Enrique Molina Garmendia (La Serena, 4 de agosto de 1871-Concepción, 6 de marzo de 1964) fue un educador y filósofo chileno que promovió y ayudó a desarrollar la descentralización de la educación en Chile. Su mayor logro fue fundar en 1919 la Universidad de Concepción, la tercera más antigua del país y la primera en estar ubicada fuera de la capital Santiago. Es considerado el pedagogo más prestigioso de su generación, así como uno de los filósofos más influyentes de Chile.
En vida recibió diversas distinciones, entre ellas los reconocimientos de doctor honoris causa de la Universidad de Chile y de Rector Honorario Vitalicio de la Universidad de Concepción.
Hijo del notario o escribano Telésforo Molina y de Mercedes Garmendia, Enrique perdió a su madre cuando sólo tenía cuatro años de edad. Estudió en el Liceo de La Serena, ubicado en la ciudad de La Serena.
Apoyado por su padre, en 1887 se trasladó a vivir a Santiago para estudiar Medicina. Sin embargo, debido a los altos costos de los libros de estudio que le exigían para dicha carrera, decidió optar por estudiar Derecho. Así comenzó sus estudios de educación superior en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile; sin embargo, luego de la creación del Instituto Pedagógico en 1889, decidió cambiarse de carrera para titularse en 1892 de pedagogo de Historia y Geografía. Más adelante señaló de esta decisión:
Un año después, en 1890, comenzó su carrera docente en la ciudad de Chillán, en ese tiempo Región del Bío Bío, hoy la actual Región de Ñuble.
Desde entonces, durante toda su vida laboral desempeñó diversos cargos docentes y directivos.
Enrique Molina trabajó como profesor de Historia y Geografía en el Liceo de Chillán entre 1893 y 1903, época en que tuvo que aplicar la reforma educacional decretada por el gobierno vigente. En esta institución, entabló amistad con Alejandro Venegas, prestigioso escritor chileno y profesor de Castellano y Francés. En esta ciudad se integró al cuerpo de bomberos de Chillán siendo fundador de la cuarta compañía el 28 de mayo de 1893 según consta en las actas de la época.
Durante esta etapa, realizó un viaje de estudios por Alemania y Francia. Enrique Molina acabó su carrera inicial el 14 de marzo de 1902, adquiriendo así un segundo título de abogado, profesión que nunca ejerció. Ese mismo año, participó en el Congreso General de Educación, donde se debatió sobre si se debería preponderar el carácter humanista de la educación secundaria por sobre lo técnico, o viceversa. Enrique Molina era más partidario de lo primero.
En 1903 se trasladó a Concepción para hacer clases en el Liceo de Concepción —actualmente llamado en su honor Liceo Enrique Molina Garmendia— hasta 1905, año en que fue nombrado director del Liceo de Hombres de Talca. En esta institución, donde trabajó hasta 1915, comenzó un importante proceso de modernización de la educación y sus contenidos, apoyado por el Consejo de Instrucción Pública del Ministerio de Educación y por Venegas, a quien llamó para que ejerciera como vicerrector de establecimiento. El trabajo de Enrique Molina en Talca fue difícil, debido al conservadurismo y tradicionalismo de aquella ciudad:
En 1910 la Federación de Estudiantes de Chile (FECH) le encomendó representarla ante la Federación Universitaria de Buenos Aires durante las fiestas del Centenario de la Independencia. En la ocasión realizó su discurso Ideales para la juventud, en el que aboga por «heroísmo de la paz» (aun cuando no descarta que en un momento llegue a ser necesario el heroísmo de la guerra) que lleve a los jóvenes estudiantes a protagonizar la superación del sistema imperante en los países latinoamericanos, sobre la base de la educación, la ciencia, la filosofía y el cambio social, como un medio superación de las desigualdades y lo que denomina desperdicio de las energías sociales en que, a su juicio, incurren los países del continente.
Paralelamente a su estancia en Talca, en 1911 viajó nuevamente a Alemania y Francia, esta vez por razones de índole político-cultural, siendo enviado por el gobierno en reconocimiento a su labor académica. Un año después, participó en el Congreso de Educación Secundaria de Chile, donde criticó el libro de Francisco Antonio Encina Nuestra inferioridad económica, donde el autor responsabilizó a los liceos de los problemas económicos del país, al no priorizar la educación científica por sobre la humanista. Enrique Molina, que utilizó argumentos descritos en sus publicaciones de materia filosófica y educacional de aquellos años, defendió la importancia de una educación que combinara equitativamente la instrucción humanista con la científica.
En 1915 regresó a Concepción para trabajar nuevamente en el Liceo de Concepción, esta vez como profesor y rector, cargos que comenzó a ejercer al año siguiente y que mantuvo hasta 1935.
Paralelamente a sus cargos en instituciones de educación secundaria, Enrique Molina continuó participando en foros científicos y publicando textos en las áreas de la educación y la filosofía, así como otras enfocadas a la extensión de la educación secundaria a la universitaria. Por otra parte, presentó un proyecto al presidente de Chile de entonces, Juan Luis Sanfuentes, para la fundación de una universidad en Concepción, que sería la primera fuera de la capital. Sin embargo, el apoyo estatal fue rechazado.
Además, Molina participó activamente en la masonería. En 1917, las logias masónicas 2 y 13 constituyeron el Comité pro-Universidad y pro-Hospital Clínico, iniciativa en la que participaron varios connotados intelectuales chilenos, tales como Edmundo Larenas Guzmán y Virginio Gómez, y que buscaba la creación de una casa de estudios superiores para toda la zona centro-sur y sur del país. Enrique Molina asumió la presidencia de dicho comité.
En 1918, y ya con la idea de crear la primera universidad chilena fuera de la capital, Enrique Molina viajó, nuevamente apoyado por el gobierno, esta vez a Estados Unidos con el objetivo de conocer las innovaciones recientes en pedagogía realizadas en dicho país, y observar la estructura universitaria estadounidense. Allí pudo conocer las universidades de Berkeley, Stanford, Wisconsin, Chicago, Northwestern, Columbia, Yale, Filadelfia, Princeton y Harvard.
Dicho viaje fue determinante para el filósofo, quien más tarde insistió en la creación de un campus universitario que siguiera las ideas de la Universidad de California en Berkeley.
El 14 de mayo de 1919, se fundó la Universidad de Concepción a través del apoyo de distintos municipios regionales, damas penquistas, de las colonias española e italiana y de la creación de las «donaciones por sorteo», que en 1921 se convirtieron en la Lotería de Concepción. Esta institución adquirió desde el comienzo un amplio prestigio educativo a nivel nacional. A partir de ese año, Molina Garmendia asumió como profesor de Filosofía y Sociología de la casa de estudios, además de los puestos de Rector y Presidente de ésta, cargos que ocupó hasta abril de 1956, cuando se le otorgó el título de Rector Honorario Vitalicio de la Universidad.
En 1924, cuando presidía un grupo de investigadores y profesores de la Universidad, Enrique Molina fundó la revista Atenea con el objetivo de difundir el pensamiento y la obra de intelectuales, políticos, artistas y académicos de los ámbitos culturales chileno y latinoamericano. Esta revista sigue estando activa hasta la actualidad y, desde 1929, ha entregado el Premio Atenea, otorgado a autores de obras destacadas de ciencia o literatura.