Tal Día como Hoy

Etna

Volcán proveniente de Sicilia, Italia

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El Etna es un volcán activo en la costa este de Sicilia,​ en el territorio de la ciudad metropolitana de Catania, Italia. Tiene alrededor de 3357 metros de altura, aunque esta varía debido a las constantes erupciones. Es el volcán activo con mayor altura de la placa Euroasiática, el primero en referencia a la Europa geográfica y la montaña más alta de Italia al sur de los Alpes. El Etna cubre un área de 1190 km², con una circunferencia basal de 140 kilómetros.​

Hasta inicios del siglo XX, por lo menos, era frecuente que la población siciliana llamara Gibellu a este célebre volcán; tal denominación local deriva de la presencia árabe en el lugar durante la Edad Media. En efecto, Gibellu o Gibello deriva de la palabra árabe جبل ŷébel («monte», «montaña»). Aún hoy, se llama en Sicilia Gibello o Mongibelo a la montaña, quedando la denominación «Etna» para el cono volcánico.​

En la mitología griega, el Etna era el volcán en cuyo interior se situaban las fraguas de Hefesto, que trabajaba en compañía de cíclopes y gigantes. El monstruoso Tifón yacía debajo de esta montaña, lo que causaba frecuentes terremotos y erupciones de humo y lava. También es uno de los volcanes más activos del mundo.

Su nombre derivaba de la ninfa Etna, hija del gigante Briareo y de Cimopolia, o de Urano y Gea, que se convirtió en la deidad de este famoso volcán. Por ello, fue la juez que resolvió la disputa sobre la posesión de Sicilia entre Deméter y Hefesto.

Uniéndose con este último fue madre de los pálicos, los dos dioses de sendos géiseres famosos en la isla.

Haciendo abstracción de la mitología, el nombre deriva de la palabra cananea (o del fenicio) attanu («arder») y luego de la griega aithos (con el mismo significado de «arder»). Durante la ocupación árabe de Sicilia en la Edad Media, el Etna fue llamado Ŷébel Uhamat («montaña de fuego»), pasando a ser llamado durante siglos por gran parte de los italianos con la palabra mixta (románica-arábiga) Mongibello.

Según una parte de la tradición cristiana, el Etna era uno de los lugares del sur de Italia donde se localizaba la puerta del infierno. El papa Gregorio Magno, ya a finales del siglo VI, ubicaba en Sicilia aquellos lugares donde se permitía inferir que se practicaban los «tormentos infernales». El Itinerario de Jerusalén, en el siglo VIII, describe la «cumbre de la montaña donde se abría, por encima, el infierno», en Catania. A mediados del siglo XII, el predicador Julián de Vézelay afirma en uno de sus sermones que los que arden en el infierno son denominados «étnicos», por el monte Etna. Por último, el clérigo inglés Gervasio de Tilbury testimonió que, durante un viaje por Sicilia en 1190, le aseguraron haber visto al rey Arturo por las laderas del Etna, posiblemente debido a su estancia en el infierno o en el purgatorio.​

Está casi siempre en constante erupción. Aunque en ocasiones puede ser muy destructivo, no está contemplado como un volcán particularmente peligroso, y miles de personas viven en sus alrededores e incluso en sus faldas. La fertilidad de la tierra volcánica hace que la agricultura extensiva, con viñas y huertos, se extienda a lo largo de las laderas de la montaña. Debido a la reciente actividad volcánica y a su población, el Etna ha sido designado como uno de los 16 Volcanes de la Década por las Naciones Unidas.​

En junio de 2013 el Etna fue declarado Patrimonio de la Humanidad por resolución del Comité de la Unesco.​

La actividad volcánica del Etna comenzó hace aproximadamente medio millón de años cuando la humanidad apenas estaba dando sus primeros pasos, con erupciones bajo la superficie marina, costa afuera de Sicilia.​ El vulcanismo empezó hace 300.000 años hacia el suroeste de la cumbre actual, antes de que la actividad se moviera hacia el centro actual hace unos 170.000 años. Las erupciones de ese momento comenzaron a construir el edificio volcánico principal, formando un estratovolcán en erupciones efusivas y eruptivas alternadas.

