Tal Día como Hoy

Diego Portales

Empresario y político chileno

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Diego José Pedro Víctor Portales y Palazuelos (Santiago, 16 de junio de 1793-Valparaíso, 6 de junio de 1837) fue un comerciante, militar y político conservador chileno, así como una de las figuras fundamentales de la organización y consolidación del Estado de Chile. Es un referente indispensable para el desarrollo intelectual del conservadurismo, el nacionalismo chileno y la justificación del autoritarismo en Chile.​

Lideró políticamente las fuerzas conservadoras en la Guerra Civil de 1829-1830 y, tras rehusar la presidencia del país, fue ministro del Estado durante la presidencias provisionales de José Tomás Ovalle y Fernando Errázuriz, colaboró frecuentemente con el gobierno de José Joaquín Prieto, e impulsó la creación de las Academias Militar y Naval, devolvió los bienes a las órdenes religiosas, e influyó decisivamente en la redacción de la Constitución de 1833. Fue nominalmente vicepresidente de la República hasta que el cargo fue abolido en mayo de 1833.

Ocupó la Gobernación de Valparaíso y en 1835 volvió al Gobierno como ministro de Guerra y después nuevamente de Interior. Aseguró la reelección de Prieto, de quien actuó como auténtico "primer ministro", aplicando una política destinada a afianzar el orden y el principio de la autoridad, rotos durante los procesos de Independencia y de Organización de la República. Algunos historiadores califican su actuación de dictatorial;​y otros, lo tienen como el fundador y arquitecto del estado chileno.​Para establecer el orden, tomó duras medidas, que incluían destierros y algunos fusilamientos de opositores al gobierno. Vio en la creación de la Confederación Perú-Boliviana una amenaza para Chile, por lo que impulsó la guerra contra ella, lo que produjo un alzamiento militar en Quillota que finalmente terminó con su vida.

Nació en el seno de una adinerada familia colonial perteneciente a la aristocracia chilena. Hijo de José Santiago Portales y Larraín, cuyo linaje ostentó los títulos de conde de Villaminaya y marqués de Tejares, y de María Encarnación Fernández de Palazuelos y Martínez de Aldunate Acevedo Borja, se crio en una familia de 23 hijos, de los cuales él fue el segundo hermano hombre. Sus abuelos paternos fueron Diego Portales y Andía-Irarrázabal y Teresa de Larraín y Lecaros. Sus abuelos maternos fueron Pedro Fernández de Palazuelos y Ruiz de Ceballos y Josefa Martínez de Aldunate y Acevedo Borja, descendiente directa del papa Alejandro VI. Portales era descendiente de españoles de orígenes castellanos y vascos.​

José Santiago Portales y Larraín era el superintendente de la Real Casa de Moneda de Santiago, por lo que decidió ligar la suerte del hijo a la sólida institución que dirigía, destinándolo a servir de capellán de la ceca santiaguina. Pero el carácter del niño, sumado a la falta de vocación e inquietudes morales e intelectuales, frustraron el proyecto paterno.

En 1806 tuvo la oportunidad de conocer la institución de las milicias, que él mismo reviviría cuando fue nombrado ministro, al integrarse su hermano José Diego a ellas, producto del ataque inglés a Buenos Aires.​ También recordará de esta época la actuación del regente de la Real Audiencia, Juan Rodríguez de Ballesteros, y su inflexible aplicación de la justicia contra los criminales.​

En 1808, a los 14 años, ingresó al Convictorio Carolino, durante la época de la independencia, pero el espíritu revolucionario no inflamó su alma, a diferencia de lo que le ocurrió al resto de su familia. La causa de la Independencia lo dejó completamente indiferente, pese, por ejemplo, al exilio de su propio padre al archipiélago de Juan Fernández.​ En 1813 pasó al Instituto Nacional de Chile, que al fundarse ese año integró al colegio carolino junto a los otros establecimiento educacionales de entonces;​ comenzó estudios de Leyes, pero los abandonó al cabo de un año para trabajar en la Casa de Moneda con su padre.

