Tal Día como Hoy

Estados Confederados de América

República federal de facto en América del Norte de 1861 hasta 1865

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Los Estados Confederados de América (en inglés: Confederate States of America; acrónimo: CSA), también llamados la Confederación o Estados Confederados,​ fue un país formado por algunos estados del sur de los Estados Unidos que existió entre 1861 y 1865 en el marco de la guerra de Secesión.

La Confederación se formó originalmente con siete estados secesionistas de Estados Unidos, donde era legal tener esclavos: Carolina del Sur, Misisipi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas, en la región sur de Estados Unidos, cuya economía dependía en gran medida de la agricultura, particularmente del algodón y de un sistema de plantación que necesitaba del trabajo de los esclavos negros.​

El gobierno confederado extendió su autoridad sobre un territorio de 1 995 392 km² y una población de 9 103 332 habitantes, de los que 3 521 110 eran esclavos, según un censo de 1860.​

Con la convicción de que la supremacía blanca​ y la institución de la esclavitud​ estaban amenazadas por el candidato republicano a la presidencia Abraham Lincoln —aspirante al cargo en la elección de noviembre de 1860—, que se postulaba con un programa que se oponía a la expansión de la esclavitud en los territorios occidentales, la Confederación declaró su secesión de los Estados Unidos; los estados restantes se conocieron como la Unión durante la guerra civil que siguió.

En el que más tarde se denominó el «Discurso de la piedra angular», el vicepresidente de la Confederación Alexander Stephens declaró que la «piedra angular» del nuevo gobierno y en la que se apoyaba, «era la gran verdad de que el negro no es igual al hombre blanco, esta esclavitud, subordinación a una raza superior, es su natural y normal condición. Nuestro nuevo gobierno es el primero, en la historia del mundo, basado sobre esta gran verdad física, filosófica y moral».​

Antes de que Lincoln asumiera la presidencia de los Estados Unidos en marzo, en febrero de 1861 se estableció un nuevo gobierno confederado, que el de los Estados Unidos consideró ilegal. Los estados ofrecieron como voluntarios a milicianos y el nuevo gobierno se apresuró a formar su propio Ejército de los Estados Confederados. Después de que la guerra de Secesión comenzara en abril, cuatro estados esclavistas del sur —Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte— también se separaron y se unieron a la Confederación.

Más tarde, la Confederación aceptó a Misuri y Kentucky, aunque ni estos declararon oficialmente la secesión ni fueron controlados en gran medida por las fuerzas confederadas; fuerzas confederadas lo intentaron, pero fueron expulsadas de ellos. El gobierno de los Estados Unidos (la Unión) rechazó los reclamos de secesión, considerándolos ilegítimos.

La guerra comenzó el 12 de abril de 1861, cuando los confederados atacaron Fort Sumter, un fuerte de la Unión en el puerto de Charleston, Carolina del Sur.

Ningún gobierno extranjero reconoció oficialmente a la Confederación como país,​​ aunque Reino Unido y Francia le otorgaron el estatus de beligerante, lo que permitió a los agentes confederados contratar con empresas privadas de armas y otros suministros.

A principios de 1865, después de cuatro años de intensos combates que causaron entre seiscientos veinte mil y ochocientos mil muertos militares,​ las fuerzas confederadas se rindieron. La guerra careció de final oficial: casi todas las fuerzas confederadas se habían visto obligadas a rendirse o se habían disuelto deliberadamente a fines de 1865, momento en el cual la disminución de la mano de obra y los recursos de la Confederación enfrentaban dificultades abrumadoras.​ Jefferson Davis, el presidente de los Estados Confederados durante la guerra civil, lamentó que la Confederación hubiera «desaparecido».​

