Tal Día como Hoy

Enrique del Moral

Arquitecto mexicano

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Enrique del Moral Domínguez (Irapuato, Guanajuato; 21 de enero de 1905 - México, D. F.; 11 de junio de 1987) fue un arquitecto mexicano, uno de los máximos exponentes de la arquitectura moderna mexicana y uno de los más destacados del llamado funcionalismo, movimiento de una generación de arquitectos, integrada por José Villagrán, Carlos Obregón Santacilia, Juan O'Gorman, Juan Legarreta, Carlos Tarditti, Enrique de la Mora y Enrique Yáñez, entre otros, desarrolló –a partir de conceptos innovadores planteados por Frank Lloyd Wright, Le Corbusier, Mies van der Rohe y escuelas como la Bauhaus y De Stijl– para modelar el perfil cosmopolita de la Ciudad de México y otras ciudades del país, principalmente durante los años treinta del siglo XX.

Proyectista y constructor de más de 100 obras públicas y privadas de todo género, realizadas en más de 50 años de actividad profesional: hospitales, clínicas, universidades y escuelas, aeropuertos, estaciones del Metro, hoteles, edificios de oficinas y departamentos, conjuntos habitacionales, casas para obreros y empleados, magnas residencias, campos deportivos etc, incluso, plazas de toros.

Es conocido principalmente por su destacado papel en el proyecto del plano de conjunto de la Ciudad Universitaria (1947-1952), sede de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde estuvo a cargo, junto con los arquitectos Mario Pani y Salvador Ortega, de la dirección y coordinación del proyecto maestro y de La Torre de Rectoría –sin duda una de las más representativas del campus– es obra de los arquitectos Enrique del Moral, Mario Pani y Salvador Ortega.

Tuvo una notable trayectoria como académico y teórico. Director de la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM (1944-1949), renovó los planes de estudio, incorporando las mejores prácticas de universidades norteamericanas, sin olvidar la formación humanista que él mismo asumió en su vida profesional. Fue alumno del doctor José Gaos en la Facultad de Filosofía y Letras y asistió al Seminario de la Cultura en México en el Siglo XVIII, compartiendo clases con eminentes pensadores, como Edmundo O'Gorman, Justino Fernández y Leopoldo Zea, entre otros.

Dictó conferencias en foros nacionales e internacionales y publicó libros y ensayos en los que analizó la evolución de los estilos arquitectónicos; reflexionó en torno al pensamiento de aquellos vanguardistas que plantearon una nueva estética en el arte de construir: Le Corbusier y Ludwig Mies van der Rohe –con este último mantuvo una estrecha amistad–; teorizó acerca del funcionalismo en México; debatió sobre temas polémicos en su época, como la integración plástica en la arquitectura, y promovió la conservación de las ciudades, con un singular enfoque de armonía entre tradición y modernidad.

Enrique del Moral Domínguez nació el 21 de enero de 1905 en Irapuato, Guanajuato. Único hijo varón de Enrique del Moral y María de los Ángeles Domínguez. Se formó en la Ciudad de México, dada la decisión de la familia de trasladarse a la capital del país en 1909. Realizó sus estudios de primaria, secundaria y preparatoria en el Instituto Franco-Inglés, donde conoció a Juan O'Gorman, quien años más tarde también lo seguirá a la ex Academia de San Carlos para estudiar arquitectura.

En plena lucha revolucionaria, cruzó el país en compañía de su madre para visitar a la familia materna, refugiada en El Paso, Texas. El viaje a los Estados Unidos le otorgó desde entonces el sobrenombre de “El Gringo” y, de manera más significativa, le aportó la visión de un México devastado y empobrecido pero, al mismo tiempo, inmensamente rico en paisajes, materiales y elementos.

A los 18 años, conoció a José Villagrán García cuando éste era estudiante de arquitectura y compañero de un primo suyo, Eduardo Jiménez del Moral. Por ese camino se interesó en la profesión. Así, en 1923 ingresó a la Escuela Nacional de Arquitectura, que entonces contaba con una plantilla de tan solo 36 alumnos y estaba alojada en la antigua Academia de San Carlos.

