El diseño gráfico es una profesión, disciplina académica y arte aplicada, cuya actividad consiste en proyectar comunicaciones visuales destinadas a transmitir mensajes específicos a grupos sociales con objetivos determinados, donde es común el uso de texto y gráficos para comunicarse visualmente. Se basa en el principio de «la forma sigue a una función específica».
El diseño gráfico es una rama interdisciplinaria del diseño y de las bellas artes, cuyos fundamentos y objetivos giran en torno a la definición de problemas y determinación de objetivos para la toma de decisiones a través de la creatividad, la innovación y el pensamiento lateral junto con herramientas manuales o digitales, transformándolo para su debida interpretación. Esta actividad ayuda a la optimización y al mejoramiento de la comunicación gráfica. También es conocido como diseño de la comunicación visual y diseño visual.
El rol que cumple el diseñador gráfico en el proceso de comunicación es el de codificador o intérprete del mensaje. Trabaja en la interpretación, planeación y presentación de los mensajes visuales. Por lo general, el diseño gráfico utiliza la estética de la tipografía y la disposición compositiva del texto, la ornamentación y las imágenes para transmitir ideas, sentimientos y actitudes más allá de lo que expresa el lenguaje por sí solo. El trabajo de diseño puede partir de la demanda de un cliente, demanda que se establece lingüísticamente, ya sea de manera oral o escrita, es decir, que el diseño gráfico transforma un mensaje en una manifestación gráfica.
El diseño gráfico tiene, como campo de aplicación, diferentes áreas enfocadas a la comunicación visual. Por ejemplo, puede aplicarse en estrategias publicitarias, o también, en el llamado branding.
Con orígenes en la Antigüedad y la Edad Media, el diseño gráfico como arte aplicada estuvo inicialmente vinculado al auge de la imprenta en Europa en el siglo xv y al crecimiento de la cultura de consumo en la Revolución Industrial. A partir de allí surgió como una profesión diferenciada en Occidente, muy asociada a la publicidad en el siglo xix y su evolución permitió su consolidación en el siglo xx. Dado el crecimiento veloz y masivo en el intercambio de información en la actualidad, la demanda de diseñadores experimentados es mayor que nunca, particularmente a causa del desarrollo de nuevas tecnologías y de la necesidad de prestar atención a los factores humanos que escapan a la competencia de los ingenieros que las desarrollan.
La definición de la profesión del diseñador gráfico es más bien reciente o algo parecido, en lo que se refiere a su preparación, su actividad y sus objetivos. Aunque no existe consenso sobre una fecha exacta en la que nació el diseño gráfico, algunos lo datan durante el período de entreguerras. Otros entienden que comienza a identificarse como tal para finales del siglo xix.
Puede argumentarse que comunicaciones gráficas con propósitos específicos tienen su origen en las pinturas rupestres del Paleolítico y en el nacimiento del lenguaje escrito en el tercer milenio a. C. Pero las diferencias de métodos de trabajo, ciencias auxiliares y formación requerida son tales que no es posible identificar con claridad al diseñador gráfico actual con el hombre de la prehistoria, con el xilógrafo del siglo xv o con el litógrafo de 1890.
La diversidad de opiniones responde a que algunos consideran como producto del diseño gráfico a cualquier manifestación gráfica y otros solamente a aquellas que surgen como resultado de la aplicación de un modelo de producción industrial; es decir, aquellas manifestaciones visuales que han sido "proyectadas" contemplando necesidades de diversos tipos: productivas, simbólicas, ergonómicas, contextuales, entre otros.
Sin embargo, la evolución del diseño gráfico como práctica y profesión ha estado estrechamente ligada a las innovaciones tecnológicas, las necesidades sociales y la imaginación visual de los profesionales. El diseño gráfico se ha practicado de diversas formas a lo largo de la historia; de hecho, los buenos ejemplos de diseño gráfico se remontan a los manuscritos de la antigua China, Egipto y Grecia. A medida que la impresión y la producción de libros se desarrollaron en el siglo xv, los avances en el diseño gráfico se desarrollaron a lo largo de los siglos posteriores, y los compositores o tipógrafos a menudo diseñaban las páginas según establecían el tipo.
