El diezmo (del latín decimus, décimo) es una décima parte de algo que se paga como contribución a una organización religiosa o impuesto obligatorio al gobierno.
El primer diezmo registrado en la santa Biblia, concretamente en el Antiguo Testamento, fue el dado por el patriarca Abram (después llamado Abraham) al sacerdote Melquisedec en acción de gratitud en Génesis 14:20, tiempo antes de que se instituyera el diezmo para los sacerdotes levitas, aunque solo lo hizo una vez.
En los versículos finales (30-34) de Levítico 27 se dan preceptos sobre los diezmos.
Varios conceptos de diezmos se describen en Deuteronomio en el capítulo 14 versículo 22-29. El diezmo era la manera de sustentar la tribu israelita de Leví, que no podía poseer herencias de tierras, sino que su herencia era el 10% de lo que rindiera lo producido por los cultivos y los ganados de todas las otras tribus de Israel, es decir, sus ganancias eran el 10%, pues su labor era dedicarse a administrar el tabernáculo de Yahveh. El diezmo no solo era una obligación para el que lo daba (el pueblo judío), sino también para quienes tenían el deber de recibirlos y administrarlos (los ministros); uno de sus usos obligatorios era el de ayudar a las viudas, huérfanos y extranjeros (Deuteronomio 26:12-13). Recibido del producto de cada año, se llevaría el diez por ciento al alfolí, y de allí comerían todos los sacerdotes y sus familias.
En el Libro de Malaquías capítulo 3 en los versículos 8 al 12, la infidelidad en los diezmos se considera un robo a Dios, mientras que la fidelidad en los diezmos se presenta como una prueba de bendiciones.
Algunos teólogos han afirmado que el diezmo era una costumbre judía arraigada en la época de Jesús, y es por eso que no había una orden específica sobre el diezmo en el Nuevo Testamento.
Los judíos ortodoxos continúan practicando las leyes del diezmo, como Terumá y Maaser rishón.
En Catolicismo, durante el Consejo de Tours en 567, se promulgó un decreto para la recolección del diezmo. En 585, durante el Segundo Concilio de Mâcon, se adoptó la obligación de una contribución a la Iglesia con el fin de un desarrollo estructural en los templos, el diezmo no era la décima parte sino una tributo de acuerdo a la realidad económica de la persona, se le daba al obispo pero más tarde el derecho pasó a los sacerdotes parroquiales . La Iglesia Católica ya no requiere el diezmo en derecho canónico.
En el Protestantismo, Martín Lutero, el teólogo detrás de la reforma protestante, dijo que la ley de la gracia excluye la ley del diezmo. En un sermón del 27 de agosto de 1525, mencionó el pasaje de Pablo en Gálatas 5: 3 donde se dice que si acepto vivir de acuerdo con la ley de Moisés, estoy obligado a practicar toda la ley (Dt 28: 58). Algunas denominaciones protestantes creen en el diezmo como modelo de generosidad no obligatoria.
Iglesia luterana Sínodo de Misuri, Estados Unidos
Iglesia presbiteriana (Estados Unidos), Estados Unidos
En cristianismo evangélico, las posiciones en el diezmo varían según las confesiones. En algunas iglesias evangélicas, el diezmo se considera obligatorio y el tema ocupa una gran parte de cada culto. Para otras iglesias evangélicas, el diezmo no es una obligación, sino una invitación.
Según un estudio realizado en 2018 por LifeWay Research que entrevistó a 1,010 estadounidenses, el 86% de las personas con creencias evangélicas dicen que el diezmo todavía sigue siendo un mandamiento bíblico. En este número, el 87% de los creyentes bautistas, el 86% de los creyentes pentecostales y el 81% de los creyentes no denominacionales comparten esta posición.
Para los testigos de Jehová no es obligatorio dar el diezmo, pero sí influyen a sus creyentes en dar donativos anónimos y voluntarios. Para los JW la ley se le dio a la antigua nación de Israel que incluía el mandato de dar a los sacerdotes judíos, no a los cristianos. Los JW utilizan el pasaje 2 Corintios 9:7, “Que cada uno haga lo que ha decidido en su corazón, y no de mala gana ni a la fuerza (impuesto) , porque Dios ama al que da con alegría” .
Colecta de ofrendas religiosas e impuestos
En Francia, durante el Antiguo Régimen, fue un impuesto para recaudar fondos con los que mantenían a la Iglesia y a sus ministros.
Correspondía a una determinada parte de la recaudación (la parte variaba de un obispo a otro y de una parroquia a otra, dependiendo del número de personas de las mismas).
A fin de proceder a la recaudación de este impuesto, el cura primitivo (de la parroquia) era el diezmero, firmaba una especie de contrato bien por la totalidad del diezmo, bien por una parte del mismo (mitad, tercio, cuarto, etc.) y, en general, mantenía el cargo con una duración de seis o siete años según las regiones.