Tal Día como Hoy

Dominique-Jean Larrey

Cirujano militar francés

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Dominique-Jean Larrey, Barón Larrey (Beaudéan, 8 de julio de 1766 - Lyon, 25 de julio de 1842) fue un cirujano que, en las guerras napoleónicas, creó el transporte por ambulancia e introdujo los principios de la sanidad militar moderna, realizando los primeros triajes en los campos de batalla.

Nació en Beaudéan, un pequeño pueblo de los Pirineos, en el sur de Francia (departamento de Midi–Pyrénées, cerca de Bagnères de Bigorre), el 8 de julio de 1766. Quedando huérfano a corta edad, después de la muerte de su padre, zapatero de oficio, fue educado por el sacerdote de la parroquia, el abad Grasset quien, reconociendo en el muchacho grandes aptitudes, le instruyó durante diez años en disciplinas diversas incluyendo el latín y el francés.

Estudios de cirugía en Toulouse

Con antecedentes familiares en la dedicación a la cirugía (su abuelo había sido cirujano barbero en Tarbes y su tío ejercía la cirugía en Toulouse) decidió afrontar los estudios de cirugía. En 1780, a la edad de 13 años viajó a pie durante cinco días hasta Toulouse para reunirse con su tío, Alexis Larrey, Cirujano Jefe del Hospital Saint-Joseph de la Grave de Toulouse.

Estudió en la Escuela de Cirugía donde en 1786 obtuvo el primer premio de la sociedad Saint-Joseph de La Grave, otorgándole la titulación de Professeur élève. Escribió una tesis sobre las caries, La carie des os, por la que obtuvo como distinción la médaille de vermeil aux armes de la ciudad de Toulouse. En la misma época se afilió a la logia masónica de los Écossais fidèles.

En 1787 viaja a París para consolidar su conocimiento de la cirugía con el prestigioso cirujano del Hospital de l’Hôtel-Dieu, Pierre Joseph Desault (1744–1795). En un primer momento, acepta un puesto de cirujano en la Armada Francesa, siendo destinado a la fragata La Vigilante, encargada de patrullar en las costas de Terranova. Sin embargo, sus continuos mareos, lo que llama mal de mer, le hacen desistir y abandona la Armada.

Tras su fracaso como médico naval, vuelve a París para ejercer como cirujano ayudante en el Servicio de Desault del Hôtel de Dieu y posteriormente en los Inválidos con otro cirujano de prestigio, Raphaël-Bienvenu Sabatier. Participa activamente en los movimientos de la Revolución Francesa y en 1792 se casa con Charlotte Elizabeth, hija del ministro de finanzas, René Laroux.

Larrey, médico militar napoleónico

Creación del transporte en ambulancia

En 1792, con el estallido de la guerra franco-austríaca, se incorporó como médico de oficiales en el ejército del Rin. Atónito ante la obsoleta organización sanitaria militar propone una innovación estratégica que de hecho representa la concepción de la sanidad militar moderna. Hasta entonces, los soldados heridos en combate permanecían en el campo de batalla hasta la finalización del enfrentamiento, a veces hasta 24 horas después del inicio de las hostilidades. Sólo entonces los heridos eran evacuados hasta el hospital de campaña que, según las ordenanzas, debía situarse a unos cinco kilómetros del campo de batalla. Larrey observó que era distancia y tiempo suficientes para que la mayor parte de los heridos falleciera antes de recibir ayuda. Todo ello contando que los soldados tuvieran la suerte de pertenecer al bando victorioso. En caso contrario los heridos eran abandonados o rematados en el mismo campo de batalla.

Los resultados de una escaramuza en Limburgo son el detonante para que Larrey solicite permiso para la creación de un servicio de ambulancias, compuesto por equipos formados por un médico, un oficial de intendencia, un suboficial, 24 soldados y un tambor encargado de llevar el material de vendaje. Junto a la parte humana, el servicio se complementaba con 12 camillas ligeras, 4 pesadas y 1 carreta, diseñada especialmente por Larrey y denominada ambulance volante, que combinaba la rapidez con la seguridad y la comodidad y que consistía en una cámara cerrada que estaba unida, por medio de ballestas, a un carro ligero de dos ruedas y tirado por dos caballos. Las pistoleras de las sillas de montar fueron transformadas en bolsas de transporte para material sanitario. Su propuesta era seguir la vanguardia del ejército y asistir "in situ" a las víctimas y ser trasladadas al hospital de campaña. Las ambulancias volantes tuvieron su bautismo de fuego en la batalla de Landau, en el transcurso de la cual Larrey fue herido en una pierna, pese a lo que siguió operando. El éxito fue total, y Larrey fue destinado en 1793 a París con el fin de organizar un servicio de ambulancias volantes para todo el ejército.

