Juan Domingo Francisco de Paula José Rafael del Sacramento de Monteverde y Ribas (San Cristóbal de La Laguna, España; 2 de abril de 1773 – San Fernando, Cádiz, España; 15 de septiembre de 1832) fue militar, político y Capitán General de Venezuela que, defendiendo la integridad de la Monarquía Española, combatió la causa revolucionaria independentista americana durante los años 1812 y 1813 en la Capitanía General de Venezuela, asumiendo el liderazgo del Ejército Realista en dicho país.
Fue el responsable de la captura y aprehensión del Generalísimo Francisco de Miranda, eminente prócer venezolano, quien luego muere en La Carraca, España el 14 de julio de 1816.
Dirigió con éxito la campaña militar que acabaría con la caída de la Primera República de Venezuela en 1812, ello tras la firma de la Capitulación de San Mateo, donde obtuvo la rendición de los Ejércitos Patriotas, tras lo cual asumió el mando de la Capitanía General de Venezuela y la Presidencia de la Real Audiencia de Caracas. Fue vencido un año después por las fuerzas al mando de Simón Bolívar, durante la "Campaña Admirable", tras lo cual regresó a España, convaleciente de heridas de guerra.
Monteverde fue posteriormente ascendido a Brigadier y condecorado con la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica y la Cruz Laureada de San Fernando, en su segunda clase, en reconocimiento a los servicios prestados a la Corona Española. Ejerció brevemente como Capitán General de Puerto Rico, fue Comandante Principal de los Tercios de Levante y llegó a ser Jefe de Escuadra de la Real Armada Española.
Acciones militares en la Armada
Domingo de Monteverde nació el 2 de abril de 1773 en la ciudad canaria de San Cristóbal de La Laguna, hijo de Estanislao Monteverde Lugo y de Francisca Ribas, perteneciente a familias de terratenientes canarios. En 1785 ingresó como cadete en el Regimiento de Milicias Provinciales de La Villa (Orotava). Entró a la Armada en el año 1789, sentando plaza de guardiamarina el 17 de octubre de 1789 en la compañía del departamento de Cádiz. En 1793 fue ascendido a Alférez de Fragata, siendo embarcado en la escuadra de Juan de Lángara, que unida a la británica del almirante Samuel Hood, defendió el arsenal y la ciudad de Tolón frente al asedio de los revolucionarios. A las órdenes del general Federico Gravina, tomó parte en casi todas las acciones protagonizadas por este, siendo las más destacadas la defensa del fuerte de Málaga y su evacuación.
Ya como alférez de navío, a bordo de la fragata Paz, participa en la Batalla del Cabo de San Vicente, entre la escuadra española del general don José de Córdova y la británica del almirante John Jervis, el 14 de febrero de 1797. A finales de ese año pasó al apostadero de Algeciras, donde se le confirió el mando alternativo de varias cañoneras durante el ataque a Gibraltar, actuando como escolta de algunos de los convoyes que transitaban por la zona. En 1789 embarcó en el navío Bahama para servir en la escuadra de don José de Mazarredo Salazar, siendo destinado al año siguiente al arsenal de Ferrol, donde también combatió contra los británicos.
Pasó después a los batallones de Infantería de Marina en el departamento de Cádiz y siguiendo órdenes superiores, en 1801 embarcó en la fragata Santa Sabina para cruzar el océano y llegar a Cartagena de Indias, donde se le dio el mando del bergantín Cartagenero, que pertenecía a aquel apostadero. Luego transbordó al navío San Leandro, con el cual regresó a España a fines de 1803. Al presentarse nuevamente al apostadero de Cádiz en 1804, se le dio el mando una cañonera. Participó en la Batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, a bordo del navío San Ildefonso, siendo herido y hecho prisionero. Luego de ser canjeado, fue destinado una vez más al departamento de Cádiz, donde se le nombró ayudante en la compañía de guardiamarinas y fue ascendido al grado de Teniente de Navío.
Al sobrevenir la invasión napoleónica, recibió en Cádiz el mando de una batería de artillería con la cual estuvo hostigando a la escuadra francesa del almirante Rosily durante junio de 1808, contribuyendo a su rendición el 14 de ese mes. Hacia finales de ese año se le nombró Capitán de Cazadores del Segundo Batallón del Regimiento de Infantería de Marina, destinándosele a la región de Extremadura. Tomó parte en todas las acciones de guerra que se produjeron en esa región, a las órdenes de diferentes jefes e interviniendo decididamente en la batalla de Ciudad Real y posteriormente en la de Talavera, en la que fue derrotado el ejército napoleónico. Por esta última acción, Monteverde fue recompensado con el ascenso a Capitán de Fragata y condecorado con la cruz conmemorativa de dicha batalla.
