Tal Día como Hoy

Dunstán

Arzobispo de Canterbury

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Dunstán o Tristán (h. 909-19 de mayo de 988)​ fue abad de Glastonbury, obispo de Worcester, de Londres y arzobispo de Canterbury. Canonizado como santo de la Iglesia católica,​ trabajó, principalmente, en la reforma de la vida monástica. Su biógrafo del siglo XI, Osbern de Canterbury, afirma que Dunstán era diestro en «hacer dibujos y escribir letras».​ Sirvió como ministro a varios reyes ingleses. Fue, dada su eficiencia como obispo, el santo más popular en Inglaterra durante casi dos siglos y obtuvo una enorme fama, lo que acarreó, costumbre nada extraña en la Edad Media, que se le atribuyeran con el tiempo historias totalmente fantasiosas.​

Dunstán nació en Baltonsborough, condado de Somerset.​ Su padre fue Heorstan, noble de Wessex y hermano de los obispos de Wells y Winchester.​ Su madre, según la tradición, fue una mujer piadosa. Osbern, en su vida de Dunstán, relata que un mensajero, milagrosamente, informó a Cynethryth de la santidad del niño al que iba a dar a luz:

El autor anónimo de la primera hagiografía de Dunstán sitúa su nacimiento durante el reinado de Athelstan, mientras que Osbern lo fija en «el primer año del reinado de Athelstan», es decir, 924 o 925. Sin embargo, ninguna de estas fechas se avienen con otras mejor conocidas de la vida de Dunstán, por lo que los historiadores consideran que nació alrededor del año 910.​

De la escuela a la corte del rey

Dunstán estudió con los monjes irlandeses que, por entonces, ocupaban las ruinas de la abadía de Glastonbury.​ Siendo un niño, sufrió una enfermedad muy grave de la que se recuperó, al parecer, milagrosamente. Pronto fue conocido por su interés en aprender y dominar las más variadas clases de oficios. Con el consentimiento de su padre fue tonsurado, recibió las órdenes menores y comenzó a servir en la antigua iglesia de Santa María. Su tío Athelm, arzobispo de Canterbury, habiendo conocido sus aptitudes, le reclamó poco tiempo después para que entrara a su servicio.​ Desde el arzobispado, un poco más tarde, pasó a la corte del rey Athelstan.​

Una vez allí, pronto se convirtió en el favorito del rey provocando la envidia de otros miembros de la corte.​ La situación llegó a tal punto que se urdió una trama para hacer caer en desgracia a Dunstán acusándolo de brujería y magia negra.​ El rey, ante la gravedad de las acusaciones, le ordenó abandonar la corte. Cuando Dunstán salió de palacio, sus enemigos se abalanzaron sobre él, le golpearon, le ataron y lo arrojaron a un pozo negro.​ A duras penas y por sus propios medios consiguió salir de allí y llegar a la casa de un amigo. Cuando se recuperó, fue a reunirse con su tío Elpegio, obispo de Winchester.​

Elpegio intentó persuadir a Dunstán para que siguiese la vida monástica pero él dudaba sobre si podría vivir en celibato. La respuesta vino en forma de un ataque de tumores que cubrieron todo el cuerpo de Dunstán. Se llegó a pensar que padecía lepra.​ Probablemente, se trató de alguna forma de sepsis consecuencia de la bacteriemia producida al entrar en contacto la sangre de sus heridas con las inmundicias del pozo al que lo arrojaron.​ Cualquiera que fuera la causa, el hecho es que la enfermedad le hizo cambiar de opinión. Fue ordenado en 943, en presencia de Elpegio, y volvió a Glastonbury para vivir como un ermitaño.​ Se construyó una pequeña celda de metro y medio de largo y setenta y cinco centímetros de ancho apoyada en los muros de la vieja iglesia de Santa María. Allí estudiaba, tocaba el arpa y trabajaba en sus manualidades.​ Según una leyenda del siglo XI, el diablo le visitó en dicha celda y Dunstán se liberó de la tentación usando sus tenazas para aprisionar la cara de Lucifer.​

