Tal Día como Hoy

Erzsébet Báthory

Condesa húngara y presunta asesina en serie

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La condesa Erzsébet Báthory de Ecsed (en húngaro: Báthory Erzsébet, ˈbaːtoɾi ˈɛɾʒeːbɛt) (Nyírbátor, Hungría, 7 de agosto de 1560-Castillo de Čachtice, actual Trenčín, Eslovaquia, 21 de agosto de 1614), en inglés como Elizabeth Bathory, e hispanizado cómo Isabel Bathory, fue una aristócrata húngara, perteneciente a una de las familias más poderosas del reino de Hungría. Ha pasado a la historia por haber sido acusada y condenada junto con sus sirvientes de ser responsable de torturar y matar a cientos de jóvenes y mujeres entre 1590 y 1610,​ crímenes supuestamente motivados por su obsesión por la belleza que le han valido el sobrenombre de la Condesa Sangrienta. Esto la convertiría en la asesina en serie más grande de la historia de la humanidad, con 650 muertes.​​ Los sirvientes fueron ejecutados, mientras que Báthory fue llevada a prisión en el castillo de Csejte (Čachtice) hasta su muerte en 1614.​​

Báthory nació en el seno de una prominente nobleza protestante de Hungría. Su familia controlaba Transilvania y su tío, Esteban Báthory, era rey de Polonia.​ Se crio en el castillo familiar en Ecséd, en el actual condado de Heves, en Hungría. En 1575 se casó con el conde Ferencz Nádasdy, miembro de otra poderosa familia húngara, y posteriormente se mudó al castillo de Čachtice, un regalo de bodas de la familia Nádasdy. Entre 1585 y 1595, Báthory tuvo cuatro hijos.​

Tras la muerte de Nádasdy en 1604, empezaron a surgir rumores sobre la crueldad de Báthory. Aunque aparentemente se habían ignorado relatos previos sobre el asesinato de campesinas, afirmaciones de 1609 de que había asesinado a mujeres de familias nobles atrajeron la atención.​ Matías de Habsburgo, entonces rey de Hungría, ordenó al primo de Báthory, György Thurzó, conde palatino de Hungría, que investigara. El conde palatino determinó, tras tomar declaraciones a las personas que vivían en la zona que rodeaba su propiedad, que Báthory había torturado y asesinado a más de 600 jóvenes con la ayuda de sus sirvientes.​

Los cargos elevados contra Báthory han sido descritos por numerosos historiadores como una caza de brujas.​​ Otros escritores, tales como Michael Farin en 1989, han afirmado que las acusaciones contra Báthory estaban sustentadas por testimonios de más de 300 personas, algunas de las cuales describieron evidencia física y la presencia de jóvenes muertas, agonizantes o aprisionadas y mutiladas que fueron halladas al momento del arresto de Báthory.​ Fuentes recientes afirman que las acusaciones fueron un espectáculo para destruir la influencia de su familia en la región, que era considerada una amenaza a los intereses políticos de sus vecinos, entre ellos el imperio Habsgurgo.​

Historias y leyendas sobre Báthory se convirtieron prontamente en parte del folclor nacional.​ Leyendas describiendo sus tendencias vampíricas, como la historia de que se bañaba en la sangre de vírgenes para mantener su juventud, se basaban en rumores y solo fueron escritas como supuestamente factuales alrededor de un siglo después de su muerte. Si bien estas historias fueron repetidas por al menos tres historiadores de los siglos XVIII y XIX, no son consideradas confiables por parte de historiadores modernos.​ Algunos insisten en que la historia de Isabel inspiró la novela Drácula (1897) de Bram Stoker, aunque las notas de Stoker sobre la novela no brindan evidencia directa de esta hipótesis.​

Nació en el seno de una de las familias más antiguas y adineradas de Transilvania: los Erdély. Sus padres, los condes Ana y Jorge Báthory, eran primos. Su abuelo materno fue Esteban Báthory de Somlyó y su tío materno fue Esteban I Báthory, príncipe de Transilvania y rey polaco entre 1575 y 1586. El escudo de armas de su familia consiste en tres dientes de jabalí de plata sobre un campo de gules. Entre el resto de los familiares se encuentran un cardenal y varios príncipes. Su infancia transcurrió en el Castillo de Čachtice y antes de cumplir los seis años sufría ataques de lo que se puede considerar hoy en día epilepsia.

