Tal Día como Hoy

Dionisio Ridruejo

Escritor y político español

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Dionisio Ridruejo Jiménez (El Burgo de Osma, Soria, 12 de octubre de 1912-Madrid, 29 de junio de 1975) fue un escritor y político español perteneciente a la generación del 36 o primera generación poética de posguerra.

Miembro temprano de la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera, durante la Guerra Civil fue responsable de propaganda en el bando franquista. Abrazador de un discurso abiertamente totalitario,​ marchó como voluntario de la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial; a su vuelta reprochó a Franco en una carta no apostar decididamente por el fascismo.​

Resultado de sus tensiones con el régimen, fue encarcelado y llegó a exiliarse; durante la dictadura, acabaría experimentando una transición ideológica que le acabó situando en posiciones críticas con Franco. Igualmente, se fue aproximando a la socialdemocracia​ o a un «liberalismo socializante».​

Nació el 12 de octubre de 1912 en la localidad soriana de El Burgo de Osma, hijo de un comerciante de posición desahogada y de una ama de casa,​ sobrina de su marido.​ Fue el quinto de seis hermanos, de los cuales los dos mayores murieron muy pronto.​​ Su padre —fallecido en 1915, cuando Dionisio tenía tres años​— se hizo cargo de la sucursal que el negocio comercial y bancario abierto en Soria estableció en el Burgo, iniciando un sistema de proliferación (promover hasta 35 filiales en Castilla) que duró hasta que Dionisio tuvo veinte años.​

Estudió con los maristas en Segovia y luego con los jesuitas en Valladolid y en Madrid. Ingresó en la Universidad María Cristina de San Lorenzo de El Escorial para estudiar la carrera de Derecho, en régimen de internado;​ la terminó en la Universidad Central Madrileña en junio de 1935.​

Participante de las tertulias del grupo literario de La ballena alegre, fue uno de los integrantes que se sumaron al llamado Movimiento Español Sindicalista fundado por José Antonio Primo de Rivera,​ embrión de Falange Española (FE). De educación tradicional y religiosa, a los veintiún años, en 1933, Dionisio se afilió a FE, como uno de los primeros seguidores de José Antonio Primo de Rivera (al que conoció en 1935), y ocupó cargos políticos; se le deben dos versos de la letra del himno falangista Cara al sol («Volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz»).​ Avanzada su vida escribirá en 1957, por el contrario, un Himno a la libertad («Adelante… / al combate que funda la paz, / al trabajo que gana la tierra / en el nombre de la libertad»).​

Como luego dirá de su mocedad: «Mi conocimiento de las realidades políticas y sociales era sumario», y con los años fueron llevándole «a conclusiones muy alejadas de mis apriorismos juveniles, más bien recibidos por influencia que conquistados por reflexión».​

Tras el estallido de la Guerra Civil se unió al bando sublevado. A finales de 1936 el líder falangista Manuel Hedilla le nombró jefe provincial de Falange en Valladolid, en sustitución de Andrés Redondo —hermano del fallecido Onésimo Redondo—.​ A comienzos de 1937 fue brevemente detenido por órdenes de Franco —junto a otros como José Antonio Girón de Velasco o Javier Martínez de Bedoya— por la distribución no autorizada de un discurso reproducido de José Antonio Primo de Rivera.​

En junio de 1937 encabezó junto con Carmen de Icaza una comitiva falangista que viajó a la Alemania nazi, asistente en Hamburgo a un acto de la organización Kraft durch Freude (KdF) y que después tuvo una breve recepción con Adolf Hitler en Berlín.​ Amigo desde la juventud de Antonio Tovar (estudiaron juntos en la María Cristina de El Escorial), Ridruejo cedió a este las competencias de radio que recibió de Ramón Serrano Suñer, ministro del Interior, a comienzos de 1938, tras la formación del primer gabinete franquista.​ Hombre próximo a Serrano Suñer, el 2 de marzo de 1938 fue nombrado jefe nacional de Propaganda.​ Llegaría a ser conocido como el Goebbels español.​ Notable orador que habría dispuesto de la mejor oratoria entre los falangistas después de la de José Antonio según Stanley G. Payne, trató igualmente durante su control de la sección de Propaganda de conservar las formas poéticas del fallecido líder falangista.​