A fines del siglo xix, el diseño gráfico surgió como una profesión distinta en Occidente, en parte debido al proceso de especialización laboral que se produjo allí, y en parte debido a las nuevas tecnologías y posibilidades comerciales que trajo consigo la Revolución Industrial. Los nuevos métodos de producción llevaron a la separación del diseño de un medio de comunicación (por ejemplo, un cartel) de su producción real. Cada vez más, a lo largo del siglo xix y principios del siglo xx, las agencias de publicidad, los editores de libros y las revistas contrataron directores de arte que organizaron todos los elementos visuales de la comunicación y los integraron en un todo armonioso, creando una expresión adecuada al contenido. En 1922, el tipógrafo William A. Dwiggins acuñó el término diseño gráfico para identificar el campo emergente.
A lo largo del siglo xx, la tecnología disponible para los diseñadores siguió avanzando rápidamente, al igual que las posibilidades artísticas y comerciales del diseño. La profesión se expandió enormemente y los diseñadores gráficos crearon, entre otras cosas, páginas de revistas, cubiertas de libros, carteles, carátulas de discos compactos, sellos postales, empaques, marcas, carteles, anuncios, títulos cinéticos para programas de televisión y películas, y sitios web. A principios del siglo XXI, el diseño gráfico se había convertido en una profesión global, a medida que la tecnología y la industria avanzadas se extendían por todo el mundo.
El libro de Kells —una Biblia manuscrita profusamente ilustrada, realizada por monjes irlandeses del siglo ix— es para algunos un muy hermoso y temprano ejemplo del concepto de diseño gráfico. Se trata de una manifestación gráfica, de gran valor artístico, de altísima calidad, y que incluso sirve de modelo para aprender a diseñar —pues incluso supera en calidad a muchas de las producciones editoriales actuales—, y además desde un punto de vista funcional contemporáneo esta pieza gráfica responde al conjunto de necesidades planteadas al equipo de personas que lo realizó, no obstante otros opinan que no sería producto del diseño gráfico, pues entienden que su concepción no se ajusta a la idea del proyecto de diseño gráfico actual.
La historia de la tipografía —y por carácter transitivo, también la historia del libro— está estrechamente vinculada a la del diseño gráfico; esto puede ser así porque prácticamente no existen diseños gráficos en los que no se incluyan elementos gráficos de este tipo. De ahí que cuando se habla de la historia del diseño gráfico, también se cita la tipografía de la columna trajana, las miniaturas medievales, la imprenta de Johannes Gutenberg, la evolución de la industria del libro, los afiches parisinos, el Movimiento de Artes y Oficios (Arts and Crafts), William Morris, la Bauhaus, etc.
La introducción de los tipos móviles por Johannes Gutenberg hizo a los libros más baratos de producir, además de facilitar su difusión. Los primeros libros impresos (incunables) marcaron el modelo a seguir hasta el siglo XX. El diseño gráfico de esta época se ha llegado a conocer como Estilo Antiguo (especialmente la tipografía que estos primeros tipógrafos usaron) o Humanista, debido a la escuela filosófica predominante de la época.
Tras Gutenberg, no se vieron cambios significativos hasta que a finales del siglo XIX, específicamente en Gran Bretaña, se hizo un esfuerzo por crear una clara división entre las Bellas Artes y las Artes Aplicadas.
Durante el siglo xix el diseño de mensajes visuales fue confiado alternativamente a dos profesionales: el dibujante o el impresor o el waza . El primero estaba formado como artista y el segundo como artesano, ambos frecuentemente en las mismas escuelas de artes y oficios. Para el impresor tenía como arte el uso de ornamentos y la selección de fuentes tipográficas en sus composiciones impresas. El dibujante veía a la tipografía como un elemento secundario y prestaba más atención a elementos ornamentales e ilustrativos.