A los once años fue prometida con su primo Ferenc Nádasdy, conde (anteriormente barón), de dieciséis años. A los doce años pasó a residir en el castillo de su prometido y nunca tuvo buena relación con su suegra, Úrsula. A diferencia de lo que era propio en la época, recibió una buena educación y su cultura sobrepasaba a la de la mayoría de los hombres de entonces. Era excepcional, «hablaba perfectamente el húngaro, el latín y el alemán, mientras que la mayoría de los nobles húngaros no sabían ni deletrear ni escribir [...] hasta el Príncipe de Transilvania era prácticamente analfabeto».

A los quince años, el 8 de mayo de 1575, se casó con Ferenc Nádasdy que para entonces contaba con 20 años de edad. La ceremonia tuvo lugar con un gran lujo en el Castillo de Varannó (su nombre en eslovaco es Vranov nad Toplou) y acudieron más de 4500 invitados, incluso se invitó al emperador Maximiliano II, que no pudo acudir. Fue Ferenc quien adoptó el apellido de soltera de su esposa, mucho más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al Castillo de Čachtice en compañía de su suegra Úrsula y de otros miembros de la casa. El joven conde no estaba mucho por allí: la mayor parte del tiempo estaba combatiendo en alguna de las muchas guerras de la zona (empalando a sus enemigos), lo que le mereció el apodo de «Caballero Negro de Hungría». Existe un registro epistolar en el que Ferenc y Erzsébet intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, lo cual era normal entre los nobles de la Europa del Este de la época. Las posesiones de esta pareja de nobles húngaros eran enormes, y se requería además un férreo control sobre la población local, de origen húngaro, rumano y eslovaco.

Ferenc y Elizabeth apenas se veían debido a las actividades guerreras del primero, así que no fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años siguientes dio también a luz a Úrsula y Catalina. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo varón, Pablo.

El 4 de enero de 1604, el Caballero Negro de Hungría, como se conocía a Ferenc por su fiereza a la hora de combatir, murió de súbita enfermedad tras una de sus batallas y dejó viuda a Erzsébet, que contaba con 44 años. Es aquí cuando comienzan, según sus acusadores, sus crímenes. Para empezar, despidió a su muy odiada suegra del castillo, junto con el resto de la parentela Nádasdy; las sirvientas a las que esta había protegido hasta ese momento fueron llevadas a los sótanos y allí recibieron por fin los castigos que, según Elizabeth, merecían.

Esto dejó a Erzsébet en una situación peculiar: señora feudal de un importante condado de Transilvania, metida en todas las intrigas políticas de aquellos tiempos convulsos, pero sin ejército con que proteger su poderío. Por la misma época, su primo Gábor I Báthory se convirtió en Príncipe de Transilvania, con el apoyo económico de la riquísima Erzsébet. Gábor (Gabriel) se metió pronto en una guerra contra los alemanes por complejas razones políticas. Esto la ponía en peligro de ser acusada de traición por el rey Matías II de Hungría. Viuda como era, se vio más vulnerable y aislada que nunca.

Es por esta época que empiezan a escucharse rumores de que algo muy siniestro ocurre en el castillo de Čachtice. A través de un pastor protestante local, llegan historias de que la condesa practica la brujería (explícitamente, la magia negra), y para ello utiliza la sangre de muchachas jóvenes —una acusación muy popular en la época, similar a las que se realizaban en contra de los judíos y disidentes. El rey Matías II de Hungría ordena a un primo de Erzsébet, el conde palatino György Thurzó —enemistado con ella—, que tome el lugar con sus soldados y que realice una investigación en el castillo. Dado que la señora de Báthory carecía de fuerza militar propia, no hubo resistencia.

Según la investigación del conde Thurzó, hallaron en el castillo numerosas muchachas torturadas en distintos estados de desangrado, y un montón de cadáveres por los alrededores. En 1612 se inició un juicio en Bitcse (Bytča en eslovaco). Erzsébet se negó a declararse inocente o culpable, y no compareció, acogiéndose a sus derechos nobiliarios. Quienes sí lo hicieron, por la fuerza, fueron sus colaboradores. Juan Ujváry, el mayordomo (conocido como Ficzkó),​ testificó que en su presencia se había asesinado como mínimo a 37 «mujeres solteras» de entre once y veintiséis años; a seis de ellas las había reclutado él personalmente para trabajar en el castillo. La acusación se concentró en los asesinatos de jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En la sentencia todos fueron declarados culpables, algunos de brujería, otros de asesinato y los demás de cooperación.

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