La esclavitud es la posesión de una persona como propiedad. La esclavitud se refiere, en particular, al «estado de una persona sometida a servidumbre forzosa» por otros.
La esclavitud se practica desde la prehistoria, aunque no de forma equivalente en todas las civilizaciones. Su origen histórico proviene de la práctica de aprovechar como mano de obra a los cautivos de guerra, como alternativa a otra posibilidad también usual, ejecutarlos. También fue la suerte de algunos pueblos conquistados. Otra vía para llegar a la condición de esclavo era la esclavitud por deudas o apremio individual. Es posible nacer esclavo y, por ejemplo, la mayoría de los esclavos del Egipto musulmán del siglo IX eran hijos de esclavas.
Entre los indígenas del norte de América la esclavitud puede datar desde 1500 años a. C. El florecimiento cultural de la Atenas de Pericles o de la Roma clásica estaba fundamentado en una economía basada en la fuerza de trabajo esclava. Aristóteles, cuyo maestro Platón fue esclavo, sostuvo que la esclavitud es un fenómeno natural. En Europa, con la transición del esclavismo al feudalismo, a partir de la crisis del siglo III, la mayor parte de la fuerza de trabajo ya no era esclava, salvo en sitios como Al-Ándalus, donde seguían siendo la principal mano de obra. No obstante, la esclavitud no desapareció, y se mantuvo como una condición social más o menos marginal, durante toda la Edad Media y toda la Edad Moderna, cuando los bereberes del norte de África esclavizaron 1.25 millones de europeos y americanos entre 1500 y 1800, y renovándose en Occidente durante la colonización de América. La esclavitud en Asia continuó sin mayores cambios hasta los siglos xix y xx.
La lucha contra la esclavitud costó muchas vidas. El saldo de las tres guerras serviles en Roma (135 al 71 a. C.) es de al menos 170 000 esclavos caídos en batalla o ajusticiados posteriormente; si bien se desconoce el número de negros esclavizados por los musulmanes en el califato abásida, los cronistas árabes estimaron las bajas de la rebelión Zanj de 500,000, a millón y medio, a 2,500,000. La guerra de Secesión que acabó con la esclavitud en los once estados de Estados Unidos donde era legal la misma (de un total de 33 estados en 1861) consumió al menos 580 000 vidas entre los combatientes no afrodescendientes.
Los tratados internacionales contemporáneos (Convención sobre la Esclavitud, 1926) prohíben la esclavitud y la consideran un crimen contra la humanidad. No obstante, sigue existiendo arraigada culturalmente en ciertos países (India, Sudán, Mauritania) y ha reaparecido en otros bajo ciertas condiciones excepcionales, como es el caso de la mano de obra infantil esclava en el Sudeste asiático o determinados tipos de prostitución en todo el mundo.
El Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición se celebra el 23 de agosto; el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud se celebra el 2 de diciembre. En la Iglesia católica, el Día contra la Trata de Personas es el de la patrona de las víctimas de la esclavitud, Santa Bakhita, quien fue esclava en África entre 1877 y 1885.
En el imperio romano de Oriente se llamaba εσκλάβινοι a los esclavos, porque la gran mayoría de esclavos de la época eran eslavos, el pueblo del cual descienden rusos, polacos, eslovenos y otros europeos orientales. En los siglos VIII y IX, en Italia se latinizó dicho griego a sclavus, origen del término esclavo. Durante el s. IX, los musulmanes de España esclavizaban eslavos.
A diferencia de términos similares como cautiverio o servidumbre, el término esclavitud enfatiza la idea de control total sobre la vida, libertad y fortuna de una persona por parte de un propietario o amo.
Históricamente la esclavitud ha sido un estado común de los humanos, alcanzando entre el 50 y 70 % de la población de Corea antes del s. xvii; el 50% de muchas sociedades africanas; el 20% de muchos pueblos musulmanes; entre 10 y 20 % de los indígenas del noroeste de América; 30 % de la Grecia clásica; entre 10 y 20 % de la Italia romana; al menos entre 12 y 15 % de los yanomanos del Amazonas, más del 40 % entre otros amazónicos; entre 10 y 30 % los isleños del sudeste asiático; y del 5 al 25 % de los pueblos ingleses previos a la conquista francesa de 1066.
