Tal Día como Hoy

El Viso del Alcor

Municipio de la provincia de Sevilla‎, España

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El Viso del Alcor es un municipio español situado en la provincia de Sevilla, Andalucía. Con una población de 19.265 habitantes en 2023 y una extensión de 19,92 km², su densidad de población es de 1148,2 hab/km². El municipio se sitúa en la comarca de Los Alcores al igual que Carmona, Mairena del Alcor y Alcalá de Guadaíra; Los Alcores son una elevación en forma de meseta inclinada de poca altura que se levanta en medio de la Depresión del Guadalquivir en la provincia de Sevilla; estos municipios pertenecen administrativamente a dos comarcas distintas: El Viso del Alcor pertenece también a la Campiña de Carmona. A una altitud de 143 metros, el casco urbano se asienta en la ladera del Alcor mirando hacia la Vega.

La localidad se denomina El Viso del Alcor desde mediados del siglo XVII, y su Escudo Heráldico actual se aprobó en 1975, compuesto de escudo partido con banda de azur con Ave María en oro, banda en gules con Cruz de la Merced en plata, y Corona Real superior. Sustituyó al anterior con el Ave María, y antes el de los Señores de la Villa).

Su tierra fértil, con las abundantes aguas que discurren por esta zona hacia la Vega y el terreno sedimentario, fueron una de las causas fundamentales del poblamiento de este territorio desde el Paleolítico (30000 - 10000 a. C.). Así, va a ser el Neolítico el periodo en el que se instalan los primeros poblados en la zona, entre el 4000 y el 2000 a. C.; prueba de ello son los yacimientos de La Alunada, el Cortijo del Moscoso, y el Alcaudete.

Ya en el primer milenio anterior a nuestra era, los púnicos dejan huella en esta localidad, al construir torres defensivas para proteger campos y caminos, además de servir de refugio a la población en caso de peligro. La posterior romanización de la península ibérica (siglo I a. C. en adelante) hace que los poblados leales al bando púnico sucumban al Imperio romano, como es el caso de El Viso, que pasa a ser emplazamiento donde se ubican las villas de los grandes terratenientes hispanorromanos o villas rústicas. Ejemplo de esto son los restos encontrados en los yacimientos de la Estación, el Alcaudete, la Casita de Mortero, La Alunada, La Santa, y el Moscoso.

El Viso pasa, tras la caída del Imperio romano (siglos IV - V), a rendir pleitesía a la monarquía visigoda imperante en la Península. La conquista musulmana de la Península (712 de nuestra era) hace que la población de la zona sea mayoritariamente de origen bereber (además de la hispana), fundiéndose ambas culturas y produciéndose el nacimiento del primer Viso, como consecuencia de la gran concentración poblacional en un lugar alto (cerro o alcor) ante las avanzadillas castellanas de la época.

Los castellanos, en su asedio a la ciudad de Sevilla de los años 1246 a 1248 llevan a cabo el saqueo de la zona de Los Alcores, por lo que se talan y saquean los campos de Carmona y sus colindes, con la consiguiente gran deforestación que sufre la comarca. El Viso fue tomado el 12 de agosto de 1246 (festividad de San Eusebio), rindiéndose sus habitantes y gozando entonces de sus propiedades y practicar sus religiones y costumbres, dentro del Señorío de Carmona. Sin embargo, el sistema mixto de repoblación fracasó al producirse el levantamiento de los mudéjares en 1264, pasando la zona a un despoblamiento generalizado. No obstante, la Corona se afanó a fines del siglo XIII en repoblar la zona, debido a que se encontraba en la línea fronteriza, con torres y fortalezas importantes para su defensa, consolidándose núcleos poblacionales en Carmona y Mairena (El Viso prácticamente desapareció, quedando reducido a una simple finca rústica). Así, Carmona decide, en la primera mitad del siglo XIV, repoblar El Viso para que Mairena no se adueñase de más término del que le correspondía.

Tras el enfrentamiento entre Pedro I (heredero legítimo de Alfonso XI) y su hermanastro Enrique de Trastámara (1369 - 1371), Carmona se inclina en favor del primero, por lo que tras el triunfo del Trastámara se le desposee (como castigo a esta infidelidad), entre otros lugares, de El Viso, que es concedido tras diversos avatares ocurridos entre 1382 a 1390 a Doña Elvira de Guzmán, viuda del Maestre de la Orden de Santiago, Don Gonzalo Mexía. Así, en 1399 ya es de su propiedad.

