Estela Ruiz Milán (Mérida, 7 de octubre de 1933-30 de mayo de 2026) fue una psicoanalista mexicana. Fue maestra en literatura española y doctora en psicología por
la UNAM. Con un grupo de colegas, fundó en 1972 la Sociedad de Psicoanálisis y Psicoterapia de la Ciudad de México. Ejerció la terapia privada y dio conferencias y entrevistas.
Nació y vivió hasta los 10 años en una casa ubicada en la calle de Colón 501, en Mérida. Estudió piano con el músico José Rubio Milán, quien era su tío y había estudiado en Alemania y Portugal, donde tuvo como maestro a un discípulo de Franz Liszt. Ruiz Milán recuerda: “Tomé clases de piano desde los 6 años. Mi vida consistía en ir a clases de piano y leer, pasaba mucho tiempo leyendo cuentos, me gustaba la literatura desde entonces, bueno, eso me llevó a la literatura.” Además, iba con tanta frecuencia al cine con su mamá que lo consideraba parte fundamental de su educación.
Su padre, Juan Ruiz Orejas, nació en España. Hijo de padre español y madre mexicana, emigró muy joven a México con el deseo de entender “por qué los yucatecos comen tanta azúcar”, y al negocio del azúcar se dedicó. Después puso una nevería en Progreso. Su madre, María Estela Milán Nicoli, y su hermano, Alfonso, eran yucatecos.
La familia era muy católica y su formación religiosa muy sólida. Su hermano era 9 años mayor que ella, por lo que siempre se sintió sola. En 1943, cuando cumplió 10 años, se trasladó con su familia a la Ciudad de México a vivir al Edificio Basurto. A partir de entonces fue a la escuela, al Colegio Motolinía, donde por vez primera tuvo amigas y compañeras.[cita requerida]
Estudiante de lengua y literatura españolas en la Universidad de Guanajuato, en 1955 regresó a la Ciudad de México. Continuó sus estudios en la UNAM. Así le tocó el cambio del plantel de Mascarones a la Ciudad Universitaria. En 1958 obtuvo una beca para estudiar filología en El Colegio de México. En 1963 obtuvo el grado de Maestría en Literatura Española con la tesis El impresionismo en Azorín.
Posteriormente, estudió psicología, también en la UNAM. En 1970 su tesis de licenciatura fue Monografía sobre la depresión. Continuó estudiando hasta culminar su doctorado en psicología clínica en 1979, cuando presentó la tesis August Strindberg: análisis del autor a través de sus personajes: un enfoque psicoanalítico.
EN 1954 contrajo matrimonio con el filósofo Luis Villoro. Aunque sus intereses intelectuales le permitieron tener una cercana y profunda amistad hasta el fallecimiento de él, sólo permanecieron casados una década, etapa en la que tuvieron a sus dos hijos.[cita requerida]
En 1963 fue directora del Centro de Teatro Infantil del Instituto Nacional de Bellas Artes, fundado por Héctor Azar, donde además de enseñar a hacer teatro, se daban cursos de literatura infantil y de manejo de títeres que los propios niños manufacturaban. De esa época data su gran admiración por dos grandes personajes suecos: el escritor y dramaturgo August Strindberg y el guionista y director de teatro y cine Ingmar Bergman.[cita requerida]
Trabajó en el Departamento de Psicología Médica en la Facultad de Medicina de la UNAM. Cuando concluyó su doctorado en psicología prestó sus servicios en el Hospital Psiquiátrico Infantil. Con un grupo de colegas fundó la Sociedad de Psicoanálisis y Psicoterapia, que originalmente se llamó Instituto de Psicoanálisis y Psicoterapia en la Ciudad de México. Desde entonces colaboró en diversas revistas especializadas. Durante más de cuatro décadas ejerció como psicoterapeuta en la práctica privada.
Asimismo, continuó dando conferencias. En octubre de 2020, al dictar “Bergman, El séptimo sello y las pandemias", estableció la coincidencia entre la película del director sueco donde la peste negra asola al mundo en la Edad Media con la pandemia actual, a la que calificó de apocalíptica. La comparación fue ampliamente difundida por las redes sociales y la prensa escrita.[cita requerida]
Un poema de su hija habla de su persona y su trayectoria:
YO ESCRIBO los poemas que no escribió mi madre,
a través de esta pluma extemporánea
o yo así lo veía desde el naufragio.
sus manos se deshacían sobre las teclas
como jirones de nube en el ocaso.
Dejó guardadas las palabras en el clóset