Tal Día como Hoy

Eustoquio Díaz Vélez

Militar hispano argentino

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Eustoquio Antonio Díaz Vélez (Buenos Aires, 2 de noviembre de 1782 - Buenos Aires, 1 de abril de 1856)​ fue un militar argentino que luchó en las invasiones inglesas, participó en la Revolución de Mayo y combatió en la guerra de independencia y en las guerras civiles argentinas.

Eustoquio Díaz Vélez nació en Buenos Aires, la capital del Virreinato del Río de la Plata, el 2 de noviembre de 1782.

Sus padres fueron Francisco José Díaz Vélez, acaudalado comerciante nacido en Huelva, Andalucía, España ―quien fuera capitular del cabildo de Buenos Aires― y María Petrona Aráoz Sánchez de Lamadrid, oriunda del Tucumán, de una importante familia colonial. Fueron sus abuelos paternos, José Manuel Díaz, nacido en Huelva, y Francisca Vélez; y sus abuelos maternos, Miguel Aráoz Echaves, comandante de milicias y Catalina Sánchez de Lamadrid Villafañe.

Eustoquio fue el séptimo hijo de un total de doce. Entre sus hermanos merecen nombrarse al segundo hijo del matrimonio, el doctor José Miguel Díaz Vélez, político que participó en la Independencia y en las guerras civiles argentinas; al sexto hermano, Francisco José Díaz Vélez, sacerdote franciscano, luego secularizado; y al octavo vástago de dicha unión, Manuel Díaz Vélez, joven teniente del Regimiento de Granaderos a Caballo que falleciera a consecuencia de las heridas que sufriera en el bautismo de fuego contra los realistas en el combate de San Lorenzo. Sus otros hermanos fueron: José María, María Amalia, María Francisca, Claudio Antonio, Josefa Águeda, Paula Josefa, José Benito y Mercedes.

Eustoquio Díaz Vélez se incorporó joven al ejército, en el regimiento de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires. Combinó estas actividades con el comercio, reuniendo alguna fortuna.

Durante las invasiones inglesas al virreinato del Río de la Plata, iniciada la primera de ellas fue voluntario del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, a partir de junio de 1806, alistándose en Montevideo de donde pasó a Colonia del Sacramento para desembarcar posteriormente con Santiago de Liniers en el Puerto de las Conchas y marchar sobre Buenos Aires, sucesos que culminaron en la Reconquista de la capital virreinal y la derrota de las tropas británicas.

Finalizada la primera invasión y a consecuencia de la creación de milicias por las autoridades virreinales se incorporó a la Legión de Patricios el 8 de octubre de 1806, como ayudante segundo graduado de teniente.

Al año siguiente, durante la segunda Invasión Inglesa, bajo las órdenes de Cornelio Saavedra, Díaz Vélez peleó contra los ingleses en la Casa de la Virreyna Viuda,​ entre los días 2 y 7 de julio de 1807. Durante esos hechos, vencidas las fuerzas invasoras, participó en la capitulación del teniente coronel inglés Henry Cadogan, a cargo del Regimiento N.º 95 de Rifles,​ junto a catorce capitanes y más de 150 soldados como corolario de las bajas sufridas por los invasores.​

Durante la asonada de Álzaga del 1 de enero de 1809, luchó del lado de los leales a Liniers y fue herido cuando iba a plegarse a las fuerzas de su regimiento que se hallaban en el Fuerte de Buenos Aires, cuando al pasar a caballo frente al Cabildo fue atacado por las fuerzas insurgentes que lo desmontaron a golpes. Esa acción en defensa del virrey Liniers le valió el ascenso a capitán, el 7 de febrero y a teniente coronel graduado, el 23 de marzo.

Por sus actos de servicio recibió cuatro medallas que condecoraron su uniforme militar.​

Eustoquio Díaz Vélez tenía buenas relaciones con los conspiradores que pretendían lograr la independencia de su país frente a la gravedad de la situación política e institucional que atravesaba el Reino de España.

En junio de 1809 llegó a Montevideo Baltasar Hidalgo de Cisneros, el nuevo virrey que la Junta Suprema Central de España había nombrado para el Virreinato del Río de la Plata en reemplazo de Liniers. Cisneros trajo precisas instrucciones de la metrópoli consistentes en apresar a los partidarios del antiguo virrey y a los criollos que trabajaban por conseguir la independencia.

Frente a ello, Juan Martín de Pueyrredón reunió secretamente a los principales jefes de milicias de Buenos Aires con el propósito de no reconocer al nuevo virrey. Entre los confabulados, además de Díaz Vélez, se encontraban Saavedra, Manuel Belgrano, Juan José Viamonte, Miguel de Azcuénaga, Juan José Castelli y Juan José Paso. La oposición de Liniers, quien mantuvo su lealtad hacia Cisneros, hizo fracasar la intentona.

Díaz Vélez apoyó activamente el curso de los acontecimientos que culminaron en la Revolución de Mayo, participando en las reuniones que resolvieron la destitución del virrey Cisneros, asistiendo a la del 18 de mayo de 1810 convocada por Nicolás Rodríguez Peña.

El 20 de mayo de 1810, frente a la exigencia de Cisneros de hablar con los comandantes de las fuerzas en el Fuerte de Buenos Aires antes de resolver la convocatoria a un cabildo abierto, Díaz Vélez se reunió con los jefes militares en el cuartel de Patricios, donde se convino que, junto con Juan Florencio Terrada, Juan Ramón Balcarce y Juan Bautista Bustos comandaran a las guardias de los granaderos de la Fortaleza y que se apoderasen de todas las llaves de las entradas, mientras los demás subían a exigir al virrey la convocatoria a un cabildo abierto. El virrey, falto del apoyo militar, cedió a la demanda.

En ocasión del cabildo abierto del 22 de mayo el coronel Saavedra lo designó como jefe de las guardias de Patricios que posibilitaron la reunión de esa asamblea que expresó la voluntad del pueblo.

Este comportamiento, que Vicente Fidel López atribuyó a Díaz Vélez, y que lo repitió en su novela La gran semana de 1810, careció de sustento documental. Y si bien Guillermo Furlong creyó encontrar una prueba de las invitaciones marcadas en la alteración de las viñetas en dos de las cuatro invitaciones existentes en los archivos,​ historiadores posteriores refutaron su tesis demostrando que eran simples errores de impresión.​ De hecho esas invitaciones, con o sin esos errores tipográficos, se completaron en forma manuscrita, con el día, hora y nombre del invitado, por el mismo empleado del cabildo.

Atribuir al capitán Díaz Vélez y sus soldados la función de impedir a determinadas personas el acceso a la plaza y/o al cabildo hubiera sido difícil de ocultar y no existieron denuncias al respecto. Además, este fraude electoral hubiera requerido de la participación, entre otros, de Saavedra, jefe de Díaz Vélez, de Agustín José Donado, encargado de la Real Imprenta de los Niños Expósitos y del propio Manuel Belgrano, constituido en la sala de audiencias y encargado, “bajo [su] severa vigilancia”, del reparto de las invitaciones.​

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