Emilia-Romaña (en italiano: Emilia-Romagna; en emiliano: Emélia-Rumâgna; en romañol: Emîlia-Rumâgna) es una de las veinte regiones que conforman la República Italiana. Su capital y ciudad más poblada es Bolonia.
Está ubicada en la Italia nororiental, limitando al norte con Lombardía y Véneto, al este con el mar Adriático, al sur con Marcas, San Marino y Toscana, al suroeste con Liguria y al oeste con Piamonte. Con 4 450 451 habitantes en 2013 es la sexta región más poblada —por detrás de Lombardía, Lacio, Campania, Sicilia y Véneto— y con 22 496 km², la sexta más extensa, por detrás de Sicilia, Piamonte, Cerdeña, Lombardía y Toscana.
Constituida oficialmente el 7 de junio de 1970, es una región densamente poblada, especialmente en la llanura central. Está compuesta por la unión de dos regiones históricas: Emilia, que comprende las provincias de Plasencia, Parma, Reggio Emilia, Módena, Ferrara y buena parte de la de Ciudad metropolitana de Bolonia con la capital, y la Romaña, con las restantes provincias de Rávena, Rímini, Forlì-Cesena y la parte oriental de la Ciudad metropolitana de Bolonia (Imola y zonas limítrofes). La Romaña histórica comprende, por otro lado, pequeños territorios en las Marcas y Toscana.
Las áreas que constituyen la región actual están pobladas desde tiempos remotos, como indican varios hallazgos: el caso más famoso es el del sitio de monte Poggiolo, en los alrededores de Forlì, donde se han reunido millares de objetos que datan de alrededor de hace 800 000 años, lo que demuestra que la zona ya estaba habitada en el Paleolítico.
El nombre de Emilia–Romagna tiene raíces en el legado romano en estas tierras. Emilia se refiere a la via Æmilia, una importante calzada romana que conectaba Roma a la parte septentrional de Italia. Romagna representa un desarrollo de Romània; cuando Rávena era la capital de la porción itálica del Imperio bizantino, los longobardos extendieron el nombre oficial del Imperio hasta las tierras alrededor de Rávena.
La región de Emilia-Romaña está formada por nueve provincias y se extiende por una superficie de 22 124 km². Casi la mitad de la región (50 %) son llanuras, mientras que el 25 % es terreno de colinas y un 25 % montañoso. La región tiene, aproximadamente, forma de triángulo: el lado sur lo constituyen los Apeninos, el lado norte el río Po, y la ribera adriática el lado oriental. También el valle de Trebbia es un límite natural de Emilia-Romaña.
La geología varía, con lagunas y áreas de salinas en el norte y muchas fuentes termales por todo el resto de la región como resultado de surgimientos de aguas subterráneas que salen a la superficie en diferentes períodos de la historia.
Partiendo desde el norte, el paisaje cambia sucesivamente a medida que se baja. Primero se encuentra la fertílisima llanura del Po, con sus afluentes. Esta zona fue históricamente muy pantanosa, pero se ha ido drenando y actualmente es un suelo muy fértil. Abarca alrededor de la mitad de la región. La llanura se formó por la retirada gradual del mar de la cuenca del Po y por los desechos depositados por los ríos. Casi enteramente marisma en los tiempos antiguos, su historia está caracterizada por el duro trabajo de su pueblo para reclamar y dar nueva forma a la tierra para lograr un mejor nivel de vida. Después hay una zona intermedia de colinas subapeninas. Y al sur se halla una zona montañosa con los Apeninos ligures y los tosco-emilianos. La sección de Emilia-Romaña de los montes Apeninos está marcada por zonas de flysch, erosión de tierras baldías (calanques) y cuevas. Las montañas se extienden más de 300 km desde el norte hasta el sureste, con solo tres picos por encima de los 2000 m - Monte Cimone (2165 m), Monte Cusna (2121 m) y el Alpe de Succiso (2017 m).
