María Eva Duarte de Perón (Los Toldos, Buenos Aires, 7 de mayo de 1919-Buenos Aires, 26 de julio de 1952), apodada Evita, fue una actriz y destacada política argentina. Fue la esposa del presidente Juan Domingo Perón y, por lo tanto, ostentó el título de primera dama desde 1946 hasta su muerte en 1952. Significó una figura distinguida del movimiento político conocido como peronismo en las décadas de 1940 y 1950, y una importante activista de derechos humanos. Luchó activamente contra la oligarquía representada por los grandes terratenientes, contra la pobreza y contra la desigualdad económica, y a favor de los derechos de los trabajadores, los ancianos, los niños, las mujeres y los vulnerables. Su imagen ha causado una gran controversia en Argentina: los golpes militares que siguieron al primer y segundo mandatos del peronismo prohibieron toda mención de ella durante veinte años, y todavía hoy despierta pasiones encontradas. Personificó el ideal de servicio público, se dedicó a tareas más allá de las estipuladas por el ceremonial y llegó a ser conocida como «la abanderada de los humildes».
Nació en un pequeño pueblo del campo argentino, Los Toldos, fruto de una relación extramatrimonial entre una pareja de origen vasco, Juana Ibarguren y Juan Duarte; de hecho, su padre tenía otra familia legítima. Vivió una infancia pobre y difícil, principalmente debido a la discriminación que sufrían los hijos de madres solteras a principios del siglo XX. En 1935, a los 15 años, se mudó a Buenos Aires con la intención de convertirse en actriz. Después de varios años de penurias, se dio a conocer en el mundo de la actuación, y para 1943 se había convertido en la actriz de radio mejor paga de Argentina. También se sumergió en la política en esa época, cuando comenzó a participar en el sindicalismo: el 3 de agosto de 1943, fue una de las fundadoras del primer sindicato de trabajadores de radio. Conoció a Juan Domingo Perón en un evento benéfico celebrado el 22 de enero de 1944 y se casaron al año siguiente.
Tras las elecciones generales de 1946, Juan Perón fue elegido presidente de Argentina y, durante los seis años siguientes, el poder de Eva Perón creció drásticamente. Entre otras cosas, dirigió algunas áreas del Ministerio de Trabajo y Salud, y creó la Fundación Eva Perón para dispensar asistencia social durante la era peronista. También promovió el sufragio femenino en Argentina, que derivó en su sanción como ley, y fundó un partido integrado por mujeres para participar en política: el Partido Peronista Femenino. Su espíritu aparentemente indomable y su efecto sobre la moral de los argentinos llevaron a que la Embajada de los Estados Unidos concluyera en uno de sus documentos que era «la persona con más peso en la Oficina de Prensa del gobierno». Tuvo injerencia en la reforma constitucional de 1949, que estableció por primera vez la igualdad jurídica de hombres y mujeres, la patria potestad y los derechos de la ancianidad, y actuó como representante de su nación ante el mundo con ocasión de la Gira del Arcoíris. A medida que trabajaba junto a los pobres, los indefensos y los trabajadores, obtuvo el pleno apoyo del sindicalismo y, en 1951, la CGT la propuso como candidata a vicepresidenta, lo que provocó la desaprobación de los militares, el segundo pilar del peronismo. Sin embargo, su delicada salud y la presión militar la obligaron a dimitir como candidata a vicepresidenta.
Falleció a los 33 años debido a un cáncer de cuello uterino. Antes de su muerte, en 1952 había recibido el título oficial de «Jefa Espiritual de la Nación» —es la única argentina hasta la fecha con esta distinción— y, en 2010, el de «Mujer del Bicentenario» de Argentina.
Según el acta 728 del Registro Civil de Junín, el 7 de mayo de 1922 nació en esa ciudad bonaerense una niña llamada María Eva Duarte. Sin embargo, todos los expertos que estudiaron la biografía de Eva Perón coincidieron en que dicha acta es falsa. Según los investigadores, el documento fue falsificado a petición de Eva en 1945, cuando se encontraba en Junín para casarse con Juan Domingo Perón. En concreto, los investigadores Borroni y Vacca fueron los primeros en demostrar que el acta de nacimiento era falsa al utilizar como contraste el certificado de bautismo. Hoy en día, todos los historiadores coinciden en que Eva nació tres años antes, el 7 de mayo de 1919, y que recibió el nombre de bautismo de Eva María Duarte. Cabe destacar, por otro lado, que la autobiografía de Eva Perón, La razón de mi vida, no incluye ninguna fecha ni referencia a su nacimiento, ni ningún relato de su infancia.
