Diego Ramírez de Villaescusa (Villaescusa de Haro, 7 de diciembre de 1459 - Cuenca, 11 de agosto de 1537), cuyos apellidos también aparecen como Ramírez de Haro, Ramírez de Fuenleal, Ramírez Martínez o Ramírez de Arellano (que son los distintos apelativos de su familia), latinizado como Didacus Ramirez, fue un destacado obispo y humanista español. Ejerció cargos universitarios, eclesiásticos y políticos de gran relevancia, manteniendo contacto con altas personalidades de la realeza, aristocracia e intelectualidad de su época (la de los Reyes Católicos, Juana la Loca -de la que fue capellán- y Carlos V -al que bautizó-) en Castilla, Flandes y Roma (bajo el breve papado de Adriano VI). Fue mecenas de las artes del Renacimiento español y los primitivos flamencos; recibiendo elogios que le construyeron una imagen literaria muy positiva.
Sus padres se llamaban, según unas fuentes Pedro Ramírez de Orellana y María Fernanda de Tercero, según otras Pedro Ramírez de Arellano y Haro (comendador de Fermoselle y Usagre) y María Fernández Ramírez de Tercero (natural de Corral de Almaguer), o bien Pedro Martínez de Villaescusa (escribano del rey en Cuenca) y María Fernández Ramírez. Su familia, los Ramírez de Arellano (a quienes algunas investigaciones proponen un origen converso) tuvo amplia entrada, por su acceso a la formación universitaria, en los equipos de letrados de distintas instituciones de la monarquía castellana y en el alto clero. A ella pertenecieron en el siglo XVI hasta diez obispos, entre ellos su hermanastro García Ramírez Villaescusa (hijo del primer matrimonio de su padre) que posiblemente fue el impulsor inicial de su carrera.
Después de formarse en latín en la localidad de Garci-Muñoz con un profesor llamado Juan González, estudió en la Universidad de Salamanca, donde fue colegial del Colegio Mayor de San Bartolomé. Su precocidad fue tal que algunos autores creen que le concedieron la licenciatura en teología con diez y seis años, aunque lo que parece más seguro es que en 1478 ya debía haber terminado los tres cursos de Artes y estaría preparando la licenciatura y el doctorado, asistiendo a las clases de Antonio de Nebrija. Tras algunas vicisitudes en la obtención de cargos docentes (ganó en octubre de 1479 la sustitución a una cátedra de Filosofía natural que no llegó a ocupar y fue nombrado consiliario, renunciando al puesto en febrero de 1480 para opositar a la cátedra de retórica contra el propio Antonio de Nebrija -que ya era catedrático de Gramática, y solo se presentaba para que alguno de sus discípulos obtuviera plaza- y Fernando Manzanares -también discípulo de Nebrija-), aparece en los documentos del claustro como "bachiller catedrático" en noviembre de 1480. Los ocho años siguientes enseñó teología en San Bartolomé.
Empieza a ser considerado en la corte a partir de 1486, cuando su discurso en defensa de las Artes y la Teología le hicieron ganar la protección de fray Hernando de Talavera (confesor de la reina Isabel) y de los propios Reyes Católicos, que le beneficiaron con el arcedianato de Olmedo y la tesorería de la iglesia de Burgos (por iniciativa del obispo de esa diócesis, Luis de Acuña y Osorio, aunque tuvo que permutarla por una canonjía en Salamanca para poder seguir en la Universidad). De Salamanca marchó a Jaén, nombrado canónigo magistral del obispo Luis Osorio de Acuña (no confundir con el de Burgos). En la iglesia de San Pedro cantó su primera misa en 1489, coincidiendo con el cerco de Baza durante la guerra de Granada, periodo en que la corte residía allí. En mayo de 1489 participó en las constituciones sinodales. En esos años, en que el obispo de Jaén estaba muy involucrado en la guerra, Diego entabló amistad con Pedro Mártir de Anglería, con el que mantuvo discrepancias sobre los autores clásicos ("paganos" según el de Villaescusa, que les criticaba) y que le previno contra el orgullo ("toma malvas blandas, Villaescusa, y no te infles porque te veas favorecido de los reyes y muy estimado de la hija de la reina"), aunque no le privó de encomios (llamándole "guardián de los secretos de las estrellas"). Tras la conquista de Granada, al ser nombrado Talavera su obispo, este le llamó para ser el primer deán de esa archidiócesis. También se recoge su amistad con el conde de Tendilla (la mayor autoridad civil del reino granadino). Aunque no hay ningún testimonio directo, es posible que tuviera algún contacto con Cristóbal Colón; al menos sí se registra que ambos coincidieron en fechas y lugares (Salamanca en 1486, Jaén en 1489, Granada en 1492), y que se relacionaron con un valioso ejemplar de la Cosmographia de Ptolomeo que perteneció a Fernando el Católico y que Villaescusa terminó adquiriendo (algunas fuentes afirman que "de forma ilícita"). Su interés por los libros valiosos le llevó, más adelante, a adquirir algunos de los de Fernando y al menos diez de los que se vendieron en la almoneda tras la muerte de la reina Isabel (que se hizo en 1505 en Toro), además de obsequiar al embajador Garcilaso de la Vega con el llamado Libro de horas de Leonor de la Vega (en 1498).
