Emilio Butragueño Santos (Madrid, 22 de julio de 1963) es un exfutbolista español, dos veces nombrado «Balón de Bronce» en 1986 y 1987 e incluido en la lista FIFA 100, junto a los considerados 123 mejores futbolistas de la historia, entre otras distinciones.
Durante su carrera futbolística, ocupó la demarcación de delantero y se formó en las categorías inferiores del Real Madrid Club de Fútbol, donde abanderó una exitosa generación de futbolistas conocida como «La Quinta del Buitre», en referencia a su apodo y es el cuarto goleador histórico del equipo filial con 40 tantos. Debutó con el primer equipo en 1984 y logró quince títulos en sus once temporadas como madridista antes de finalizar su carrera en activo en 1998 en las filas del Atlético Celaya de México. Es considerado como una de las mayores figuras tanto del club madrileño —donde es además uno de sus máximos goleadores históricos— como del fútbol español a lo largo del tiempo, habiendo conquistado 16 títulos oficiales y un subcampeonato de Eurocopa de selecciones nacionales.
Debido a sus goles, logros y trayectoria, fue incluido por la FIFA en el salón de la fama del fútbol en el año 2012.
Actualmente, y tras la vuelta de Florentino Pérez a la presidencia del club madrileño, se incorporó de nuevo a su área directiva en 2010 con el cargo de director de relaciones institucionales del club, y tras haber desempeñado labores de dirección deportiva y vicepresidencia en su primera etapa.
Es licenciado en ciencias económicas y empresariales y posee un máster en gestión de entidades deportivas.
Nació en Madrid el 22 de julio de 1963 y tan solo un día después de su nacimiento ya figuraba como socio del Real Madrid Club de Fútbol a instancias de su padre, aficionado y socio del club. En su infancia estudió en el desaparecido y prestigioso Colegio San Antón de Madrid. Posteriormente, al trasladarse su familia a otra zona de la capital, formó parte de los equipos de baloncesto y fútbol del Colegio Calasancio de Madrid de los Padres Escolapios, además de con el Real Club Deportivo Casariche Balompié.
El 13 de julio de 1980 formó parte del equipo vencedor del Torneo AS por lo que su padre le llevó a realizar una prueba para ingresar en las categorías inferiores del Real Madrid Club de Fútbol aunque no fue admitido en primera instancia. Debido a ello, recibió la llamada del Club Atlético de Madrid, equipo rival de los madridistas y en el que permaneció entrenando durante dos o tres días. Ante las dudas tanto suyas como de su padre de comprometerse con el club rival, intervino el dueño del restaurante El Tulipán —propiedad del padre de Juan Antonio de Felipe (no confundir con el delantero Juan Gómez, igualmente apodado Juanito), lateral del Castilla también proveniente del Calasancio—, que habló con Miguel Malbo, responsable de las divisiones inferiores, y consiguió que le realizaran una segunda prueba tras la que finalmente fue admitido. El informe realizado expresaba: «Técnicamente maneja bien las dos piernas, sobre todo la derecha. En el puesto de centrocampista ve el fútbol con una facilidad asombrosa.»
Líder generacional del «Madrid de la Quinta del Buitre»
Debutó con el Castilla Club de Fútbol, equipo filial del Real Madrid Club de Fútbol, el 24 de abril de 1982 en el Estadio Santiago Bernabéu venciendo por 2–1 al Real Oviedo. En la temporada 1983-84 fue la de su asentamiento en un equipo en el que despuntaba una gran promoción de canteranos. De entre ellos destacaban especialmente cinco por encima del resto, Miguel Pardeza, Manuel Sanchís, Miguel González, Rafael Martín Vázquez y Butragueño, un onubense y cuatro madrileños. Con el paso del tiempo se la consideró como la mejor generación de canteranos que ha tenido el club tanto por su trayectoria y trascendencia como por sus éxitos deportivos.
Fue el periodista Julio César Iglesias quien daría nombre a la generación y primero por tanto en usar un apelativo por el que fueron recordados. Fue tras la publicación de un artículo suyo por el diario El País el 14 de noviembre de 1983 bajo el titular de «Amancio y la quinta de ‘El Buitre’» donde los jugadores y su equipo comenzaron a cobrar una especial repercusión en el fútbol español pese a su temprana madurez. En él, Iglesias hablaba de un grupo de cinco futbolistas que por entonces destacaban en el filial madridista, ensalzando un estilo de juego hasta entonces desconocido en España muy aplaudido entre la afición. El artículo y la generación estaban aún por ser recordados.
