del reino desde 1858. La madre de Federico, por el contrario, había recibido una educación más liberal y más artística que su esposo y era, de hecho, bastante conocida en Europa por sus ideas progresistas. Por estas diferencias en cuanto a su educación, la pareja apenas se entendía y Federico y su hermana Luisa tuvieron infancias solitarias y difíciles.
A pesar del valor que le daba la familia Hohenzollern a la formación militar, la princesa Augusta insistió en que su hijo también recibiese una educación más tradicional. Federico resultó ser un alumno brillante y estaba especialmente dotado para las lenguas extranjeras, sobre todo el inglés, el francés y el latín. También fue un excelente gimnasta y estudió asimismo historia, geografía, física, música y religión. Como buen príncipe prusiano, llegó a ser un buen jinete.
Iniciado muy pronto en los temas militares, con solo diez años fue nombrado subteniente en el 1.er regimiento de Infantería de la guardia prusiana y condecorado con la Orden del Águila Negra. Cuando cumplió dieciocho años, su familia pensó que se implicaría más en los asuntos militares, pero rompió con la tradición y se matriculó en la Universidad de Bonn. Sus años como estudiante universitario, unido a la influencia de las personalidades menos conservadoras de su familia, son claves para entender sus convicciones liberales.
Impacto del liberalismo en Alemania
Federico creció en una época conflictiva durante la cual el liberalismo conoció un fuerte empuje en el mundo germánico. Se empezaba a gestar una voluntad de unificar Alemania y de instaurar una monarquía constitucional que garantizara la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, la protección de la propiedad privada y el reconocimiento de los derechos civiles y políticos. Los liberales querían imponer a la Confederación Germánica un gobierno sometido a la voluntad y la representación populares.
En 1848, cuando el joven Federico tenía 16 años, el desarrollo del sentimiento nacional y de las ideas liberales condujeron al estallido de una serie de revoluciones que eliminaron algunas monarquías germanas y europeas. En los estados alemanes, el objetivo de los liberales era el reconocimiento de las libertades fundamentales, como el derecho de reunión y la libertad de prensa, así como la creación de un parlamento y una constitución alemana. No obstante, algunos meses después, la revolución alemana fue barrida del mapa por las fuerzas conservadoras. Sin embargo, y aunque la revolución fracasó porque no pudieron mantener sus reformas, los liberales estuvieron muy presentes en la vida política alemana a lo largo de la vida de Federico.
En el siglo xix, los matrimonios reales europeos eran concertados por la corte para crear y reforzar las relaciones entre los estados del continente. Desde 1851, la reina Victoria I del Reino Unido y su esposo, el príncipe Alberto, empezaron a hacer planes para casar a su hija mayor, la princesa Victoria, que acababa de cumplir 11 años, con Federico, el heredero al trono prusiano. En aquella época, la familia real británica era casi enteramente de origen germano: había muy poca sangre inglesa corriendo por las venas de la reina Victoria y ninguna por las venas de su esposo.
Los soberanos decidieron mantener vínculos familiares con Alemania. El príncipe consorte pensó, además, que la llegada de una princesa británica en la familia Hohenzollern podría permitir la apertura y la modernización del reino de Prusia. El rey de Bélgica, Leopoldo I, tío abuelo de Victoria, intervino para facilitar el matrimonio entre esta y Federico. Durante muchos años, apoyó la idea del barón Christian Friedrich Freiherr von Stockmar de crear una alianza entre el Reino Unido y Prusia. En Berlín, la princesa Augusta también estaba a favor de un matrimonio inglés para su hijo. Sin embargo, su marido no compartía su opinión y prefería casar a Federico con una princesa de la dinastía Románov.
El compromiso entre Federico y Victoria se anunció en abril de 1856 y su matrimonio se celebró el 25 de enero de 1858 en la capilla real del palacio de St. James en Londres. Aunque fue concertada, la unión entre los dos jóvenes pronto se convirtió en un matrimonio feliz gracias a que Federico había recibido una educación liberal y Victoria compartía las ideas políticas de su marido.
La pareja tuvo ocho hijos, de los cuales dos murieron antes de llegar a la adolescencia:
Guillermo II, rey de Prusia, emperador alemán. Se casó en primeras nupcias con Augusta Victoria de Schleswig-Holstein y, tras la muerte de esta, con Herminia de Reuss-Greiz.
Carlota de Prusia, casada con Bernardo III de Sajonia-Meiningen.
Enrique de Prusia, casado con Irene de Hesse-Darmstadt.
Segismundo de Prusia, muerto a los 2 años.