Emiliano Zapata Salazar (Anenecuilco, Morelos, 8 de agosto de 1879-Chinameca, Morelos, 10 de abril de 1919), conocido como el Caudillo del Sur, o el Atila del Sur, fue un líder campesino mexicano que participó en la Revolución mexicana como comandante del Ejército Libertador del Sur. Zapata se posicionó como uno de los principales revolucionarios desde la presidencia de Francisco I. Madero en 1911, hasta su asesinato por órdenes del presidente de México Venustiano Carranza en 1919. De ascendencia indígena nahua, es considerado un símbolo de lucha y resistencia campesina en México.
Fue ideólogo e impulsor de las luchas sociales y las demandas agraristas, así como de justicia social, libertad, igualdad, democracia social, propiedad comunal de las tierras y el respeto a las comunidades indígenas, campesinas y obreras de México, víctimas de la oligarquía y el latifundismo de los hacendados del Porfiriato. Aunque Zapata fue excluido, junto con Pancho Villa, del Congreso Constituyente de 1917, a ellos se debe el constitucionalismo social que de ahí surgió, especialmente el artículo 27.
Emiliano Zapata Salazar nació el 8 de agosto de 1879 en Anenecuilco, Morelos, México, siendo hijo de Gabriel Zapata y Cleofas Salazar. Tuvo seis hermanas (Celsa, Ramona, María de Jesús, María de la Luz, Jovita y Matilde) y tres hermanos: Pedro, Eufemio (quien también alcanzó el grado de general en la Revolución) y Loreto. Su abuelo materno, José Salazar, militó en el ejército de José María Morelos y Pavón durante el sitio de Cuautla; sus tíos paternos Cristino y José Zapata lucharon en la guerra de Reforma y en la Intervención Francesa a las órdenes de los generales Carlos Pacheco y Porfirio Díaz. Su infancia se desarrolló en el contexto del latifundismo porfirista en Morelos. Realizó sus primeros estudios con el profesor Emilio Vera, quien había sido un viejo soldado juarista. A sus nueve años, al presenciar el despojo de tierras a campesinos indígenas y mestizos ocasionadas por hacendados de la zona, y después de escuchar a su padre que le respondía que nada podía hacerse, le dijo con entusiasmo y valentía:
Tenía 16 años cuando murió su madre, 11 meses después perdió a su padre. Pronto trabajó como labrador y arriero. El 15 de junio de 1897 fue aprehendido por las fuerzas rurales de Cuernavaca, durante la fiesta del pueblo de Anenecuilco. Su hermano Eufemio logró que lo dejaran en libertad, pistola en mano. Por esta razón, los hermanos Zapata abandonaron el estado. Emiliano permaneció un año trabajando en la hacienda de Jaltepec en Puebla.
1906-1910: incursiones políticas iniciales
En 1906 asistió a una junta de campesinos en Cuautla para discutir la forma de defender sus tierras y las del pueblo frente a los hacendados colindantes. Su rebeldía lo condenó a la leva (conscripción), y en 1908, Zapata fue incorporado al 9.º Regimiento de Caballería, bajo el mando del coronel Alfonso Pradillo. En Cuernavaca, Zapata fue asignado como caballerango de Pablo Escandón, jefe de Estado Mayor de Porfirio Díaz; tras lo cual fue trasladado a cumplir las mismas funciones bajo el mando de Ignacio de la Torre, yerno del General Porfirio Díaz, quien le tomaría especial afecto por su destreza y conocimiento con los caballos.
El 24 de enero de 1909, fue fundado en Villa de Ayala el Club Melchor Ocampo que apoyó la candidatura de oposición de Patricio Leyva para el gobierno del estado de Morelos, entre cuyos integrantes figuró Zapata siendo esta su primera aparición política ajena al mundo campesino apoyando a dicho candidato en contra de los latifundistas como Pablo Escandón y Barrón, dueño de la hacienda San Diego Atlihuayán.
El 12 de septiembre de 1909, Emiliano Zapata fue elegido calpuleque (del náhuatl: kalpoleh ‘jefe o dueño del calpolli’) de la Junta de Defensa de las tierras de Anenecuilco-Villa de Ayala-Moyotepec donde empezaría a analizar documentos que se originaron en el virreinato que acreditaban los derechos de propiedad de los pueblos sobre sus tierras, los cuales habían sido negados por las Leyes de Reforma, sobre todo la Ley Lerdo que obligó a las corporaciones civiles a vender o ser expropiadas las tierras improductivas, lo cual fue motivo en su tiempo del apoyo de varios líderes indígenas como Tomás Mejía a los gobiernos conservadores mexicanos y al Segundo Imperio Mexicano. Estas leyes además fueron aprovechadas por varias personas para acrecentar sus tierras de manera ilegal al solicitar la propiedad de zonas comunales que los pueblos no trabajaban. Por esto, se convertiría en dirigente agrario de Morelos, su estado natal.