El segundo año de la carrera fue determinante por dos razones. Primera, se convirtió en uno de los primeros alumnos de Villagrán, quien fue invitado por los estudiantes a impartir un taller libre sobre composición. Con este maestro, él y su generación iniciaron poco después (1926) el estudio sistemático de una nueva teoría arquitectónica: el “Funcionalismo”, que enfatizaba la idea de que toda obra procede de “un programa que la condiciona y que debe ser minuciosamente analizado y correctamente interpretado para poder abordar con éxito la solución”.1 Los nuevos valores que exaltó esta teoría fueron los de “utilidad”, “sinceridad constructiva”, “valor estético o armonía” y “valor social o moral”. Todo esto significó un rompimiento definitivo con la arquitectura tradicional y academicista de entonces, que se limitaba a copiar estilos afrancesados o coloniales, ornamentar fachadas y utilizar molduras romanas o griegas.

La segunda razón, en ese mismo año de 1924, empezó su práctica en el oficio al ingresar como dibujante en el taller de Villagrán y de Carlos Obregón Santacilia, los dos arquitectos más innovadores en el país. Con este último, participó en los proyectos de los edificios del Banco de México (1925) y la Secretaría de Salubridad (1928), obras con un claro sentido moderno.

El 29 de noviembre de 1928 se recibió como arquitecto y meses después, gracias a un feliz golpe de suerte al ganar el premio de la lotería, emprendió un viaje de todo un año por Europa para conocer las expresiones arquitectónicas de Inglaterra, Francia, España, Italia, Suiza, Alemania, la entonces Checoeslovaquia, Holanda y Bélgica. Al igual que Le Corbusier, quien lápiz en mano estudió los estilos de las obras clásicas de la arquitectura europea, Del Moral también realizó una serie de dibujos y acuarelas de casas y edificios, con una extraordinaria calidad.

A su regreso, continuó trabajando en el taller de Obregón Santacilia, donde ascendió a residente de obra, posteriormente a jefe de taller y, por último, se convirtió en asociado (1933-35). En esta época participó en proyectos como el Monumento a la Revolución, los hoteles Reforma y Del Prado, con el arquitecto Marcial Gutiérrez Camarena, y la casa de Manuel Gómez Morín (1930), con Juan O'Gorman.

Primeras obras y labor docente

Durante los años treinta, Enrique del Moral inició sus primeros proyectos como arquitecto independiente y, de forma paralela, arrancó su larga y reconocida trayectoria docente en la Escuela Nacional de Arquitectura. Desde 1934 impartió la materia de "Croquis de Edificios" y también la de composición, de la que fue titular hasta 1950.

En 1936 instaló su despacho particular, asociado con el arquitecto Gutiérrez Camarena. Su primer proyecto fueron diez casas para obreros en su natal Irapuato; un proyecto con un importante contenido social, realizado a partir de encuestas con las propias familias de obreros y adaptado tanto a las condiciones económicas de los moradores como a las del clima y paisaje de la localidad.

Este periodo profesional coincidió con una nueva etapa en su vida: el 30 de noviembre de 1940 contrajo matrimonio con Elisa Madrid Moreno.

Fueron años en los que trabajó, por lo general, en proyectos privados, como casas habitación y edificios de departamentos en zonas residenciales de la Ciudad de México. Sin embargo, de esta época pueden destacarse algunas obras públicas representativas de su estilo particular, con soluciones austeras que privilegiaban el empleo de materiales locales y evitaban el dispendio: el Hospital General de San Luis Potosí (1943) y la Escuela de Casacuarán, Guanajuato (1946), que construyó junto con otras muchas escuelas más en esa entidad, como jefe de zona del Comité Administrativo del Programa Federal de Construcción de Escuelas (1944-46).

Su espíritu de búsqueda sobre la mexicanidad pasada y presente de la arquitectura desarrollada en el país, lo impulsó a inscribirse en el Seminario de Historia de las Ideas y de la Cultura en el Siglo XVIII, impartido por el doctor José Gaos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). De 1943 a 1946, ahí compartió ideas y amistad con intelectuales también interesados por descubrir la esencia y fuentes de lo mexicano en la filosofía, las ciencias y el arte: Edmundo O’Gorman, Leopoldo Zea, Bernabé Navarro y Justino Fernández, entre otros.

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