Tal Día como Hoy

Ejército del Perú

Rama terrestre de las Fuerzas Armadas del Perú

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El Ejército del Perú (EP) es la rama terrestre de las Fuerzas Armadas del Perú, encargada de la defensa y seguridad del territorio nacional, así como del apoyo a la población nacional en casos de emergencia y la participación militar peruana en las misiones de paz asignadas por la ONU.

Fue establecido oficialmente el 18 de agosto de 1821, tras la proclamación de la independencia del Perú, aunque sus orígenes se remontan a las unidades militares milicianas formadas durante el preludio de la guerra de la Independencia nacional. A lo largo de la historia del Perú, el Ejército ha participado en diversos conflictos internos e internacionales, desempeñando un papel fundamental en la consolidación del Estado peruano.

Su misión principal es garantizar la defensa de la soberanía, la independencia y la integridad territorial de la República del Perú, así como el resguardo del orden constitucional, en conformidad con lo establecido por la Constitución Política del Perú y las leyes nacionales.

Entre sus funciones se encuentran la defensa del territorio nacional frente a amenazas externas, el apoyo excepcional al mantenimiento del orden interno cuando así lo dispone el gobierno en situaciones de emergencia, la participación en tareas de desarrollo nacional (como obras de infraestructura o asistencia en zonas rurales), la respuesta ante desastres naturales, la vigilancia de las fronteras terrestres, y la cooperación internacional mediante la participación en misiones de paz y ejercicios militares conjuntos.​

Antiguo Perú: el Ejército incaico

La historia militar del Antiguo Perú, especialmente durante el auge del Imperio incaico, estuvo profundamente ligada a la expansión territorial y a la consolidación del poder de los Estados andinos. A diferencia de las culturas anteriores, como los mochicas o los wari, cuyo desarrollo militar fue regional, los incas organizaron un ejército estatal de gran escala, que respondía directamente al Sapa Inca, quien ostentaba el mando supremo tanto político como militar. Este ejército no solo fue una herramienta de conquista, sino también un medio para garantizar la unidad, el orden y la estabilidad dentro del vasto y diverso territorio del Tahuantinsuyo.

El Ejército incaico se caracterizaba por su eficiente organización jerárquica y su capacidad de movilización a gran escala. Estaba compuesto por contingentes reclutados mediante el sistema de mita, que obligaba a los varones aptos de cada ayllu (comunidad) a servir temporalmente en la milicia. Las unidades eran dirigidas por jefes militares designados según el rango y el prestigio, entre los que destacaban el Apuskipay (jefe supremo militar) y los curacas locales. Los incas mantenían un sistema de entrenamiento y adoctrinamiento para sus tropas, y establecieron depósitos de armas y alimentos (los tambos y collcas) a lo largo del Qhapaq Ñan o red vial imperial, lo que permitía rápidas campañas de invasión y control. El ejército también empleaba tácticas de intimidación y diplomacia, absorbiendo a pueblos mediante alianzas, promesas de beneficios o amenazas veladas antes de recurrir a la violencia.

En cuanto al armamento, los soldados incaicos usaban una variedad de armas adaptadas al combate cuerpo a cuerpo y a distancia: mazas con cabezas de bronce, lanzas largas, hondas (o warakas), boleadoras, hachas de piedra, dardos y escudos de cuero reforzado. A pesar de no tener una tecnología militar comparable a la europea, el Ejército incaico mostró una gran eficacia en el terreno andino, conociendo a fondo su geografía y aprovechándola estratégicamente. La expansión del Tahuantinsuyo, que llegó a cubrir gran parte de Sudamérica occidental, fue posible gracias a esta maquinaria militar centralizada y disciplinada. Sin embargo, al momento del contacto con los conquistadores españoles en el siglo XVI, el Imperio estaba debilitado por guerras civiles internas —como la de Huáscar y Atahualpa— lo que facilitó su colapso a pesar del poderío militar acumulado durante siglos.

Virreinato del Perú: el Ejército Real

Durante el periodo virreinal, la historia militar del Perú estuvo dominada por la presencia y evolución del Ejército Real del Perú, el cual constituyó la principal fuerza militar de la Monarquía Hispánica en Sudamérica. Esta institución nació mediante la creación de milicias organizadas durante el XVI para defender los territorios del virreinato del Perú de amenazas externas (como corsarios, piratas y potencias marítimas rivales), y para sofocar levantamientos internos de indígenas y criollos. Su centro de operaciones fue la ciudad de Lima, capital del virreinato y sede de la autoridad virreinal junto al Callao, que albergaba la principal guarnición costera española en el Pacífico Sur.