En febrero de 1910 fue incorporado por la fuerza al Noveno Regimiento de caballería con sede en Cuernavaca, con el grado de soldado raso. En mayo de ese mismo año, recuperó por la fuerza las tierras de la Hacienda del Hospital que eran protegidas por el jefe de policía, José A. Vivanco, y que dejó en posesión de los campesinos del lugar. Por este hecho tuvo que escapar varias veces del gobierno, pues fue declarado bandolero. Algunos meses después participó en la reunión que se celebró en Villa de Ayala, con objeto de discutir lo que después se convertiría en el plan de Ayala. Reunió a los vecinos de tres pueblos: Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec. Con ellos inicia un nuevo reparto de tierras derribando las cercas.
1910-1912: revolución maderista y plan de Ayala
Al proclamar Francisco I. Madero el Plan de San Luis, que marcaba el inicio de la Revolución de 1910, Zapata leyó un ejemplar; llamándole la atención especialmente el artículo tercero, que ofrecía la restitución de las tierras a sus "antiguos poseedores". Emiliano Zapata sostiene pláticas con Pablo Torres Burgos, un influyente maestro rural, y con Gabriel Tepepa, Catarino Perdomo y Margarito Martínez. Se llega al acuerdo de que Torres Burgos, quien era el más letrado del grupo, se entrevistara con el Jefe de la Revolución, Francisco I. Madero, en San Antonio, Texas.
Tras esta entrevista decidieron tomar las armas Pablo Torres Burgos, Emiliano Zapata, Rafael Merino y cerca de 60 campesinos, entre los que se encontraban Catarino Perdomo, Próculo Capistrán, Manuel Rojas, Juan Sánchez, Cristóbal Gutiérrez, Julio Díaz, Zacarías y Refugio Torres, Jesús Becerra, Bibiano Cortés, Serafín Plascencia, Maurilio Mejía y Celestino Benítez: el 10 de marzo de 1911, reunidos durante la feria de cuaresma en la ciudad de Cuautla, proclamaron el Plan de San Luis. Zapata se dirigió hacia el sur, pues ya era perseguido por Aureliano Blanquet y su batallón de soldados. En este período del movimiento zapatista sobresalen las batallas de Chinameca, Jojutla, Jonacatepec, Tlayecac y Tlaquiltenango, así como la muerte del zapatista y antiguo líder del movimiento suriano, Pablo Torres Burgos, que incluso precedió al mismo Emiliano. A la muerte del mismo, Emiliano Zapata es elegido por la junta revolucionaria del sur, el 29 de marzo de 1911, nuevo jefe revolucionario maderista del sur. Las reivindicaciones zapatistas (que serían contenidas en el plan de Ayala de noviembre de 1911) suponían una reforma agraria radical —«La tierra es de quien la trabaja», frase de Teodoro Flores, padre de los hermanos Flores Magón, que se convertiría en lema de su lucha—[cita requerida] inaceptable para los sucesores de Porfirio Díaz. Lo mismo se puede decir de Francisco León de la Barra quien, haciendo uso de su facultad de presidente, encabezó diversos enfrentamientos políticos y armados con el jefe suriano, e incluso del mismo Francisco I. Madero.
Emiliano Zapata establece su cuartel general en Cuautlixco, pueblo cercano a Cuautla. Desde ahí dirigió el ataque al Ejército porfirista, defendido por el 5.º Regimiento, al mando del coronel Eutiquio Munguía; además de un Cuerpo Rural, a las órdenes del comandante Gil Villegas. El 29 de marzo, Zapata asumió el mando de las fuerzas revolucionarias que en ese momento constaban de cerca de mil hombres. El 2 de abril toma Huehuetlán, Puebla y logra tomar la ciudad el 13 de mayo de 1911. Al triunfo del maderismo, Zapata no concibe el licenciamiento de sus tropas sin que a cada uno se le otorgue la seguridad de tierras para sembrar a cambio de sus fusiles. Para él, la guerra no terminaba con el derrocamiento del porfirismo, sino con la cristalización del objetivo del pueblo campesino: la devolución de las tierras robadas por los hacendados millonarios.