Tal Día como Hoy

Efectos especiales

Ilusión o truco visual utilizado en las industrias del cine, la televisión, el teatro, los videojuegos y los simuladores

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Los efectos especiales (en inglés, special effects, abreviado como SFX , F/X o simplemente FX), en ocasiones denominados como efectos de ilusionismo, son un conjunto de técnicas y elementos que se utilizan en televisión o cine para crear ambientes, personajes o realidades que, no pueden suceder en la vida real, o bien no se pueden filmar.​ También se emplean en el mundo del espectáculo: farándula, ilusionismo, teatro, ópera, conciertos. Por ejemplo, un viaje al espacio o la transformación de un hombre en hombre lobo. Los efectos especiales pueden ser usados para la representación de objetos o seres inexistentes, como por ejemplo un dragón, pero la mayor parte de veces se recurre a ellos cuando la obtención del efecto por medios normales es demasiado cara o peligrosa. Por ejemplo, puede resultar más seguro y económico rodar la explosión de una maqueta a escala reducida que rodar una explosión real a una escala humana, con riesgo de muerte o de heridas para los actores y el equipo de rodaje. En el cine, también se hace uso de efectos especiales para mejorar elementos reales previamente filmados con medios convencionales. Esto puede hacerse por medio de la inclusión o extracción de elementos en un plano o también mediante la mejora de objetos que ya estaban presentes en el momento del rodaje. Se utilizan a menudo diferentes técnicas en un mismo plano o escena para alcanzar el efecto deseado y con frecuencia los efectos especiales son «invisibles», es decir que el espectador no se da cuenta de que la imagen o secuencia que está viendo es en realidad un efecto especial. Un ejemplo de esto son los decorados de películas históricas donde la arquitectura y alrededores son recreados por medio de efectos especiales.

Con el tiempo, el anglicismo «efecto especial» (del inglés special effect) ha ido reemplazando al galicismo «trucaje» (del francés trucage), que hasta tiempos relativamente recientes era el más utilizado en lengua española.

También se utiliza el acrónimo “efectos visuales“

Los trucos visuales para conseguir efectos de todo tipo avanzaban como una técnica cinematográfica más desde los primeros días del arte de hacer películas.​

Se suele decir que el "padre de los efectos especiales" sin duda es Georges Méliès, uno de los primeros cineastas. Fue el pionero en un sinfín de técnicas cinematográficas que dieron el impulso inicial para lo que son hoy los efectos especiales en el cine. En una de sus películas más célebres, Viaje a la Luna de 1902, presenta una gran cantidad de efectos especiales que, en la época, se llegaban a considerar magia.

Una de sus mayores creaciones fue el empalme, un célebre descubrimiento que hizo cuando, al filmar una escena en la calle, su cámara se atascó generando la sensación de que un objeto se trasformaba en otro. Así fue que Méliès comenzó a utilizar esta técnica en películas en las que, por ejemplo, se representaban espectáculos de magia, pero el verdadero efecto de ilusionismo lo lograba con la edición.​ Otra técnica descubierta por el director fue la disolvencia narrativa, un recurso que utilizaba para expresar cambios de tiempo y que podía utilizarse para ir de atrás hacia adelante en la historia sin necesidad de seguir el lapso de tiempo real.

Otra gran innovación en el mundo de los efectos especiales se introdujo a partir del año 1907, cuando los cineastas empiezan a utilizar la técnica de la "pintura en mate", que consistía en pintar un escenario inexistente en la realidad e introducirlo perfectamente en el montaje de la película. Este recurso, sin embargo, no alcanza su época dorada hasta la llegada del technicolor. El Mago de Oz (1939) es un gran ejemplo del uso este efecto especial.

Esta técnica perdura todavía hoy, ya que, aunque de manera digital, se muestra prácticamente en todas las películas sin importar su género.​

Además, cabe decir que en este film de la MGM, también se empieza a hacer uso de gomaespuma o látex para caracterizar a los personajes, agregándoles narices, orejas y otras partes del cuerpo.​

Otra figura importante en los inicios de los efectos especiales fue Eugen Schüfftan, quien realizó los efectos especiales del largometraje Metropolis (1927). En la película, no solo la ciudad en miniatura, sino que creó el Proceso Schufftan, que permitió a los actores interactuar con este nuevo medio.

