Estambul (en turco: ), antiguamente conocida como Bizancio y Constantinopla, es la ciudad más poblada de Turquía y el centro histórico, cultural y económico del país. Es una ciudad transcontinental, ubicada en el estrecho del Bósforo, que separa Europa y Asia, entre el mar de Mármara y el mar Negro. Con más de 15 millones de habitantes, es una de las ciudades más pobladas del mundo y la más poblada de Europa. La mayor parte de la población es de religión musulmana, si bien existen minorías de cristianos (68 000) y judíos (22 000).
Fue fundada con el nombre de Bizancio en el promontorio de Sarayburnu alrededor del año 667 a. C., y su influencia y tamaño fueron creciendo hasta convertirse en una de las ciudades más importantes de la historia universal. Desde su refundación bajo el nombre de Constantinopla en el 330 d. C., Estambul ha sido la capital de los imperios romano y bizantino (330-1204 y 1261-1453), latino (1204-1261) y otomano (1453-1922). Fue una de las ciudades en las que floreció el primer cristianismo y, más adelante, el cristianismo ortodoxo. Tras la caída de Constantinopla ante los otomanos en 1453, la ciudad fue transformada en la sede del califato otomano y se transformó progresivamente en una ciudad musulmana. Sin embargo, la influencia del cristianismo en la ciudad es innegable.
Es también la capital administrativa de la provincia de Estambul (de la que cubre 27 distritos) en la llamada Rumelia o Tracia Oriental. Aunque la capital política y administrativa es Ankara, Estambul sigue siendo una ciudad que tiene un papel fundamental en la industria, el comercio y la cultura de Turquía. Alberga más de una docena de universidades. Es sede del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, cabeza de la Iglesia ortodoxa. Con el final de la Primera Guerra Mundial y la derrota del Imperio otomano, el territorio europeo otomano quedó reducido a unas decenas de kilómetros en torno a Estambul. El 13 de octubre de 1923, antes de la promulgación del estado turco sucesor, la República de Turquía, el parlamento turco trasladó legalmente la capitalidad a Ankara.
El nombre de İstanbul ya era usado desde hacía varios siglos en el país, aunque inicialmente hacía referencia solo la región amurallada de la ciudad, cuyo conjunto seguía siendo referido como Constantinopla. El nombre de Estambul se oficializó en 1876, pero no fue estandarizado en Occidente hasta fines de 1929. Con el cambio del alfabeto árabe al latino, las autoridades turcas pidieron oficialmente a los países extranjeros, el 28 de marzo de 1930, que se refiriera a la ciudad como Estambul.
Las zonas históricas de Estambul fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1985, por sus importantes monumentos y restos históricos. Actualmente hay varios monumentos de la época cristiana que se han dejado en el abandono total, ejemplo de ello son los restos del hipódromo de Constantinopla, el Foro de Teodosio (similar al de Roma) y parte de las murallas de Constantinopla.
İstanbul proviene de la frase coloquial en griego medieval de "στην Πόλιv" (stin Pólin), traducido como "en la ciudad" o "a la ciudad", en referencia a la ciudad de Constantinopla, i Polis ('la ciudad'). Variaciones de stin Pólin ya aparecen desde el siglo X; según las fuentes armenias, para el siglo XIV las dos palabras ya estaban unidas en una sola: Stəmbawl. Las tres variantes del primer elemento (stin, sten y stan) se habrían escuchado en varias partes de Anatolia hasta principios del siglo XX.
La forma intermedia Stambol fue comúnmente empleada por los turcos en el siglo XIX. La consonante “m” que aparece en medio es de igual forma, una norma lingüística de la lengua turca, que cambia la “n” anterior a una letra “p” o “b” (al igual que en español), como por ejemplo en çenber → çember, anbar → ambar, aunque las reglas de este tipo no siempre son observadas en los nombres propios, como en el caso de İstanbul.
Los otomanos emplearon varios nombres para la ciudad como Konstantiniyye, Dersaadet, Asitane e Islambol (‘inconmensurable islam’) aparte de İstanbul. El nombre griego actual es Κωνσταντινούπολη (Konstantinúpoli, "ciudad de Constantino").
Bizantium fue el nombre original de la moderna ciudad de Estambul. Fue establecida por colonos griegos de Megara en el año 667 a. C. y nombrada en honor de su rey Byzas. El nombre «Bizancio» es una transliteración del nombre griego original Βυζάντιον (Bizántion).