Capellán de Juana y obispo de Astorga y Málaga
En 1496 fue nombrado capellán mayor de la princesa Juana (la futura reina), cargo que suponía una estrecha relación como consejero, no solo espiritual. Junto al gran séquito que encabezaba el obispo de Jaén la acompañó a Flandes. Tras más de un mes allí, el 18 de octubre de 1496 Diego tuvo que celebrar precipitadamente el matrimonio de Juana con Felipe el Hermoso (por la prisa incontenible que manifestaron los novios nada más conocerse en Lier); la ceremonia oficial tuvo lugar dos días más tarde, celebrada por Henry de Berghes, obispo de Cambrai (el de Jaén había muerto poco antes). Diego Ramírez de Villaescusa fue uno de los pocos españoles que permaneció en el séquito de Juana tras su reorganización. Para aumentar su rango eclesiástico, fue nombrado deán de la catedral de Sevilla. Por cartas posteriores se sabe que se relacionaba con los "felipistas" (la facción partidaria del Hermoso: Guillermo de Croy, Diego de Guevara y François de Melun -del que llegó a decir "que es mucho mi señor y amigo"-). En la Universidad de Lovaina obtuvo el grado de maestro en teología (posiblemente es la ocasión en que entabló amistad con Adriano de Utrecht), y en la la de Colonia el doctorado en Derecho Civil y Canónico. Volvió a Flandes en 1498 para el bautizo de la infanta Leonor (primera hija de Juana y Felipe, nacida el 15 de noviembre). Ese mismo año publicó en Amberes Dialogi (dedicados a la muerte de Juan, el primogénito de los Reyes Católicos) y se le concedió el obispado de Astorga, que ejerció entre el 14 de febrero de 1498 y el 7 de febrero de 1500, cuando pasó a ser obispo de Málaga; sedes de las que tomó posesión por poderes (se le califica de "obispo ausente de su diócesis"). Las abultadas rentas de los beneficios eclesiásticos de los que iba disponiendo le permitieron financiar el importante programa constructivo y artístico que se estaba realizando en su localidad natal, Villaescusa de Haro.
El 24 de febrero de 1500 asistió al accidentado nacimiento del futuro Carlos I de España y V de Alemania (en una ocasión recordó a Carlos que fue el primero que le sostuvo en brazos), al que bautizó el 7 de marzo en una fastuosa ceremonia en la iglesia de San Juan (futura catedral de San Bavón) a la que asistieron "catorce perlados, arzobispos y obispos, vestidos de pontifical... y por principal el obispo de Tornay, en cuya diócesis está Gante, con otros tres obispos como ministros a su lado. El uno de estos obispos era don Diego Ramírez de Villaescusa". También bautizó un año más tarde a Isabel (la tercera de los hijos de Juana, nacida el 18 de julio de 1501). Volvió a España en 1502, acompañando a Juana y Felipe, esta vez por tierra, desde Bruselas. En la Pascua (abril de 1502), durante la estancia de los príncipes en Madrid, bautizó a varios musulmanes granadinos que estos apadrinaron. El 24 de mayo de ese mismo año, en Toledo, entregó a Isabel la Católica (con la que parece ser que había tenido algún enfrentamiento que en ese momento quedó desagraviado) un tapiz de Bruselas con el tema de la Crucifixión y que se incorporó a las colecciones reales, pero cuyo destino no se conoce actualmente.