Las miniaturas permitieron a los directores recrear escenarios a escala en sus películas, construyendo objetos y lugares que habrían sido demasiado caros de haberlos hecho a tamaño real, y ponerlos lo suficientemente cerca de la cámara o con fotogramas a gran velocidad para que parecieran reales. Esto permitió también a los directores expandir su imaginación y crear verdaderas ciudades futuristas. Para darles vida a estas ciudades crearon efectos prácticos con espejos. El proceso pasaba por inclinar un espejo a 45° delante de la cámara para reflejar la miniatura. Después, se quitaba una de las secciones de la superficie del reflejo para que los actores, que están en el estudio detrás del espejo, pudieran ser vistos a través del cristal “limpio”. Con un más que cuidado juego de luces, las miniaturas reflejadas debían coincidir con el escenario en miniatura para que la cámara pudiera capturar ambas perfectamente.​

Los efectos especiales siguen evolucionando. En el año 1933, la película King Kong mostraba a un monstruo de 16 metros creado con stop-motion, una técnica que ya surgió con el nacimiento del siglo XX y con el cine mismo, pero tan perfeccionada que sus responsables fueron considerados pioneros en ella. Willis O'Brien, especializado en este sistema con anteriores películas de dinosaurios, fue el encargado de manipular las maquetas y los muñecos.​

En el año 1968, Stanley Kubrick estrena una de las películas más importantes a nivel visual de toda la historia del cine: 2001: odisea en el espacio. Esta recibió un Óscar, entre otros, a los mejores efectos especiales. El director había logrado, por ejemplo, crear la sensación de "no gravedad" del espacio con una técnica menos complicada de lo que parece: la cámara giraba junto con el pasillo que estaba construido sobre una especie de armazón circular que se desplazaba a una velocidad estable. De ese modo, si se conseguía mantener perfectamente estable, lo que parece girar es «el sentido de la gravedad», que no el propio pasillo. De ese modo los astronautas no tienen nada más que permanecer de pie y bajar hacia «abajo» aunque el efecto final parecerá que está dando vueltas.​

En el año 1975, Spielberg rueda la película Tiburon. Para ello, necesita construir un tiburón animatrónico capacitado para funcionar en el agua. Con la ayuda de Bob Mattey y gracias a la ingeniería, crearon el animal falso. A pesar de haberlo construido, el deterioro que sufrió por el contacto con el agua y la dificultad de manejarlo, obligaron al director a, en vez de mostrarlo completamente, insinuarlo con la ayuda de otros recursos como la edición la intensificación de la música.​

No intimidado por las dificultades para rodar Tiburón, Spielberg volvió a utilizar animales animatrónicos en su película de 1993 Jurassic Park. Junto a la animatrónica, los marionetistas y los hombres disfrazados, fue así posible dar vida a los dinosaurios del parque jurásico. Aunque, cabe decir que el director también se ayudó ya de un poco de trabajo digital en la postproducción para ello.

Los años 1980 fueron la década del auge de los efectos prácticos, que llegaron a la cumbre del refinamiento. En especial, hubo un auge en el arte del maquillaje de caracterización, sobre todo en el cine de terror. Una de las películas más representativas de esto es Un hombre lobo americano (John Landis, 1981). En este film, Rick Baker se encargó de la caracterización del hombre que se transforma en lobo, llegando así a ganar un Oscar al mejor maquillaje. Baker, con aquella transformación, se puede decir que creó escuela y fue pionero de grandes caracterizaciones posteriores como la diseñada por Rick Bottin en The Howling.​

Entrados los años 1990, los efectos prácticos empiezan a sufrir la competencia de lo digital (como sucedió en Jurassic Park, se empiezan a combinar con ellos).​

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