La historia de El Viso en el siglo XV es rocambolesca, al pasar por varias manos, desde que los herederos de Doña Isabel Mexía (hija de Don Gonzalo y Doña Elvira) venden, antes de 1415, la mitad del lugar a Doña María de Mendoza, que dona su parte en 1415 a su hijo Gómez Suárez de Figueroa, el cual compra la otra mitad en 1417 a los herederos de Doña Isabel Mexía. Más tarde, Gómez Suárez y su mujer María de Torquemada venden, en 1422, una parte a Diego Rivera, y la otra a Joaquín Fernández de Mendoza, el cual vende su parte a Pedro Ponce de León, Señor de Mairena, a fines de este mismo año. Este último vende su parte a Diego de Rivera y su mujer Beatriz de Portocarrero, que desde 1424 son ya los únicos señores de El Viso, hasta que el Rey Juan II cambia, en 1430, las villas de Cañete La Real y Torre de Alháquime a cambio de este poblado, pasando entonces a jurisdicción Real, y en consecuencia a Carmona. Entre 1430 y 1440, este rey concede el lugar de El Viso a Juan Arias de Saavedra (su fiel vasallo en la Guerra de Granada), por entonces Alfaqueque Mayor de Castilla y alcalde y alguacil mayor de Sevilla y Alcalá de Guadaíra, contando el lugar de media legua de término. No obstante, esta superficie entre los años 1441 y 1444 no se consigue, al oponerse el Consejo de Carmona, por lo que ambas partes llegan a un acuerdo en 1444, teniendo El Viso menos término del prometido, pero a cambio goza de emancipación administrativa y religiosa, Mancomunidad de pastos con Carmona y libertad de paso e impuestos para con Sevilla, por lo que los vecinos de El Viso podían transitar libremente con sus ganados, cortar leña, coger espárragos y disfrutar de pastos, aguas, caza, leña, abrevaderos y demás usufructos de la vecina villa. Es de importancia vital este Señor de El Viso, Don Juan Arias de Saavedra, ya que además de darle un término propio e independiente le da unidad jurídica, al crear en 1456 un Mayorazgo éste y su mujer Doña Juana de Avellaneda, el cual pasaría en 1496 a su hijo primogénito Fernán Arias de Saavedra. Con posterioridad en 1540 , su sucesor, Juan Arias de Saavedra, I conde de Castellar y su mujer María Pérez de Guzmán y Manuel, nieta del I duque de Medina Sidonia, fundaron un mayorazgo para su hijo segundogénito Juan de Saavedra, I Señor del Moscoso, sobre los terrenos del actual cortijo del Moscoso, quedando el título de conde de Castellar y Señor de El Viso en su hermano Fernando, así como el resto del actual término municipal.

Es en esta época, cuando se crea el primer Concejo o Ayuntamiento de El Viso, que se constituirá de forma definitiva a mediados del siglo XV. El gobierno del pueblo estaba a cargo entonces de dos alcaldes ordinarios, un alguacil y dos regidores, que constituían el Concejo, Justicia y Regimiento de la villa; el Señor, por su parte, nombraba al alcalde mayor o gobernador para que velase por sus intereses y controlar el Cabildo Civil. Este Cabildo, por su parte, se dedicaba a vigilar la fuente, el mercado, el término, la delimitación del prado, las propiedades y sus frutos, y la moral y religiosidad. Así, Juan de Saavedra otorgó unas Ordenanzas municipales que regulaban la vida y relaciones sociales en la pequeña comunidad; en cuanto al poder de la Iglesia, queda de manifiesto ya que, además de otras obligaciones, todas las personas mayores de 15 años debían ir a misa después de tañir las campanas, teniendo pena de cárcel y de un real de multa las que lo incumpliesen.

La población visueña dispone, ya desde fines del siglo XVI, de un pósito donde almacenar el grano para hacer frente a la escasez en periodos de carestía, situado en la plaza Sacristán Guerrero, que se traslada en el siglo XVIII al Ayuntamiento de la calle Real. En estos siglos (XIV al XVIII), la población goza de una alta tasa de natalidad, dedicándose la mayoría de ella a la agricultura (hay olivares y viñas en el Alcor, y se siembra trigo, cebada y cereales en la Vega), y una mínima parte realiza trabajos artesanos, tareas de carácter liberal, arrieros, panaderos, tenderos y regatones o recoveros (los cuales iban a Sevilla y Carmona a vender pan y productos de la tierra). Esto muestra la intensa actividad comercial que experimenta la villa en la época, la cual se ve favorecida en el siglo XVIII por la construcción de la nueva carretera que desde Madrid se dirigía a Cádiz (del arrecife o de los puertos).

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