Elisabeth Kübler Ross (Zúrich, 8 de julio de 1926-Scottsdale, Arizona, 24 de agosto de 2004) fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, las personas moribundas y los cuidados paliativos, autora y creadora de las cinco etapas del duelo, también conocidas como el "modelo Kübler-Ross".
En 1970, Kübler-Ross impartió la Conferencia Ingersoll en la Universidad de Harvard, centrada en su libro Sobre la muerte y el morir (1969). Para julio de 1982, Kübler-Ross había enseñado a 125 000 estudiantes en cursos sobre la muerte y el morir en universidades, seminarios, facultades de medicina, hospitales e instituciones de trabajo social. En 1999, la Biblioteca Pública de Nueva York nombró a Sobre la muerte y el morir uno de sus "Libros del Siglo", y la revista Time la reconoció como una de las "100 pensadoras más importantes" del siglo XX. A lo largo de su carrera, Kübler-Ross recibió más de 100 premios, incluidos veinte doctorados honoris causa, y fue incorporada al Salón Nacional de la Fama de las Mujeres en 2007. En 2024, Simon & Schuster publicó una lista de sus 100 libros más notables, incluido Sobre la muerte y el morir de Kübler-Ross.
Nació el 8 de julio de 1926 en Zúrich, Suiza, en el seno de una familia cristiana protestante. Fue la primera de tres hijas trillizas, dos de ellas idénticas. Su vida estuvo en peligro debido a complicaciones, ya que pesó solo 2 libras al nacer. Las tres hermanas vestían igual, recibían los mismos regalos, realizaban las mismas actividades y las personas reaccionaban ante las trillizas no como individuos, sino como grupo. Esta vivencia afectó a su sentido de identidad y le ayudó a reconocer entre las personas quiénes son auténticamente ellas mismas.
A los 5 años, ingresó en el hospital por una neumonía, y allí tuvo su primer contacto con la muerte al asistir al fallecimiento de su compañera de habitación. En otra ocasión, vio a un vecino tranquilizar sosegadamente a su familia mientras se preparaba para su inminente muerte tras haber sufrido una fractura de cuello. Tales experiencias la llevaron al convencimiento de que la muerte era solo una de las muchas etapas de la vida, y de que las personas moribundas y quienes las rodean deberían estar preparadas para afrontarla con paz y con dignidad.
Siendo todavía adolescente, trabajó en Francia, Polonia e Italia, reconstruyendo comunidades devastadas por la Segunda Guerra Mundial como asistente de laboratorio en un hospital para refugiados de guerra; luego, en 1945, se convirtió en una activista del Servicio Voluntario Internacional para la Paz.
Justo después de la liberación de Europa en 1945, visitó Majdanek, un campo de concentración donde habían muerto más de 300.000 personas. Allí conoció a una niña que se había quedado atrás cuando las cámaras de gas no podían contener a otra persona. En lugar de permanecer amargada, recordó Kübler-Ross, esa niña eligió perdonar y olvidar. La niña dijo: «Si puedo cambiar la vida de una persona del odio y la venganza, al amor y la compasión, entonces merecería sobrevivir».
Las experiencias en Polonia cambiaron su vida para siempre: decidió pasar su vida sanando a otras personas. Las paredes de los barracones estaban llenas de dibujos de mariposas. Esos dibujos le marcaron, y a partir de entonces se dedicó en cuerpo y alma a crear una nueva cultura sobre la muerte. Convirtió el símbolo de la mariposa en un emblema de su trabajo, ya que para ella este hecho significaba el renacimiento hacia un estado de vida superior.
En contra de los deseos de su padre, se matriculó en la facultad de medicina de la Universidad de Zúrich en 1951 y se graduó en 1957. En 1958 se casó con un compañero de estudios, Emanuel Robert Ross. La pareja se mudó a Nueva York para realizar pasantías en el Glen Cove Community Hospital de Long Island. Kübler-Ross luego completó una residencia de tres años en Psiquiatría en el Manhattan State Hospital y estuvo durante un año en el Montefiore Hospital en el Bronx.