Comienzan a soplar vientos de insurrección en los Virreinatos del Imperio Español y el 19 de abril de 1810, en Caracas, se conforma una junta de gobierno en defensa de la legitimidad y derechos de Fernando VII, Rey de España. Dicha junta cae en manos del sector más radical del proceso, llegando incluso a una total declaración de independencia el 5 de julio de 1811 y el establecimiento de la Primera República de Venezuela, con Francisco de Miranda como jefe militar. Monteverde aborda el navío San Lorenzo con destino a Cuba y Puerto Rico, recibiendo luego órdenes de partir hacia Venezuela para sofocar la revuelta y restablecer el orden imperial.
Caída de la Primera República de Venezuela
Con el prestigio ganado en las Guerras Napoleónicas, llegó a Coro en marzo de 1812 procedente de Puerto Rico, con doscientos treinta soldados "entre españoles y coreanos, un cura de nombre Torellas, un cirujano, diez mil cartuchos, un obús de a cuatro y diez quintales de galletas". Como se ve, la fuerza militar de la cual disponía era insignificante para emprender una campaña militar exitosa. Tal escasez de recursos era una consecuencia directa de lo debilitado de las comunicaciones entre Madrid y los territorios americanos luego de la anulación del poderío naval español durante la Guerra de independencia española. Sin embargo, hubo un suceso determinante que terminó jugando en favor de Monteverde y la causa realista: el descontento social de la población con los nuevos gobernantes, lo cual impulsaría posteriormente a Bolívar a plantear una Guerra Social, reflexión que quedaría plasmada en su célebre Manifiesto de Cartagena.
Monteverde tenía órdenes de marchar hacia Siquisique y unir sus fuerzas con las del cacique jirahara Juan de los Reyes Vargas, quien era afecto a la causa realista y tenía a su servicio otros doscientos fusileros y cien flecheros, con lo cual acumuló 1.550 hombres, entre oficiales y soldados. A pesar de que le fue comunicado que no prosiguiera su avance sin antes recibir apoyo de Coro, desobedeció tales órdenes, mezclando un poco de valentía y experiencia militar con buenas dosis de fortuna y asaltó Valencia, Barinas, El Tocuyo y San Carlos. Como no podía dejar fuerzas de ocupación, tuvo que regresar a Valencia a enfrentarse con los alzados republicanos, obteniendo una contundente victoria. Por esta hazaña, se le ascendió a Capitán de Navío y se le nombró Capitán General de Venezuela. Para neutralizar esta ofensiva, el gobierno republicano de Caracas había nombrado al general Francisco de Miranda como comandante en jefe del Ejército, quien estableció el grueso de sus tropas en Valencia y Puerto Cabello.
Camino de Caracas, fue sumando cada vez más voluntarios a su ejército, produciendo un repliegue de las fuerzas patriotas, al mando de Miranda. En junio llegó a las proximidades de La Victoria y San Mateo. Su exitoso avance fue favorecido por el apoyo social que le brindaron las castas desposeídas, quienes veían a su enemigo en los nuevos gobernantes mantuanos, hecho que además se reforzó con sucesos como el terremoto del 26 de marzo de 1812, cuando Monteverde tomaba la plaza de Barquisimeto, al mando de un ejército integrado en su mayoría por pardos, zambos, mulatos e isleños.
La caída de la plaza de Puerto Cabello, al mando del entonces coronel Simón Bolívar, dio notable impulso a sus acciones, hasta entonces paralizadas como consecuencia de los fallidos ataques a La Victoria y a la carencia de material de guerra. En esa batalla, las fuerzas patriotas al mando de Miranda no pudieron resistir el embate de las tropas realistas comandadas por Monteverde, quien recibió en reconocimiento a esta acción la condecoración con la cruz de la Orden de Carlos III. Monteverde impuso a Miranda una capitulación que fue firmada por representantes de ambas partes beligerantes en San Mateo, el 25 de julio de 1812. Con este acto cesó toda la resistencia que hasta ese momento se había opuesto a la ofensiva realista y como consecuencia, Monteverde aniquiló la República proclamada el año anterior y restauró el sistema monárquico en la provincia de Venezuela. Francisco de Miranda fue apresado y enviado a Puerto Rico y luego al Arsenal de la Carraca (Cádiz), y la mayoría de los oficiales patriotas fueron al exilio.