Conoció a Napoleón en Toulon en 1794, cuando Larrey fue destinado como Cirujano en Jefe al ejército encargado de recuperar Córcega a los ingleses y Napoleón era un prometedor comandante de artillería. Siguió a Napoleón en todas sus campañas, desde la de Italia en 1797 hasta Waterloo en 1815, a lo largo de casi 18 años. Larrey sirvió en un total de 25 campañas, con 60 grandes batallas y 400 enfrentamientos menores. Napoleón siempre le tuvo en gran consideración. No en vano, le consideraba un elemento importante en sus campañas por el efecto que la nueva organización en la evacuación de los heridos ejercía en la moral de la tropa. Tras las campañas de Córcega, España y Oriente, regresó a Francia y recibió de Napoleón el título de barón y el nombramiento de cirujano honorífico de los Chasseurs de la Garde (cuerpo de guardia personal del Emperador). Fue citado por Napoleón en su testamento en Santa Elena con estas palabras: «Para el cirujano del ejército francés barón Larrey dejo la suma de cien mil francos. Es el hombre más virtuoso que he conocido. Ha dejado en mi espíritu la idea de un verdadero hombre de bien».

Nombrado cirujano en jefe del ejército de Oriente, Larrey inaugura nuevas prácticas quirúrgicas e inventa un sistema de ambulancias a lomos de dromedarios. Mandará a equipar a los dromedarios con cestos de hojas de palmera, suspendidos a cada costado de la joroba por correas elásticas. Estos sostendrán a los heridos en un colchón, sosteniendo brazos y piernas en una tabla de báscula. Se harán 24 ambulancias por cada división del ejército de Oriente que parten el 10 de febrero de 1799 en la campaña de Siria.

Él será quien le ampute un brazo al general Louis Marie de Caffarelli du Falga por una herida de bala durante el sitio de San Juan de Acre, tres semanas después el general morirá por una fiebre y Larrey practicara la autopsia. Llega a coser la lengua de un oficial gravemente herido, antes de hacer que le alimenten por sonda y después con biberón. Contrariamente a las recomendaciones de Ambroise Paré observadas por los cirujanos desde hace dos siglos, Larrey cierra heridas torácicas acompañadas de hemorragia; el éxito del método le abrirá las puertas de los manuales de medicina. Conserva el cadáver Suleiman al-Halabi, asesino del general Jean Baptiste Kléber, que sería transportado a Francia con fines científicos.

En El Cairo, da un curso de cirugía y entra en el instituto de Egipto el 4 de julio de 1799. El cirujano en jefe será uno de los últimos miembros del instituto en dejar Egipto el 27 de octubre de 1801 acompañando al general Jacques François de Boussay, barón de Menou, a quien cura de la peste en el barco que los lleva a Francia. Publicará dos años más tarde Relation historique de l’expédetion de l’armee d’Orient en Égyte et en Syrie.

Reconocimiento de soldados y militares

Fue extraordinariamente popular entre los soldados, quienes le denominaban «la Providencia del soldado» desde que fuera bautizado con este sobrenombre en la campaña de Egipto. Estableció un orden de prioridad en la asistencia a los heridos independiente del rango que ostentasen e incluso del ejército al que perteneciesen. En numerosas ocasiones atendió a heridos de los combatientes enemigos, ganando también entre ellos el reconocimiento de su abnegación.

Durante la decisiva Batalla de Waterloo, el Duque de Wellington quedó sorprendido por la visión de una ambulancia francesa en proximidad de la vanguardia del ejército británico. Cuando el general fue informado de que el cirujano que atendía a los heridos en la ambulancia era Larrey en persona, el duque de Wellington, conocedor de su fama, se quitó el bicornio y le saludó con esta expresión, «Yo saludo el honor y la lealtad de tal doctor».

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