En 1960, Elisabeth dio a luz a su primer hijo, Kenneth, el 31 de julio. Antes del nacimiento de Kenneth, había experimentado varios abortos espontáneos. En 1962, Kübler-Ross y su familia abandonaron Nueva York para buscar nuevos trabajos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado en Denver. En diciembre de 1963 nació su segundo hijo, una hija, Barbara. En 1965 se mudó a Chicago, donde se convirtió en profesora asistente de psiquiatría en el Hospital Billings, afiliado a la Universidad de Chicago. Allí, comenzó a centrarse en el tratamiento psicológico de pacientes terminales que padecían ansiedad. Descubrió que muchos profesionales de la salud preferían evitar hablar de la muerte con sus pacientes, dejándoles que se enfrentaran a la muerte en soledad. Las facultades de medicina prefirieron centrarse en la recuperación de los pacientes en lugar de en su muerte. Sin embargo, persistió en su trabajo, organizando seminarios sobre la muerte y el morir con cuidadores, personal sanitario y otras personas, que atrajeron a un gran público.
El éxito de su primer libro, Sobre la muerte y los moribundos (1969) la impulsó a dedicar su práctica clínica a los pacientes moribundos y a fundar el Shanti Nilaya («hogar de paz»), un centro de curación cerca de la ciudad californiana de Escondido. En la década de 1980 comenzó a concentrarse en ayudar a pacientes con sida y a otros enfermos que debían enfrentarse a la muerte. Kübler-Ross continuó con este trabajo hasta que se jubiló en 1996. Ayudó a muchos familiares a manejar su pérdida, a saber cómo enfrentarse a la muerte de un ser querido; les explicó cómo apoyar a la persona en agonía, lo que debía hacerse en esos difíciles momentos y lo que debía evitarse. Bajo su tutela se crearon fundaciones y movimientos cívicos que reclamaban el derecho a una muerte digna. Y comenzaron a publicarse libros, gracias a los cuales miles de familias recibieron consuelo. Toda su obra versa sobre la muerte y el acto de morir, y en ella va describiendo diferentes fases de la persona enferma según se aproxima su final: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Educada en su niñez en el calvinismo, no perteneció a ninguna confesión religiosa, aunque manifestó aprecio por la labor de los capellanes católicos y protestantes de los hospitales. En su autobiografía, La rueda de la vida, se declara religiosa «a su manera», apela a un Dios providencial y amoroso y reivindica el valor enriquecedor del sufrimiento. Fue una mujer de carácter, independiente, aguerrida y muy inquieta. Su interés por el más allá la llevó a un entusiasta acercamiento durante tres años a sesiones de espiritismo, lo que precipitó la separación de su marido, que solicitaría el divorcio en 1976.
Talleres sobre la vida, la muerte y la transición
A finales de los años 70, la Dra. Elisabeth Kübler-Ross desarrolló una serie de talleres residenciales de cinco días destinados a ayudar a las personas que se acercaban al final de sus vidas a vivir más plenamente durante el tiempo que les quedaba. Estos talleres estaban diseñados para dar cabida no solo a los moribundos, sino también a sus cuidadores, a quienes se animaba a participar en las sesiones. Los talleres proporcionaban un foro para que los pacientes compartieran sus historias y expresaran sus miedos, su ira y su dolor por su muerte inminente. Un tema recurrente en los talleres era abordar los remordimientos asociados con la percepción de pérdida de tiempo y energía relacionada con problemas infantiles no resueltos, como el abuso y el abandono. Estos problemas no resueltos a menudo se manifestaban como ira fuera de lugar, perfeccionismo, comportamiento controlador, priorización de la riqueza material sobre las relaciones, sentimientos de indignidad y falta de sentido.
Para abordar la intensidad de estas emociones, la Dra. Kübler-Ross incorporó técnicas para ayudar a los participantes a exteriorizar sus emociones, incluida la liberación de la rabia, el dolor y el miedo enterrados. Este enfoque a menudo facilitó una comprensión y resolución más profundas del dolor de larga data, lo que llevó a una transformación del miedo y el dolor en gratitud. Reconociendo que los cuidadores también se beneficiaban de los talleres, la Dra. Kübler-Ross abrió las sesiones a cualquier persona que buscara vivir más plenamente hasta la muerte.