Entrenados por el gallego Amancio Amaro, exjugador histórico del primer equipo madridista, el equipo llegó a proclamarse campeón del Campeonato Nacional de Liga de Segunda División siendo el primer y único filial de la historia en conseguirlo. En ese momento el club llevaba tres años sin ganar el Campeonato de Liga —de Primera División— y existía un descontento en la afición, que en ocasiones provocó que los partidos del Castilla C. F. contaran con más asistentes al estadio que los del primer equipo. Butragueño, delantero centro del equipo, anotó un total de 21 goles en 21 partidos quedándose a dos del «pichichi» Julio Salinas del Bilbao Athletic, escapándosele el mérito ya que disputó esa misma temporada diez partidos en la máxima categoría de Liga con el primer equipo. Llegó a anotar tres más esa temporada con el filial correspondientes a la Copa del Rey, sumando un total de 40 en 79 apariciones en apenas tres temporadas.
Su debut esa misma campaña con el primer equipo —de la mano del entonces entrenador Alfredo Di Stéfano— se produjo el 5 de febrero de 1984, en el partido correspondiente a la jornada 22 en el estadio Ramón de Carranza frente al Cádiz Club de Fútbol. Salió desde el banquillo en el descanso sustituyendo a uno de sus coetáneos, Manolo Sanchís, cuando su equipo perdía por 2–0 para darle la vuelta al marcador marcando dos goles —uno de ellos el de la victoria— situando al equipo como líder del campeonato. Di Stéfano, su primer entrenador, lo definió con su peculiar estilo: «Este tipo tiene el gol en el cuerpo». Desde entonces fue un fijo en el equipo cerrando la campaña con seis goles en doce encuentros; 30 en 42 sumando las participaciones en las dos categorías y con la peculiaridad de ser el último de la quinta en debutar con el primer equipo.
Hubo que esperar hasta el 12 de diciembre para ver otra de sus grandes actuaciones y la que le corroboró como uno de los mejores futbolistas de la época con tan solo 21 años. Correspondiente a la octavos de final de la Copa UEFA frente al Royal Sporting Club Anderlecht, los madrileños afrontaban el partido de vuelta con un 3–0 desfavorable de la ida. Fue una de las recordadas remontadas que protagonizaba el equipo en las competiciones europeas, donde se superó el resultado adverso ganando por 6–1, siendo Butragueño el autor de tres goles. El equipo terminó por vencer aquella edición de la Copa UEFA siendo el séptimo título europeo del club desde que venciese su sexta Copa de Europa en 1966, competición que se le resistió al futbolista en su época en activo.
Cuatro de los cinco futbolistas de la quinta se encontraban no solo asentados en el primer equipo sino que con el paso de los años se convirtieron en los referentes del equipo de un relevo generacional en la que de nuevo Butragueño se convirtió en el referente. Sus actuaciones repercutieron a nivel mundial y fue galardonado con el Trofeo Bravo en 1985 y 1986 como mejor jugador europeo sub-23, y Balón de Bronce en 1986 y 1987 siendo el primer español en aparecer entre los finalistas del premio desde que lo hiciera Luis Suárez en 1965.
El jugador llevó al equipo a vencer cinco ligas de manera consecutiva, igualando la gesta de principios de los años sesenta del «Madrid de Di Stéfano», siendo ambos los mejores registros logrados por un club en la competición. Sus éxitos, extendidos a territorio europeo, solo se vieron truncados por la aparición de otro de los grandes equipos de la historia del fútbol y que rivalizó con el de Butragueño, el del «Milan de Sacchi». El conjunto italiano fue uno de los que le privó conseguir la Copa de Europa. Tras lograr dos Copas de la UEFA de manera consecutiva, disputó tres semifinales consecutivas de Copa de Europa: en 1987 fueron eliminados por el Fußball Club Bayern, en 1988 por el Philips Sport Vereniging en la recordada «noche negra de Eindhoven», y en 1989 contra la citada Milan Associazione Calcio —quien les eliminó de nuevo en la edición sucesiva—, sin poder lograr para el club la por entonces ansiada «séptima» Copa de Europa, que por otro lado levantó finalmente su compañero de quinta Sanchís nueve años después.