El historiador Seymour Drescher afirmó que “la libertad, no la esclavitud, ha sido la peculiar institución”, subrayando que las sociedades libres son inusuales.
Había esclavistas africanas entre los siglos XVII y XIX en gran parte de la costa del África occidental, en sociedades del poniente del Sudán (hoy Zaire), en Mozambique, y en Mombasa. La mayoría de estas esclavistas eran mulatas; los ingleses las llamaban mulatresses y los holandeses tapoeyerinnen, pero otras eran las esposas, concubinas o viudas africanas de europeos. Algunas de estas africanas poseían grandes cantidades de esclavos; algunas se dedicaban a la compraventa de esclavos. Se cree que las esclavistas poseían más esclavas que esclavos; entre los beneficios estaría su capacidad reproductiva, ya que las criaturas de las esclavas quedaban propiedad de las esclavistas. No hay motivos para creer que las esclavistas tratasen mejor a sus esclavos que los esclavistas; un documento de 1621 detalla cómo una anciana a quien los holandeses regalaron dos esclavos decapitó a uno al encontrarlo en ocio.
Entre 1856 y 1861, mujeres fueron la tercera parte de los vendedores o compradores de esclavos en Nueva Orleans; en 1830, dichas esclavistas eran el 16%. Otra medida del alcance de la difusión de las esclavistas es que, en los EE. UU., entre 1853 y 1860, en el 12% de los anuncios donde se ofrecía recompensa por la captura de esclavos prófugos, se trataba de dueñas. La historiadora Stephanie Jones-Rogers de la UCLA Berkeley alega que algunas esclavistas estudiaban las fluctuaciones de precios del mercado, iban a las subastas, y regateaban los precios; y que las leyes les permitían poseer y azotar a los esclavos independientemente de sus maridos.
Las esclavistas parecen haberse involucrado aún más cuando de esclavas se trataba: entre 1856 y 1861, el 40% de la compraventa de esclavas era conducida por mujeres. Según el economista Trevon D. Logan de la universidad estatal de Ohio, era una decisión estratégica: al procrear las esclavas, aumentaba el número de esclavos de las esclavistas.
En 2025, Lydia Mugambe, una juez de las Naciones Unidas, fue arrestada por violar la Ley de Esclavitud Moderna de Inglaterra, y posteriormente fue declarada culpable de esclavizar a otra africana en Oxfordshire.
La esclavitud en la Antigüedad
Los primeros escritos en los que se tiene constancia de la presencia de esclavos es en Mesopotamia durante la época sumeria, habiendo contabilidades y nombres de esclavos que datan de los años entre 3350 y 3000 a. C. En el Antiguo Egipto un número de esclavos suficiente como para tener cierta importancia social se dio solamente en algunos períodos, especialmente en el Imperio Nuevo. Sus rivales, los hititas, esclavizaban a los prisioneros de guerra, situación común entre muchas sociedades antiguas: muchos esclavos provenían de las conquistas. En Roma, también eran recogidos por los traficantes de esclavos los niños abandonados, por ejemplo, en la puerta de las casas, cuando el pater familias no quería reconocer su paternidad, ya que él poseía el poder del «ius exponendi». Un plebeyo también podía convertirse en esclavo al no pagar una deuda; el contrato era un nexum.
Se debate si las culturas mesoamericanas, que conocían la rueda, no llegaron a emplearla con fines utilitarios a causa de una sobreabundancia de esclavos.
La esclavitud como práctica social y económica fue usual en la antigüedad greco-romana. El estatus social de los esclavos era considerado inferior, sin valor o inexistente en relación con una persona libre. La sociedad de la Antigua Grecia tenía fundamentada filosóficamente la esclavitud que, para Aristóteles era la garantía indispensable para que los hombres libres pudieran dedicar su tiempo a la política y buen gobierno de la ciudad.