La esperanza es un proceso de ánimo optimista basado en la expectativa de resultados favorables relacionados con eventos o circunstancias de la propia vida o el mundo en su conjunto. Otras definiciones de tener esperanza incluyen los siguientes términos: «esperar confiado» y «abrigar un deseo con anticipación». La Real Academia Española define la esperanza como «Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea» y la esperanza cristiana como «En la doctrina cristiana, virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido». Existen también enfoques en el área educativa que incorporan el concepto de pedagogía de la esperanza, Paulo Freire se refiere a esta como una necesidad ontológica, lo que nos mueve, lo que nos marca una dirección.
La esperanza aparece en la mitología griega en la historia de la Caja de Pandora. Prometeo robó el fuego de Zeus para dárselo a los hombres, lo que enfureció al dios supremo. En venganza, Zeus creó un pythos (tipo de jarrón) que contenía todos los males y se la dio junto a Pandora al hermano de Prometeo. Esta, creada por los dioses con una curiosidad innata, abrió la caja prohibida y todos los males fueron liberados al mundo; solo Elpis permaneció en el fondo, el espíritu de la Esperanza.
La mitología nórdica consideraba la Esperanza Fenrir: su concepto del coraje valoraba más una valentía animada en la ausencia de esperanza.
Esperanza es el nombre de una de las tres virtudes teologales, juntamente con la fe y la caridad.
En la teología cristiana estas virtudes forman una unidad indisoluble con las virtudes cardinales o naturales: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza y todas ellas en su conjunto describen la imagen cristiana del hombre.
La esperanza es la virtud por la cual el hombre pasa de suceder o acontecer a ser o existir. Siguiendo a Santo Tomás de Aquino, ha estado definida como «virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para llegar a ella con ayuda de Dios».
A la esperanza se oponen, por defecto, la desesperación que es «pérdida total de la esperanza», por exceso, la presunción y por otro lado, el temor.
La esperanza fue una divinidad honrada por los romanos que le elevaron muchos templos. Era, según los poetas, hermana del Sueño que da tregua a nuestras penas y de la Muerte que las termina. Píndaro la llama la nodriza de los viejos. Se la representa bajo la figura de una joven ninfa, con rostro sereno, sonriéndose con gracia, coronada de flores, mensajeras de los frutos y teniendo en su mano un ramo de las mismas. El verde es su color característico como emblema de la naciente verdura que presagia la cosecha de los granos.
Los antiguos la pintaban con alas porque es propio de la esperanza escaparse cuando que uno piensa asirla. Los modernos le han dado un ancla por atributo pero ningún monumento antiguo la ofrece con este símbolo. Se podría añadir a esto el arcoíris. Es muy ingeniosa alegoría la que la representa alimentando al Amor.
Una antigua medalla la representa coronada, teniendo en la mano izquierda pavos y espigas como Ceres; se apoya con la derecha sobre una columna y tiene delante una colmena en cuya parte superior se elevan algunas espigas y flores.
Va vestida de verde y siembra grano que un ligero viento se lleva. Trae el cuello desnudo y aprieta uno de sus pechos como para dar de mamar. Sus dos grandes alas indican su inestabilidad.
Gravelot la ha representado por una figura sentada sobre la proa de una nave apoyada sobre un ancla y en actitud de un ardiente deseo. Parece tener fijada la atención en el arcoíris, pronóstico de un tiempo más sereno y las flores que hay cerca de ella anuncian y prometen la estación de los frutos.
La esperanza, que yacía en el fondo de la caja, permaneció. Cuadro alegórico de George Frederic Watts, 1886
La catedrática de psicología Barbara Fredrickson sostiene que la esperanza surge cuando se avecina una crisis, abriéndonos a nuevas posibilidades creativas. Frederickson sostiene que con una gran necesidad surge una gama inusualmente amplia de ideas, así como emociones positivas como la felicidad y la alegría, el coraje y el empoderamiento, extraídas de cuatro áreas diferentes del propio ser: desde una perspectiva cognitiva, psicológica, social o física. Las personas esperanzadas son "como el pequeño motor que pudo, [porque] se repiten a sí mismas "creo que puedo, creo que puedo". Este pensamiento positivo da sus frutos cuando se basa en un sentido realista del optimismo, no en una "falsa esperanza" ingenua.
El psicólogo Charles R. Snyder vinculó la esperanza a la existencia de una meta, combinada con un plan determinado para alcanzarla:: Alfred Adler había defendido de forma similar la centralidad de la búsqueda de metas en la psicología humana, al igual que antropólogos filosóficos como Ernst Bloch. Snyder también subrayó el vínculo entre la esperanza y la fuerza de voluntad mental, así como la necesidad de una percepción realista de las metas, argumentando que la diferencia entre la esperanza y el optimismo era que la primera incluía caminos prácticos hacia un futuro mejor. D. W. Winnicott consideraba que el comportamiento antisocial de un niño expresaba una esperanza inconsciente de ser manejado por la sociedad en general, cuando la contención dentro de la familia inmediata había fracasado. La teoría de las relaciones objetales también considera que la transferencia analítica está motivada en parte por una esperanza inconsciente de que los conflictos y traumas del pasado puedan ser tratados de nuevo.
De los innumerables modelos que examinan la importancia de la esperanza en la vida de un individuo, dos teorías principales han obtenido un reconocimiento significativo en el campo de la psicología. Una de estas teorías, desarrollada por Charles R. Snyder, sostiene que la esperanza debe considerarse como una habilidad cognitiva que demuestra la capacidad de un individuo para mantener el impulso en la búsqueda de un objetivo concreto. Este modelo sostiene que la capacidad de un individuo para tener esperanza depende de dos tipos de pensamiento: el pensamiento de agencia y el pensamiento de camino. El pensamiento de agencia se refiere a la determinación de un individuo para lograr sus objetivos a pesar de los posibles obstáculos, mientras que el pensamiento de camino se refiere a las formas en que un individuo cree que puede lograr estos objetivos personales.
La teoría de Snyder utiliza la esperanza como un mecanismo que se observa con mayor frecuencia en psicoterapia. En estos casos, el terapeuta ayuda a su cliente a superar las barreras que le han impedido alcanzar sus objetivos. El terapeuta ayudaría entonces al cliente a establecer objetivos personales realistas y relevantes (por ejemplo, "voy a encontrar algo que me apasione y que me haga sentir bien conmigo mismo"), y le ayudaría a mantener la esperanza en su capacidad para alcanzar estos objetivos, y le sugeriría los caminos correctos para hacerlo.
Mientras que la teoría de Snyder se centra en la esperanza como mecanismo para superar la falta de motivación de un individuo para alcanzar sus objetivos, la otra teoría principal desarrollada por Kaye A. Herth se ocupa más específicamente de los objetivos futuros de un individuo en relación con la superación de las enfermedades. Herth considera la esperanza como "un atributo motivacional y cognitivo que es teóricamente necesario para iniciar y mantener la acción hacia la consecución de objetivos". Establecer objetivos realistas y alcanzables en esta situación es más difícil, ya que lo más probable es que la persona no tenga un control directo sobre el futuro de su salud. En su lugar, Herth sugiere que los objetivos se centren en la forma en que la persona va a afrontar personalmente la enfermedad: "En lugar de beber para aliviar el dolor de mi enfermedad, voy a rodearme de amigos y familiares".