Recorren la Emilia-Romaña el Reno y numerosos afluentes del río Po: Trebbia, Ceno, Taro, Enza, Secchia y el Panaro. Todos los ríos surgen localmente en los Apeninos, excepto el Po, que tiene su fuente en los Alpes, en el Piamonte concretamente, y sigue la frontera norte de Emilia-Romaña durante 263 km.
La costa, generalmente baja y arenosa al norte hacia el delta del Po, está caracterizada por aspectos semilagunares (los Valles de Comacchio).
La vegetación de la región puede dividirse en cinturones: el cinturón de roble común está ahora cubierto por huertos de frutales y campos de trigo y remolacha azucarera; el cinturón pubescente y el cinturón del roble adriático en las laderas inferiores hasta 900 m, el cinturón de hayas entre 1000 y 1500 m, y finalmente el cinturón de brezo montañoso.
Emilia-Romaña estuvo muy poblada desde el Paleolítico y el Neolítico, como demuestran los hallazgos líticos y los restos de cabañas y de poblados lacustres dispersos por toda la región. A partir del siglo X a. C. se encuentran vestigios de la civilización villanoviana, que en el siglo VI a. C. fue sustituida por la etrusca. Luego pasó a manos de los galos cisalpinos. En el siglo III a. C. tuvo lugar la conquista romana con la colonización de todo el territorio y la construcción de la vía Emilia, tras lo cual la región se convirtió en la Regio VIII Aemilia dentro de la Italia romana.
En el siglo V, Rávena fue elegida capital del Imperio de Occidente. Posteriormente, se convirtió en capital del reino romano-bárbaro de Odoacro y Teodorico el Grande, y luego del Exarcado de Italia bajo los bizantinos, en contraposición con los longobardos que, mientras tanto, habían conquistado la parte occidental de la región. La zona costera de Emilia, que estuvo gobernada por los bizantinos de 540 a 751, pasó a ser conocida como una región separada de la Romaña.
Más tarde, los centros principales estuvieron gobernados por los obispos (siglos IX-XI), a continuación se formaron las primeras comunas (siglo XII) que, reunidas, consiguieron vencer los planes hegemónicos del emperador Federico II.
En los siglos XIV y XV prevalecieron las señorías de los Este en Ferrara, Da Polenta en Rávena, Manfredi en Faenza, Bentivoglio en Bolonia y Malatesta en Rímini. Durante la Edad Media, las actividades comerciales, la cultura y la religión florecieron gracias a los monasterios de la región y la Universidad de Bolonia, que es la universidad más antigua de Europa; sus activas ciudades y su política están personificadas en la figura histórica de la emperatriz Matilde de Canossa.
A principios del siglo XVI, César Borgia con sus conquistas preparó el terreno al dominio papal sobre la región, que se verificó en los siglos sucesivos. En el Renacimiento, se convirtió en la sede de refinadas señorías como la de Este de Ferrara y los Malatesta de Rímini. En los siglos siguientes, la región se vio dividida entre el gobierno de los Estados Pontificios, la Farnesio, el Ducado de Parma y Plasencia, y el Ducado de Módena y Reggio. En el siglo XVI, la mayor parte fue incluida en los Estados Papales, pero los territorios de Parma, Plasencia y Módena permanecieron independientes.
A finales del siglo XVIII, Napoleón englobó la región en el Reino de Italia. En el siglo XIX tuvo lugar la ocupación austriaca, el Resurgimiento y la anexión al Reino de Italia en 1860.
Emilia-Romaña tiene una población de 4 405 486 habitantes (2010), con una densidad de 196,27 hab./km², está justo por encima de la media nacional. La población en esta región ha estado tradicionalmente bien distribuida, de manera que no hay una metrópolis dominante sino un eje de ciudades de tamaño mediano a lo largo de la vía Emilia, donde se concentra la producción de la mayoría de la producción industrial regional. También la costa de Romaña está densamente poblada gracias al enorme boom del turismo de costa en las últimas décadas. En las zonas periféricas de los montes Apeninos y las llanuras agrícolas alrededor de Ferrara y Plasencia la población es menos densa.