Cayó ante los persas aqueménidas durante su campaña contra los escitas de 513 a. C., en la que destruyeron gran parte de la colonia. El espartano Pausanias recuperó la ciudad el 479 a. C. e inició su reconstrucción. Más tarde Esparta tuvo que disputar su control a los atenienses, quienes la tomaron en el 409 a. C. Luego, entre el 336 y el 323 a. C., estuvo en manos de los macedonios de Alejandro Magno. Después de este, la ciudad recuperó cierta independencia, aunque en el 279 a. C. los celtas conquistaron Tracia e impusieron un tributo a Bizancio.
Con la decadencia del Imperio seléucida, último gran remanente del imperio de Alejandro, la ciudad entró en la esfera de influencia de la República Romana, que la declaró como ciudad libre en el 191 a. C. Bizancio mantuvo una relativa independencia incluso después de la conquista del Reino odrisio (actual Bulgaria) en el año 46.
En el año 194, Bizancio se vio envuelta en la disputa entre el emperador romano Septimio Severo y Pescenio Niger, tomando partido por este último. Las tropas de Severo atravesaron las murallas y arrasaron con la ciudad. Terminada la guerra civil, el mismo Severo llevó a cabo un proyecto de reconstrucción, gracias a la cual se restauraron algunos de los monumentos y templos destruidos. Sin embargo, la ciudad volvió a ser destruida durante la crisis del siglo III. Según la Historia Augusta, la destrucción fue tal que no quedó ni un solo sobreviviente en la ciudad.
La estratégica posición de Bizancio atrajo al emperador romano Constantino el Grande, quien, el 11 de mayo de 330, refundó la ciudad como "Nueva Roma" (Nova Roma), luego renombrada Constantinópolis en su honor (Constantinopla, en griego: Konstantinoupolis, Κωνσταντινούπολις). Esta se convirtió en capital del Imperio romano y, tras su división en 395, del Imperio romano de Oriente, que ha pasado a la historiografía moderna con el nombre de Imperio bizantino.
Constantinopla sirvió como puente entre dos continentes (Europa y Asia), y más tarde de África y otros territorios a su vez, en términos de comercio, cultura, diplomacia y estrategia. La capital imperial era capaz de controlar la ruta entre Asia y Europa, así como el paso del mar Mediterráneo al mar Negro. Todos estos factores hicieron que, al mismo tiempo que el Imperio de Occidente colapsaba, el Imperio de Oriente floreciera. Constantinopla mantuvo su posición durante más de mil años, convirtiéndose en una gran urbe de la Europa medieval.
De su primer periodo de esplendor destaca la Santa Sofía, obra maestra del arte bizantino fundada por Constantino I y remodelada por el emperador Justiniano el Grande en el 532. Tras una pequeña crisis en los siglos VII y VIII (expansión musulmana), volvería otra etapa de renacimiento en los IX y X (dinastía macedónica). Sin embargo, sufrió un serio debilitamiento desde el siglo X. Tras la decisiva batalla de Manzikert de 1071, los turcos selyúcidas —nómadas originarios de Asia Central— penetraron en Anatolia y tomaron control de la mayoría de la actual Turquía. Esta aplastante derrota obligó al Imperio a pedir la ayuda de los reinos cristianos del resto de Europa, lo cual dio como resultado la proclamación de las cruzadas. Irónicamente, estas terminarían siendo las causantes de su decadencia final.
En la Cuarta Cruzada, los cruzados fueron contactados por el emperador Alejo IV, que les prometió grandes riquezas a cambio de ayudarle a tomar el trono imperial. Sin embargo, esta campaña resultó contraproducente. En 1204, el entonces emperador Alejo IV fue incapaz de pagarles, lo que llevó al saqueo y conquista de Constantinopla por los cruzados, quienes establecieron el efímero Imperio latino. Los romanos reconquistaron la ciudad y reestablecieron el Imperio en 1261, pero este nunca pudo recuperarse de los daños de la conquista cruzada. En sus últimos dos siglos, la economía de Constantinopla fue dominada por la presencia extranjera, mientras que su apariencia se vio caracterizada por monumentos en ruinas e iglesias famosas por sus reliquias. No obstante, la ciudad siguió manteniendo en menor o mayor medida su importancia como centro cultural y comercial del Mediterráneo.