Designado en junio de 1938 parte de la comisión de tres miembros —junto con Pedro Gamero del Castillo y Juan José Pradera— encargada de redibujar el papel de FET-JONS, abogó por la implantación de un Estado completamente totalitario.​ También se opuso a la desmesurada preponderancia de la Iglesia en los planes educativos, contrariando al ministro de Educación Pedro Sainz Rodríguez.​ Con la reestructuración ministerial de comienzos de 1939, mantuvo el control de las competencias de Propaganda, pero a partir de entonces desde el nuevo cargo de director general.​ Su cese formal —ya había dejado de ejercer como tal meses atrás—​ como director general de propaganda tuvo lugar por decreto de 1 de mayo de 1941 del Ministerio de la Gobernación,​ y se acabaría publicando en el Boletín Oficial del Estado simultáneamente con el cese de Antonio Tovar.​ Llegó a colaborar con la revista Jerarquía,​ así como con el diario falangista Arriba España.​

En octubre de 1938 realizó un viaje a la Italia fascista, durante el cual mantuvo diversos encuentros con jerarcas del régimen de Mussolini. Firmó un acuerdo con Dino Alfieri, el todopoderoso ministro de Cultura Popular, por el cual se establecían las bases para la coproducción de películas comerciales entre ambos países.​

Tras el final de la contienda fundó junto con Pedro Laín Entralgo la revista Escorial,​ baluarte del movimiento poético conocido como garcilasismo o poesía arraigada, del que él mismo formó parte. Rescató desde sus páginas la poesía de Antonio Machado (un amante de su natal tierra soriana) y en octubre de 1940 escribió el prólogo para una edición de las Obras completas del poeta fallecido en el exilio;​ la publicación en 1941 de la obra generó tensiones en el gobierno, llegando a solicitar Juan Vigón la censura de esta.​ Sin embargo, la protección de la tertulia falangista Musa Musae, presidida por su hermano Manuel Machado, sirvió para impedirlo.

Dictadura franquista, primeros años

Dionisio Ridruejo participó en 1940 en la fundación de la tertulia falangista conocida como Academia Musa Musae, donde leyó algunas de sus obras.​ El 13 de septiembre de ese mismo año, Ramón Serrano Suñer parte hacia Alemania como enviado especial de Franco, acompañado de un grupo de personas inclinadas en favor del nacionalsocialismo. En este séquito figuraban Demetrio Carceller Segura junto con Miguel Primo de Rivera, Antonio Tovar, Manuel Halcón, Manuel de Mora-Figueroa y el propio Dionisio Ridruejo.​ Allí se entrevista con jerarcas y ve cómo combaten y cómo se organizan cinematográficamente en los estudios de la Universum Film AG.​

En un artículo de Arriba publicado en el 29 de octubre de 1940 —«La patria como síntesis»— Ridruejo llegó a definir a la Falange como totalitaria, minoritaria, exclusiva y unitaria.​ En 1941 marchó como soldado raso voluntario a la División Azul que fue a luchar a la Unión Soviética junto a las tropas alemanas. «Los años 1940 y 1941 fueron los más contradictorios, desgarrados y críticos de mi vida».​ Escribió en el Frente Oriental artículos que enviaba al diario Arriba firmados con el pseudónimo de Andrés Oncala.​​ A su vuelta, sin embargo, se enfrentó con el régimen del general Francisco Franco, porque el dictador se comportaba como un gobernante revanchista que, más que seguir las líneas de la revolución falangista, se entregaba a las corrientes más conservadoras y pretendía destruir a los adversarios. Como el propio Ridruejo escribió, Franco fingía «la suprema defensa de nuestra generación» mientras entonaba «el cántico de los derechos incondicionales» y predicaba «una especie de revanchismo deportivo, dando a la honrosa tarea del Poder una categoría de pago de gratificaciones».

Su discrepancia la expuso en persona al propio Franco: lo acusó de utilizar a la Falange hasta la traición, le explicó que el mando no legitima todo y que, en lugar de encarnar la revolución, pretendía ser un árbitro entre fuerzas contradictorias, no consiguiendo sino un régimen político impopular que solo administraba el hambre, cedía ante las presiones eclesiásticas, sostenía una justicia arbitraria y se sostenía gracias a un ejército opresor. Concluyó diciendo que el «Régimen se hunde como empresa aunque se sostenga como tinglado».

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