Tomó algunas nociones de docimasia (arte de ensayar los minerales), recibiéndose de ensayador en 1817 en la Casa de Moneda, para poder ganar cierto sustento económico y así casarse con su prima Josefa Portales y Larraín, de la cual estaba profundamente enamorado. El matrimonio se efectuó el 15 de agosto de 1819; tuvieron dos hijas, muertas a corta edad. Por entonces se inició en el comercio, conservando su trabajo en la Casa de Moneda.

Se sintió destrozado cuando su esposa falleció en 1821, sumiéndose en una crisis mística que lo llevó a pensar en convertirse en sacerdote, jurando nunca más contraer matrimonio; dejó su trabajo y se concentró en sus negocios,​ trasladando el asiento de ellos al Perú, en sociedad con el comerciante José Manuel Cea.

La compañía que formó con Cea tuvo mucho éxito, y, dos años después, Portales la trasladó a Chile con el propósito de expandir los horizontes de sus especulaciones, logrando que la Casa Portales, Cea y Compañía fuera hacia 1824 una de las más destacadas en el comercio chileno.

Para desembolsar los gastos del gobierno y de la expedición libertadora del Perú, Bernardo O'Higgins envió a Antonio José de Irisarri a Inglaterra con el fin de obtener fondos. Con esta misión, Irisarri firmaba el 26 de agosto de 1819 un contrato con la Casa Hullet Hnos. y Cía. por el valor de un millón de libras.

Una vez caído O'Higgins, esa deuda se transformó en un terrible dolor de cabeza para sus sucesores, que decidieron restablecer el estanco del tabaco, incluyendo también en ese monopolio el té, los licores extranjeros y otros artículos de menos importancia, con la gracia de quien poseyese el estanco debía contribuir a pagar la deuda.

El único que se presentó para hacerse cargo fue la Sociedad Portales, Cea y Cía., por lo que en agosto de 1824, durante la presidencia interina de Fernando Errázuriz, se celebró un contrato entre el Fisco y la Sociedad, en virtud del cual el monopolio fue cedido a esta por el término de diez años, con el compromiso de los concesionarios de pagar en Londres la cantidad de 355 250 pesos anuales por intereses y amortización del empréstito, más 5000 pesos por año a la caja de descuentos de Santiago.

El negocio del estanco exigía que su concesionario trabara una fuerte confraternización con funcionarios políticos, judiciales y policiales. Para asegurar la integridad de las ganancias el estanquero era también encargado, en los hechos, de denunciar a los traficantes de las especies monopolizadas por él. Recién entonces, y motivado por estos rudos asuntos, Portales se interesó en la cosa pública. Se integró a la institución gremial de los grandes comerciantes, el Consulado.

El estanco fue un fracaso, el contrabando anuló toda posibilidad de que rindiera frutos y ni siquiera se pudo pagar el primer dividendo del pago del empréstito.​ Portales se ganó la enemistad de muchos, pero también empezó a hacerse de relaciones económicas y políticas cada vez más fuertes.

El Congreso Nacional, para revertir la situación, dictó una ley el 2 de octubre de 1826, dando el derecho del estanco al Fisco mediante la creación de una factoría general, y mandando a verificar en el término de tres meses un juicio de compromiso con la firma para liquidar el negocio.

Portales ganó el juicio: el Estado quedaba obligado a pagar más de 87 000 pesos a Portales, Cea y Cía., por concepto de administración, comisiones y pérdidas, pero la Sociedad decidió no cobrar este dinero al Gobierno.

Fue el estanco el que hizo entrar en la política a Portales, lo que ocurrió cuando se puso en campaña para defenderse de las acusaciones. Él y su círculo, que fueron bautizados con el apodo de estanqueros, poseían un periódico, el Hambriento, que se autodefinía como sin literatura, impolítico, pero provechoso y chusco. Portales no escribía en este diario, pero se dedicaba a conspirar para terminar con el Gobierno liberal, que según opinaba estaba llevando al país al desastre. Portales se convirtió así en uno de los impulsores de la guerra civil de 1829.

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