El catalizador inmediato de la secesión fue la victoria del Partido Republicano y la elección de Abraham Lincoln como presidente en las elecciones de 1860. El historiador estadounidense de la Guerra Civil, James M. McPherson, sugirió que para los sureños, la característica más negativa de las victorias republicanas en las elecciones presidenciales y del Congreso de 1860 fue la magnitud de esas victorias: los republicanos capturaron más del 60 % del voto del Norte y tres cuartos de sus delegaciones del Congreso. La prensa sureña dijo que tales republicanos representaban la porción antiesclavista del Norte, «un partido fundado en el sentimiento único... de odio a la esclavitud africana», y ahora el poder de control en los asuntos nacionales. El «Partido Republicano Negro» podría abrumar a los conservadores yanquis. El periódico The New Orleans Delta dijo de los republicanos: «de hecho, es esencialmente un partido revolucionario» para derrocar la esclavitud.​

Para 1860, los desacuerdos seccionales entre el Norte y el Sur se relacionaban principalmente con el mantenimiento o la expansión de la esclavitud en los Estados Unidos. El historiador Drew Gilpin Faust observó que «los líderes del movimiento de secesión en el Sur mencionaron la esclavitud como la razón más convincente para la independencia del sur».​ Aunque la mayoría de los sureños blancos no poseían esclavos, la mayoría apoyaba la institución de la esclavitud y se beneficiaba indirectamente de la sociedad de esclavos. Para los yeomen en dificultades y los agricultores de subsistencia, la sociedad de esclavos proporcionó una gran clase de personas clasificadas más abajo en la escala social que ellas.​ Diferencias secundarias relacionadas con temas de libertad de expresión, esclavos fugitivos, expansión a Cuba y derechos de los estados.

En el que más tarde vino a ser conocido como el «Discurso de la piedra angular», el vicepresidente de la Confederación Alexander Stephens declaró que la «piedra angular» del nuevo gobierno, y en el que se apoyaba, «era la gran verdad de que el negro no es igual al hombre blanco, esta esclavitud, subordinación a una raza superior, es su natural y normal condición. Nuestro nuevo gobierno es el primero, en la historia del mundo, basado sobre esta gran verdad física, filosófica y moral».​ Cuatro de los estados separados, los estados del sur profundo, Carolina del Sur,​ Misisipi,​ Georgia,​ y Texas,​ hicieron declaraciones formales de sus motivaciones donde identificaron a la amenaza sobre los derechos de los poseedores de esclavos como la causa mayor de la secesión. Georgia, adicionalmente, denunció una política federal que favorecía los intereses económicos del norte frente a los del sur.

El vicepresidente de la Confederación, Alexander Stephens, declaró cómo la nueva Constitución eliminaba los aranceles y la cláusula de comercio (Commerce Clause, artículo de la Constitución que otorgaba la exclusividad al Gobierno federal de comerciar con Estados extranjeros), quitando, de este modo, poder al Congreso para regular cualquier aspecto comercial. Stephens creía que un nuevo país tendría una clara delimitación entre las responsabilidades federales y estatales, y llevó a una posición similar a esta a Carolina del Sur durante la «Crisis de la Anulación» (Nullification Crisis) donde mantenía que el Gobierno federal no debía pagar las construcciones e infraestructuras internas de los estados.

El presidente de los Estados Confederados, Jefferson Davis declaró en un mensaje al Congreso Confederado el 29 de abril de 1861 que los motivos de la secesión del Sur era tanto la esclavitud como la política de aranceles del país.​

Algunos líderes religiosos del sur enarbolaban en sus sermones las causas de la secesión. Benjamin M. Palmer (1818-1902), pastor de la principal Iglesia Presbiteriana de Nueva Orleans, exclamaba su apoyo a favor de la secesión en un sermón del día de Acción de Gracias en 1860, argumentando que los sureños blancos tenían el derecho y la obligación de mantener la esclavitud en pro de una autoprotección económica y social. También, para actuar como «guardianes» de los «afectuosos y leales» aunque «desamparados» negros, para salvaguardar sus intereses económicos, y para actuar como defensores de la religión contra el «ateísmo» abolicionista.​ Este sermón fue ampliamente difundido a través de los templos religiosos.

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