No hay consenso sobre su lugar de nacimiento. Por un lado, hay quienes afirman que nació en un rancho cercano al pueblo de Los Toldos en el Partido de General Viamonte, a unos doscientos kilómetros de Buenos Aires, aunque parece que la familia llegó ahí unos años después del nacimiento de Eva. Por otro lado, algunos expertos, entre ellos los historiadores Dimarco y Vargas, sostuvieron —a través de testigos— que nació en la ciudad de Junín, bajo la creencia de que la madre de Eva tuvo que viajar ahí para dar a luz debido a que se trataba de un embarazo problemático. La propia Eva Duarte siempre mencionó a Junín como su pueblo natal. Hay quienes afirman que nació en la zona de La Unión, entre ellos los investigadores Borroni y Vacca, ya que este campo, ubicado a veinte kilómetros del pueblo de Los Toldos, era propiedad del padre biológico de Eva, Juan Duarte, y se cree que toda la familia vivió ahí entre 1908 y 1926.
Los padres de Eva fueron Juan Duarte (1858-1926) y Juana Ibarguren (1894-1971), ambos de origen vasco. Su madre era hija de Joaquín Ibarguren, un carretero, y Petrona Núñez, una vendedora criolla, quienes tenían estrechos vínculos con la comunidad mapuche de Los Toldos: la partera indígena Juana Rawson de Guayquil asistió a todos los partos de su madre. Su padre, conocido por el apodo de «el Vasco», fue un terrateniente y prominente político conservador en Chivilcoy. Juan Duarte tenía contactos políticos que le permitían disfrutar del nivel social de un estanciero, aunque era meramente el arrendatario de un campo. Fue uno de los beneficiarios de los negociados del gobierno argentino a principios del siglo XX, cuando adquirió grandes extensiones de tierra de las comunidades mapuches de Los Toldos. La relación de Ibarguren con Duarte le daba una posición de reconocimiento, aunque no de respeto, en la periferia de la sociedad local. El padre de Eva mantuvo dos familias al mismo tiempo: una legítima, en Chivilcoy, compuesta por su esposa Adela y seis hijos (Adelina, Catalina, Pedro, Magdalena, Eloísa y Susana), y otra ilegítima, con Juana Ibarguren, compuesta por Eva y sus cuatro hermanos —Blanca (1908-2005), Elisa (1910-1967), Juan Ramón (1914-1953) y Erminda Luján (1916-2012)—. Se trataba de una costumbre generalizada en el campo para los hombres de clase alta antes de los años 1940, aunque todavía es frecuente en algunas zonas rurales del país.
De hecho, parece que la principal razón de Eva para cambiar su certificado de nacimiento fue la discriminación que sufrían los hijos extramatrimoniales en aquella época. La legislación argentina de la época marcaba a los hijos ilegítimos en sus certificados de nacimiento con la designación «hijo ilegítimo», además de que no gozaban de los mismos derechos que un hijo matrimonial. Por lo tanto, entre otras razones, se cree que Eva habría cambiado su certificado de nacimiento para evitar dicha etiqueta.
Infancia y dificultades de la niñez (1919-1930)
La infancia de Evita fue de pobreza y ostracismo social. Cada vez que la mujer y los vástagos legítimos de Duarte visitaban la estancia, Ibarguren y sus hijos debían ocultarse. Esa situación quedó provisionalmente resuelta en 1922 con la decisión de Duarte de alejarse de la finca y mudarse con su familia legal a Chivilcoy. Sin embargo, el 8 de enero de 1926 el padre de Eva falleció en un accidente automovilístico, un suceso que, además de la tragedia para la familia, amenazaba su subsistencia. Ibarguren llevó a sus hijos en sulky hasta el lugar del velatorio, pero la esposa de Duarte impidió su entrada hasta que el intendente —cuñado de Duarte— se compadeció de ellos y permitió que pasaran unos instantes, como así también que siguieran el cortejo fúnebre hasta la entrada del cementerio. El episodio dejó una marca indeleble en la pequeña Eva.