Cuando vivió en Glastonbury, Dunstán trabajó como platero y en el scriptorium. Se considera probable que fuera él quien dibujó la famosa imagen de Cristo con un monje desproporcionadamente pequeño arrodillado a su lado en el Glastonbury Classbook.​ Forma parte de la primera serie de bocetos que prefiguran una de las características particulares del arte anglosajón de este periodo.​ Dunstán adquirió fama como músico, iluminador y metalista.​ Lady Æthelflaed, sobrina del rey Athelstan, lo eligió como consejero y a su muerte le dejó una fortuna considerable.​ Este dinero lo utilizaría más adelante para fomentar y promover el renacimiento monástico en Inglaterra. Casi al mismo tiempo, Dunstán recibió la herencia de su padre Heorstan. Convertido así en una persona influyente y adinerada, a la muerte de Athelstan en 940, el nuevo rey, Edmundo I, lo llamó a su corte de Cheddar para nombrarle ministro.​

Una vez más, el favor real alimentó los celos de otros cortesanos y, por segunda vez, los enemigos de Dunstán vieron coronada su conspiración con el éxito. El rey tenía previsto expulsarlo de la corte.​ Dunstán, entonces, se puso en contacto con ciertos enviados del «Reino del Este» (probablemente, Anglia Oriental) que habían llegado a Cheddar y les pidió acompañarles en su viaje de regreso. Ellos asintieron, pero...

Dunstán, investido en su nuevo cargo, se puso a trabajar de inmediato.​ Se propuso reconstruir la abadía y reiniciar la vida monástica. Comenzó estableciendo la regla benedictina en Glastonbury.​ Que la adopción de la regla de San Benito fue el principal instrumento de su tarea restauradora no solo lo afirma contundentemente su biógrafo, sino que resulta confirmado por las primeras medidas que adoptó como abad, incluyendo los primeros edificios que mandó construir y la inclinación benedictina de sus discípulos más importantes.​

La primera preocupación de Dunstán fue la reconstrucción de la iglesia de San Pedro y su claustro para restablecer la clausura monástica. Los aspectos seculares de la casa fueron encomendados a su hermano, Wulfric, «para que ni él ni ninguno de los monjes profesos pudiera romper la clausura».​ Fundó una escuela para la juventud de la zona y pronto se convirtió en la más famosa de Inglaterra en su tiempo.​ También completó una extensión sustancial del sistema de riego en los cercanos Somerset Levels.

A los dos años del nombramiento de Dunstán, en 946, el rey Edmundo I fue asesinado. Su sucesor fue Edred, quien recibió el apoyo de la reina madre, Edgiva de Kent, del arzobispo de Canterbury, Oda el Severo, y de la nobleza de Anglia Oriental, a cuya cabeza estaba el poderoso ealdorman Æthelstan Medio Rey. Esta entronización servía a la política de unificación y conciliación con la mitad danesa del reino y tenía por objetivo el establecimiento de una firme autoridad real.​ Edred, por lo que respecta a los asuntos eclesiásticos, favoreció la expansión de la observancia católica, la reconstrucción de iglesias, la reforma moral del clero y los laicos y procuró acabar con la religión de los daneses en Inglaterra.​

En contra de todas estas reformas se hallaba la nobleza de Wessex, en la que estaban incluidos la mayoría de los parientes de Dunstán y todos aquellos interesados en mantener la situación preexistente.​ Durante nueve años, la influencia de Dunstán prevaleció y renunció en dos ocasiones al cargo de obispo que se le ofreció: Winchester en 951 y Exeter en 953. Argumentó que no era su intención abandonar al rey mientras este viviera y le necesitara.​

En 955, Edred muere y la situación cambia de nuevo. Su sobrino Edwy el Bello o Eduino, primogénito de Edmundo, es coronado. Se dice que era un joven testarudo que compartía por completo el punto de vista de la nobleza reaccionaria. Según la leyenda más extendida, su enemistad con Dunstán comenzó el día de su coronación, cuando no asistió a una reunión prevista con los nobles. Dunstán acabó encontrando al joven monarca conversando con una dama llamada Ælfgifu y su madre, y se negó a regresar con el abad. Enfurecido, Dunstán le hizo volver a rastras y le obligó a repudiar a la chica por prostituta. Más tarde, dándose cuenta de que había causado la ira del rey, huyó a la presunta seguridad de su claustro, pero Eduino, animado por Ælfgifu, con quien se casó, le persiguió y saqueó el monasterio.​

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