Estanislao López (Santa Fe, 22 de noviembre de 1786 - Santa Fe, 15 de junio de 1838) fue un caudillo y militar federal argentino, gobernador de la provincia de Santa Fe entre 1818 y 1838.
Nació en Santa Fe el 22 de noviembre de 1786, hijo extramatrimonial del oficial de milicias Juan Manuel Roldán y de María Antonia López, y fue bautizado con el apellido materno, López. Educado en la escuela franciscana de esa ciudad, marchó a los 15 años a luchar contra los indios del Chaco a órdenes de su padre.
Participó con el grado de sargento en la expedición al Paraguay bajo el mando de Manuel Belgrano. Fue capturado en la batalla de Paraguarí y, al terminar la contienda, fue conducido prisionero desde Asunción a un buque frente a Montevideo. La leyenda afirma que se escapó nadando y se incorporó al ejército sitiador de esa ciudad. Regresó más tarde a Santa Fe con el cargo de alférez.
Combatió contra los caudillos federales de Entre Ríos en el Combate del Espinillo y fue tomado prisionero, oportunidad en que conoció al caudillo José Artigas, cuyos ideales federales abrazó.
Sus primeras incursiones como caudillo
En el año 1816, con el cargo de teniente, apareció como jefe del primer escuadrón de Blandengues de Santa Fe, durante la revolución por la que su provincia se separó de la de Buenos Aires. Bajo el mando del comandante Mariano Vera, tuvo una actuación destacada obligando a rendirse al ejército porteño de reconocimiento a las órdenes del general Juan José Viamonte. Luego de este hecho fue ascendido a capitán y fue nombrado jefe de la frontera norte de Santa Fe.
Poco después, el comandante Vera, con la decisiva ayuda del capitán López, rechazó de Santa Fe a un nuevo ejército porteño a las órdenes del general Eustoquio Díaz Vélez. Fue nombrado teniente coronel y comandante de armas de la provincia, y al año siguiente emprendió una victoriosa expedición contra los indios chaqueños en el norte de su provincia.
Cuando, el 15 de julio de 1818, el gobernador Vera fue depuesto por la oposición de sus propios aliados, la ciudad quedó indefensa. En esas circunstancias, López entró el 23 de julio a la capital provincial y asumió como gobernador de hecho; unas semanas más tarde fue reconocido como titular por el cabildo local.
Durante el gobierno de Vera, el director Supremo Juan Martín de Pueyrredón había dejado en paz a Santa Fe. Pero cuando asumió López, organizó una nueva invasión a la provincia. En septiembre de ese año inició el ataque en dos frentes: desde Córdoba, al mando del coronel Juan Bautista Bustos, y desde el sur un poderoso ejército, al mando de general Juan Ramón Balcarce.
La estrategia de López fue adecuada a su inferioridad numérica y de armamento: desgastar al enemigo con ataques continuos de tropas que huían enseguida. Su táctica de batalla consistía en usar parejas de jinetes, con armas de fuego: uno de ellos disparaba sus armas a pie, mientras el otro le sostenía el caballo; a continuación cargaban con sus lanzas.
López atacó primero a Bustos en Fraile Muerto (actual Bell Ville, provincia de Córdoba), dejándolo sin caballos. Enseguida retrocedió hacia su provincia. Allí Balcarce, a pesar de la resistencia impuesta por las guerrillas dejadas por López, avanzó y ocupó sucesivamente Rosario, San Lorenzo y Coronda. López, consciente de ello, intentó defender la línea de defensa del Río Salado, pero fue desbordado en el Combate del Paso de Aguirre por las disciplinadas fuerzas invasoras. El gobernador huyó al norte y Balcarce ocupó sin resistencia una desierta Santa Fe, enviando su caballería en persecución de los santafesinos, quienes la derrotaron en el Combate de Monte Aguiar. Luego de esto, López comenzó una guerra de recursos obligando a Balcarce a encerrarse en la capital provincial. Luego de tantas vicisitudes, Balcarce fue obligado a retroceder haciendo continuas marchas y contramarchas, destruyendo sus caballos y hombres, y obligándolo finalmente a retirarse a San Nicolás de los Arroyos.
Pueyrredón no se dio por vencido: envió a Viamonte a un segundo ataque y reforzó a Bustos. Una vez más, López atacó primero a Bustos, a quien enfrentó en la batalla de La Herradura, que resultó indecisa pero detuvo a Bustos por un tiempo. Luego atacó y venció a las fuerzas de Viamonte en el Combate de Barrancas, para luego sitiarlo en la villa de Rosario. Estando allí interceptó un mensaje del general José de San Martín, en que éste se quejaba de haber recibido órdenes de que el Ejército de los Andes retrocediese hasta Santa Fe, con lo que su campaña al Perú se vería detenida. Alarmado, le entregó la carta a Viamonte, urgiéndolo a iniciar negociaciones de paz, a fin de que la guerra civil no causara la derrota en la guerra de Independencia.
De modo que firmó con el Directorio el armisticio de San Lorenzo el 12 de abril de 1819, con el que consiguió un breve respiro, aunque sin resolver la cuestión de fondo. En los meses siguientes, López hizo sancionar la constitución provincial de Santa Fe, la primera del país.
El 17 de diciembre de ese mismo año contrajo matrimonio con María Josefa del Pilar Rodríguez del Fresno, con quien tuvo ocho hijos: Mercedes Leónidas Modesta, María Inés del Carmen, Prudencio Estanislao del Carmen, Margarita del Carmen, Ana, Fortunato Estanislao del Corazón de Jesús, Pedro Telmo del Corazón de Jesús y Martín María del Corazón de Jesús.
Poco después se sancionaba la constitución unitaria, que fue rechazada por las provincias federales.
El nuevo director supremo, José Rondeau, decidió continuar con la estrategia de Pueyrredón, y pidió ayuda a las fuerzas de Portugal, que ocupaban la Banda Oriental, para aplastar las provincias federales de Corrientes y Entre Ríos, aunque felizmente el gobernador portugués no quiso comprometerse.
Nominalmente, López era un subordinado de Artigas. Artigas le ordenó atacar Buenos Aires, enviando en su ayuda al caudillo Francisco Ramírez, de Entre Ríos. Con él venía también Carlos María de Alvear, el exgobernante unitario, pero que pensaba usar a los federales para recuperar al poder en Buenos Aires. Y también José Miguel Carrera, que intentaba regresar a Chile a tomar nuevamente el gobierno, y Pedro Campbell, un marino irlandés que mandaba las fuerzas correntinas.
Como de costumbre, Rondeau llamó en su auxilio al Ejército del Norte, pero este se negó a seguir la guerra civil en el motín de Arequito y regresó a Córdoba. De modo que el director quedó solo frente a los federales, que lo derrotaron en la batalla de Cepeda, el 1.º de febrero de 1820.