Enrique de Castilla el Senador (6 de marzo de 1230-Roa, 11 de agosto de 1303). Infante de Castilla. Fue hijo del rey Fernando III de Castilla y de su esposa, la reina Beatriz de Suabia y regente de Castilla entre 1295 y 1302.
Fue señor de Vizcaya, de Écija, Roa, Medellín, Almazán, Dueñas, Atienza, Berlanga de Duero, Calatañazor, San Esteban de Gormaz y Morón. Durante el reinado de su hermano, Alfonso X de Castilla, abandonó el reino y permaneció en Inglaterra, Túnez y en Italia, y posteriormente fue nombrado senador de Roma, y de ahí proviene el sobrenombre de el Senador con el que se le conoce. Tras la derrota del bando gibelino en la batalla de Tagliacozzo, fue encarcelado durante 23 años por orden de Carlos de Anjou. En 1291 fue libertado y regresó primero a Túnez, junto a su amigo el emir Abou Hafs, con quien estuvo tres años, y en 1294 se trasladó al reino de Castilla, donde su sobrino, el rey Sancho IV de Castilla le concedió el señorío de Vizcaya, cuya posesión ostentó el infante hasta el año 1295.
En 1295, a la muerte de su sobrino Sancho IV, fue nombrado tutor del rey Fernando IV de Castilla durante su minoría de edad, cargo que ejerció hasta el año 1302. Durante ese periodo gobernó el reino junto con la reina María de Molina, madre de Fernando IV, y desempeñó además los cargos de adelantado mayor de la frontera de Andalucía y mayordomo mayor del rey Fernando IV. Falleció en la localidad burgalesa de Roa el día 11 de agosto de 1303, cuando tenía aproximadamente 73 años de edad.
Fue hijo de Fernando III, rey de Castilla, y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia, y por parte paterna era nieto del rey Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla. Y por parte materna era nieto de Felipe de Suabia, rey de Romanos y duque de Suabia, y de Irene Ángelo, hija de Isaac II Ángelo, emperador del Imperio Romano de Oriente.
Fue hermano, entre otros, de Alfonso X el Sabio, del infante Fadrique de Castilla, ejecutado en 1277 por orden de Alfonso X, y del infante Manuel de Castilla, que fue el padre del célebre escritor Don Juan Manuel.
Juventud del infante y estancias en Túnez e Italia (1230-1294)
Nació el 6 de marzo de 1230, según algunas fuentes, aunque Salazar y Acha señala que debió nacer simplemente antes del día 10 de ese mes. Se distinguió en la conquista de la ciudad de Sevilla, defendiendo el campamento del rey junto a Lorenzo Suárez, y causando más de 550 bajas a los musulmanes, en un contraataque que dirigió el propio infante. Como recompensa por su defensa del campamento cristiano, su padre el rey le entregó los señoríos de Arcos, Lebrija, Morón de la Frontera y Medina Sidonia, aunque dichas plazas aún no habían sido arrebatadas a los musulmanes. La ciudad de Sevilla capituló ante su padre, Fernando III de Castilla, en 1248.
En 1252 falleció Fernando III en la ciudad de Sevilla y un año más tarde, en 1253, su hermano, Alfonso X, le colocó al mando de un ejército, y le ordenó que conquistase las ciudades de Lebrija y Arcos, que capitularon ante el infante cuando tuvieron conocimiento de que la ciudad de Jerez de la Frontera se había rendido ante las tropas de Alfonso X el Sabio. Una vez conquistadas las ciudades de Arcos y Lebrija, que Fernando III había dispuesto serían entregadas a su hijo Enrique, Alfonso X, ignorando las disposiciones paternas, reclamó al Maestre de la Orden de Calatrava los privilegios que confirmaban la donación por parte de Fernando III de esas ciudades al infante Enrique, y los destruyó en público en 1253, deteriorándose con ello aún más las relaciones entre el rey y el infante, que se vio desposeído de la posesión de Arcos, Lebrija, Morón de la Frontera, Medina Sidonia y Cote. La reina viuda de Fernando III, Juana de Danmartín, que mantenía excelentes relaciones con el infante Enrique, se vio desposeída, al igual que el infante Enrique, de varios de sus señoríos y latifundios por Alfonso X el Sabio. Además, el infante Enrique mantuvo en 1259, a su regreso de Inglaterra, una entrevista secreta con Jaime I el Conquistador en la localidad de Maluenda, planteándose la posibilidad de que el infante contrajese matrimonio con Constanza de Aragón, hija del soberano aragonés, que terminaría desposándose con el infante Manuel, hermano del infante Enrique. Dicha entrevista con el rey aragonés, y los rumores que circularon de la posible relación carnal entre el infante y Juana de Danmartín, ocasionaron el enojo de Alfonso X.