Desde hace 35.000 a 15.000 años el Etna experimentó algunas erupciones altamente explosivas, generando algunos flujos piroclásticos importantes que dejaron extensos depósitos de ignimbrita. La ceniza de estas erupciones se ha encontrado en lugares tan alejados como Roma, a 800 km al norte.

Hace miles de años el flanco este de la montaña experimentó un colapso catastrófico, generando un enorme deslizamiento de tierra, en un evento similar al que se vio en la erupción del monte Santa Helena de 1980. El deslizamiento dejó una gran depresión en el costado del volcán, conocida como el Valle del Bove (Valle del buey). Una investigación publicada en 2006 sugiere que esto ocurrió alrededor del año 6000 a. C. y causó un enorme maremoto que afectó a varios lugares del Mediterráneo oriental. Ésta puede haber sido la razón por la que el asentamiento de Atlit Yam (Israel), hoy en día bajo el nivel del mar, fuera abandonado repentinamente en esa época. Incluso se ha especulado con que el maremoto provocado por este gigantesco cataclismo pudiera ser el hecho que dio origen al mito del Diluvio universal.

Las empinadas paredes del valle han sufrido numerosos colapsos posteriores. Los estratos expuestos en el valle proveen un importante y fácilmente accesible registro de la historia eruptiva del Etna.

Se cree que el más reciente colapso de la cumbre ocurrió hace unos 2000 años para formar lo que se conoce como la Caldera Piano. Esta caldera ha sido casi totalmente rellenada por erupciones de lava posteriores, pero aún es visible como un claro quiebro en la ladera de la montaña, cerca de la base del cono de la cumbre actual.

Las erupciones del Etna no son todas iguales. Algunas ocurren en la cumbre, donde hoy día hay cuatro cráteres distintos: el Cráter Noreste, la Vorágine, la Bocca Nuova y el Cráter Sureste. Otras suceden en los flancos, donde existen más de 200 ventilaciones, variando su tamaño desde pequeños hoyos en el suelo a grandes cráteres de cientos de metros de diámetro. Las erupciones en la cumbre pueden ser muy explosivas y extremadamente espectaculares, aunque rara vez amenazan las zonas habitadas alrededor del volcán. Por el contrario, las erupciones en los flancos pueden ocurrir incluso a unos pocos cientos de metros de altitud, bien en las cercanías o en las mismas áreas pobladas. Numerosos pueblos y pequeñas ciudades se encuentran cerca o sobre los conos de antiguas erupciones laterales. Desde el año 1600 d. C. ha habido al menos 60 erupciones laterales e incontables erupciones en la cumbre. Casi la mitad de éstas ha ocurrido desde el comienzo del siglo XX y el 3.er milenio ha visto varias erupciones laterales, hasta ahora: en 2001, 2002-2003, 2004-2005, 2008, 2019, 2020 y 2025.

La primera erupción conocida del Etna es la registrada por Diodoro Sículo. El poeta romano Virgilio dio lo que probablemente sea una descripción de primera mano en la Eneida:

Se cree que una erupción del Etna en 396 a. C. frustró a los cartagineses en su intento de avanzar hacia Siracusa, Italia, durante la Segunda Guerra Siciliana.

Una erupción particularmente violenta y explosiva del tipo pliniano ocurrió en su cumbre en 122 a. C. y causó una pesada lluvia de tefra en el sureste, incluso sobre la ciudad de Catania, donde muchos tejados se hundieron. Como ayuda a la reconstrucción y para hacer frente a los efectos devastadores de la erupción, el gobierno romano eximió a la población de Catania del pago de impuestos durante diez años.

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