El Ejército Real del Perú estaba compuesto inicialmente por milicias locales organizadas por encomenderos y vecinos españoles, pero con el tiempo se consolidó como una estructura más profesional, especialmente tras las reformas borbónicas del siglo XVIII. Estas reformas impulsaron la creación de regimientos fijos y milicias disciplinadas, tanto de blancos como de castas e indígenas, bajo una jerarquía militar más centralizada y subordinada al virrey. A partir de entonces, se reforzó la defensa costera y se organizaron unidades como el Batallón Fijo de Lima (futuro Regimiento Real de Lima), el Regimiento de Naturales y Pardos de la milicia de Lima, el Regimiento de Dragones de Lima, entre otros cuerpos. La defensa del virreinato también implicaba cooperación con la Armada del Mar del Sur, especialmente para proteger el tráfico marítimo del Galeón de Manila y de la Carrera de Indias.

Durante las últimas décadas del virreinato, el Ejército Real del Perú desempeñó un papel central en la lucha contra los movimientos independentistas. Desde 1809, enviaba expediciones al Alto Perú y Quito, además de contribuir con tropas limeñas para luchar contra los patriotas chilenos en la campaña de la Patria Vieja y la posterior Reconquista de Chile. A partir de 1820 combatió directamente en las campañas libertadoras dentro del territorio peruano contra los Ejércitos patriotas. Al mando de oficiales peninsulares y criollos leales a la Corona de Castilla, como José de la Serna y José de Canterac, sus tropas enfrentaron a las fuerzas rebeldes hasta su derrota final en las batallas de Ayacucho y Junín en 1824. Tras la independencia del Perú, muchos de sus efectivos y estructuras fueron disueltos o absorbidos por el naciente Ejército Republicano del Perú.

El Ejército fue creado el 18 de agosto de 1821 con el establecimiento de la Legión Peruana de la Guardia por el comandante en jefe del Ejército Libertador del Perú José de San Martín, aunque previamente se crearon unidades militares peruanas decanas tras el desembarco de San Martín en Paracas, tales como el Escuadrón Auxiliares de Ica, el Batallón de Cazadores del Ejército y el Batallón Veteranos de Jauja. Mención aparte merece el Regimiento de Tacna, el cual fue una unidad militar tacneña creada por Guillermo Miller en la campaña de Miller en Puertos Intermedios.

Además de las unidades militares decanas del Ejército mencionadas, la División del Perú (compuesta por peruanos del departamento de La Libertad y algunos argentinos y chilenos) comandada por el entonces militar peruano Andrés de Santa Cruz, le dio forma primigenia al Ejército en la campaña de Quito de la guerra de Independencia del Ecuador; así como la División del Perú del Ejército Unido Libertador, compuesta por 1500 peruanos y comandado por José de La Mar, el cual fue la unidad militar encargada de representar a la naciente República Peruana durante las batallas de Junín, Coparhuaico y Ayacucho.

El bautismo de fuego del recién creado Ejército del Perú fue en el combate de Caucato, donde el Regimiento de Húsares de Junín rechazó exitosamente a un destacamento realista, aunque tiempo atrás durante la campaña de Miller en los puertos intermedios una primigenia unidad militar peruana independentista que llevaría por nombre Regimiento de Tacna también consiguió una de las primeras victorias para las armas peruanas en el combate de Mirave. Posteriormente, y en la primera campaña de intermedios, sucedieron las batallas de Torata y Moquegua, ambas derrotas para el Ejército Libertador del Perú y el Ejército del Perú, lo cual significó la casi completa destrucción del componente chileno en la primera; sin embargo, la última lograría las victorias en el combate de Riobamba y en la batalla de Pichincha junto al Regimiento de Granaderos a Caballo, lo que permitió la independencia del Ecuador y la intervención de Simón Bolívar en el Perú para, finalmente, este último crear el Ejército Unido Libertador del Perú (la unión del Ejército del Perú y el Ejército de la Gran Colombia) el cual lograría las victorias en las batallas de Junín y Ayacucho, logrando así la capitulación de los realistas y el fin de la dominación española. Por último, con el rechazo al proyecto de Federación de los Andes y la retirada de los contingentes bolivarianos del país se consiguió al fin la efectiva independencia del Perú.

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