A finales de octubre de 1259 el infante Enrique, apoyado secretamente por Jaime I de Aragón, con cuya hija la Infanta Constanza, deseaba contraer matrimonio, conquistó el Reino Moro de Niebla y se enfrentó en armas contra su hermano el rey, que se oponía a su matrimonio, según nos cuenta Don Juan Manuel, en el Libro de las Armas, atacando desde sus ciudades de Arcos y Lebrija las tierras del rey, al tiempo que otros nobles, descontentos con Alfonso X, atacaban el reino desde las tierras de Vizcaya. Alfonso X envió a combatir contra el infante a Nuño González de Lara, quien fue derrotado en batalla singular, librada en las cercanías de Lebrija. Después de su triunfo personal, el infante Enrique con una fuerza de caballeros catalanes, se refugió en Lebrija, pero no pareciéndole un lugar seguro, buscó refugio en el reino de Aragón. Después de su derrota en Lebrija, el infante embarcó en el Puerto de Santa María con destino a la ciudad de Valencia. Sin embargo, el rey Jaime I no le acogió en su reino, con lo que el infante decidió demandar la ayuda de los reyes de Francia e Inglaterra.
El periodo de la vida del infante Enrique que comprende los años 1255-1260 es desconocido en muchos aspectos por ciertos historiadores. Mientras que la Crónica de Alfonso X señala que después de su salida del reino de Aragón en 1259 el infante Enrique se dirigió a Túnez, otros escritores sostienen que pasó a Francia e Inglaterra en 1254 y 1255, respectivamente, para solicitar la ayuda financiera de los monarcas de ambos reinos. Según esta versión de los hechos, el infante residió buena parte de los años entre 1255 y 1259 en Inglaterra, donde fue huésped de Enrique III de Inglaterra. En la corte inglesa se encontraba su medio hermana Leonor de Castilla, que había contraído matrimonio en 1254 en la ciudad de Burgos con el futuro Eduardo I de Inglaterra, hijo de Enrique III. Tras largas presiones de los embajadores de Alfonso sobre la base de los tratados anglo-castellanos, su cuñado se ve forzado a no extenderle refugio. Más en 1259 Enrique III autorizó y daba ayuda al infante Enrique para proveerse de tropas y navíos en la ciudad de Burdeos, a condición de que no causase molestia alguna a su hermano Alfonso X. Enrique de Castilla vivió en la corte de Enrique III donde fue testigo de la rebelión del Conde Simón de Montfort y los barones ingleses contrarios a la creación de impuestos para financiar la conquista de Sicilia demandada por el Papa Alejandro IV en 1258. También fue espectador de la creación del Parlamento Inglés. El Rey Enrique III le propuso el comando de la expedición contra Sicilia, pero esta empresa no prosperó. De estos hechos habla el libro de caballerías castellano Amadís de Gaula donde Don Enrique figura como el infante Brian de Monjaste, por lo cual algunos le han atribuido la autoría del libro.
Estancia del infante Enrique en Túnez (1259-1266)
En Bayona embarcó el infante Enrique, rumbo a Túnez, en 1259. Una vez en tierras africanas, el infante se puso al servicio del al-Mustansir, sultán de Túnez. Allí se unió a él su hermano, el infante Fadrique de Castilla, que había abandonado el reino de Castilla debido a sus desavenencias con el rey. La Crónica de Alfonso X refiere que el sultán de Túnez dispensó una calurosa acogida al Infante Enrique, debido a su condición de hijo de rey. El infante, junto con un grupo de caballeros a sus órdenes, combatió durante los años que permaneció en tierras africanas a los enemigos del sultán, adquiriendo además una gran fortuna. Junto al hermano del sultán Al Mustansir, el Emir Abou Hafs, Don Enrique conquistó la ciudad de Miliana en el Magreb. No obstante, según refiere la crónica de su hermano, comenzaron los súbditos del sultán a inquietarse y a mostrarse envidiosos de los triunfos del infante, cuya popularidad aumentaba por momentos debido a sus victorias. Por ello, comenzaron a presionar al sultán para que expulsase de sus tierras al infante. Según la crónica de su hermano, el infante Enrique fue entonces expulsado del reino de Túnez, habiendo previamente escapado de ser devorado por unos leones, que según el relato, habían sido encerrados en un corral con el propósito de que devorasen al infante Enrique. Frustrado el intento de asesinato según el relato, el infante fue expulsado del reino, de donde partió junto con los caballeros que le habían acompañado desde el principio de su expedición.