Federico Marcos del Rosario Errázuriz Zañartu (Santiago, 25 de abril de 1825-Santiago, 20 de julio de 1877) fue un abogado y político chileno, presidente de la República entre 1871 y 1876. Fue el primer presidente nacido posteriormente a la independencia del país.
Hijo de Francisco Javier Errázuriz Aldunate y de Josefa Zañartu Manso de Velasco, miembro de la familia Errázuriz, una de las prominentes familias de origen español de la aristocracia chilena. Federico Errázuriz estudió en el Seminario Conciliar (donde recibió las órdenes menores) y la Universidad de Chile. En 1846 obtuvo el título de abogado. En 1848 obtuvo la licenciatura de Teología en la misma universidad.
Se casó con Eulogia Echaurren, y tuvieron 14 hijos, entre ellos el también presidente de Chile Federico Errázuriz Echaurren, la primera dama María Errázuriz Echaurren y Ladislao Errázuriz Echaurren.
Miembro fundador del Club de la Reforma, combatió arduamente al gobierno de Manuel Montt. Posterior a la Revolución de 1851, fue desterrado al Perú.
Intendente de la provincia de Santiago desde el 16 de mayo al 28 de septiembre de 1864, en reemplazo de Francisco Bascuñán Guerrero.
Ministro de Guerra y Marina, y de Justicia, Culto e Instrucción Pública del presidente José Joaquín Pérez, durante su estancia en el ministerio armó la maquinaria electoral que le aseguraría la Presidencia de la República en 1871.
Fue designado candidato presidencial por la convención de la Fusión Liberal-Conservadora, compitiendo con José Tomás de Urmeneta, candidato de los nacionales y liberales disidentes. Triunfó con 226 votos contra 58 de su rival.
Errázuriz era un hombre de temple autoritario, con ideas políticas de carácter conservador-laico, a pesar de su pertenencia al partido liberal, forjadas en la cultura agraria de su hacienda de Colchagua.
Su primer ministerio estuvo formado por:
Interior: Eulogio Altamirano Aracena
Relaciones Exteriores: Adolfo Ibáñez Gutiérrez
Justicia, Culto e Instrucción Pública: Abdón Cifuentes
De los cinco, el único conservador era Cifuentes, quien al ingresar al gobierno advirtió inmediatamente al presidente de la peligrosa situación internacional por la que pasaba Chile después de la guerra con España. La vulnerable situación en defensa, prácticamente sin marina y con una probable guerra con Argentina, Bolivia o Perú, o peor aún una guerra contra los tres juntos (el «cuadrillazo»). Esto hizo que el presidente creara el ministerio de relaciones exteriores, al cual entró como ministro Adolfo Ibáñez, quien dedicó toda su energía a solucionar el conflicto de la Patagonia (a la sazón en litigio con Argentina) y a la compra de dos blindados para la escuadra, que vendrían a ser el «Almirante Cochrane» y el «Blanco Encalada».
En política interna, apareció la lucha teológica, causada por el conflicto por los cementerios y el registro civil.
El 5 de octubre de 1871 falleció el coronel retirado Manuel Zañartu, tío materno del Presidente y que vivía en público concubinato y por esto se le negó la confesión de sus pecados al morir. Al intentar sepultarlo el cura párroco se negó a recibir en el cementerio al fallecido, pues la iglesia le prohibía dar sepultura a los impenitentes al lado de los fieles. Se armó un escándalo nacional, por la deshonra de un muerto que luchó en la guerra de independencia. Finalmente el ministro de culto, hombre católico pero realista, promulgó la ley de los cementerios, en la que se reservaba un espacio en los cementerio públicos para los que no pudieran ser enterrados según el rito católico.
Otro elemento de la lucha doctrinal fue la cuestión de los matrimonios. Don Agustín Palazuelos, en esos momentos enemistado con el clero por no prestar juramento como diputado, quiso contraer matrimonio, mas, para vengar la afrenta la curia le denegó el permiso por considerarlo un sacrílego. Pidió permiso entonces para casarse como disidente, pero también le fue negado. Entonces Palazuelos decidió hacer su matrimonio como un simple acto civil, con testigos y sin sacerdotes. Nuevamente estalló la lucha religiosa, por la necesidad de un registro civil para los matrimonios. La iglesia pudo aplacar un poco lo anterior al bendecir públicamente el matrimonio de Palazuelos.
Ambos incidentes hicieron peligrar la Fusión Liberal-Conservadora, que llevó a la presidencia a Errázuriz, por las gravitantes diferencias ideológicas entre los ultramontanos y los liberales.
La Fusión a estas alturas estaba descompuesta, sólo necesitaba una chispa para estallar y esta chispa vino del conflicto de la enseñanza. Abdón Cifuentes, como ministro de instrucción pública, estaba embarcado en la misión de hacer aprobar la ley de libertad de exámenes. Esta ley beneficiaría a las escuelas privadas (mayoritariamente católicas), las cuales podrían hacer el examen de ingreso a las universidades en su propio colegio y no ante los profesores del Instituto Nacional, como era hasta entonces. Cifuentes fundamentaba su proyecto en los abusos que los profesores del Instituto cometían, especialmente haciendo clases particulares a alumnos de pésimo rendimiento en sus colegios, centradas en prepararlos para rendir el examen que ellos mismos confeccionaban, mientras los alumnos con mayores capacidades, eran reprobados por no ajustarse a los textos de estudio usados en el Instituto.