Tal Día como Hoy

Diego Centeno

Explorador español

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Diego Centeno (Ciudad Rodrigo, 1516 - Potosí, 1549) fue un conquistador español que participó en la conquista del Perú y en las guerras civiles entre los conquistadores. A lo largo de toda su carrera se mantuvo fiel a la Corona española. Organizó en el sur del Perú la resistencia contra la rebelión de Gonzalo Pizarro, aunque fue derrotado en la sangrienta batalla de Huarina. Se sumó luego a las tropas del Pacificador Pedro de La Gasca, y estuvo en la batalla de Jaquijahuana donde fueron derrotados los gonzalistas (1548). Como premio a su lealtad fue nombrado Gobernador del Paraguay, cargo que renunció sin haberlo asumido. Falleció poco después, posiblemente envenenado. Quedó en el recuerdo no solo por su inquebrantable lealtad a la Corona, sino por la afabilidad de su trato y la caballerosidad que demostró para con todos, en particular hacia los indios, quienes le tuvieron gran estima.

Fue hijo legítimo del hidalgo Diego de Caravedo y de Marina de Vera y Centeno. Según parece, recibió una educación esmerada. Pasó a América con el capitán Felipe Gutiérrez en 1535, acompañando a dicho jefe a la entrada de Veragua, pero habiendo fracasado esta empresa, fugó con su caudillo y otros amigos al Perú, donde llegó en 1536. Pasó a servir a Francisco Pizarro, a quien escoltó hasta Nasca, pasando luego al Cuzco. Según versión del cronista Antonio de Herrera y Tordesillas, participó en la batalla de las Salinas, en 1538, a órdenes de Hernando Pizarro, siendo uno de los oficiales que escoltaban el estandarte real.

Luego estuvo con el capitán Peránzurez de Camporredondo en la jornada de los Chunchos, y en la expedición a Charcas que derivó en la fundación de la villa de La Plata o Chuquisaca (actual Bolivia). Allí recibió un solar, convirtiéndose en uno de sus vecinos más notables. Posteriormente acompañó al capitán Diego de Rojas en la entrada de los Chiriguanos (al este de Charcas).

Era Diego Centeno persona de muy buena casta, descendiente de aquel alcaide Hernán Centeno tan nombrado en Castilla sería en aquel tiempo de edad de 35 años, hombre gracioso y liberal y de muy buena disposición y condición y muy valiente por su persona. Tenía en aquella sazón más de 30.000 castellanos de renta, aunque en 2 años que se descubrieron las minas de Potosí llegaron a rentarle sus indios de 100.000 castellanos arriba, por caer muy cerca de aquellas minas. Afirma Agustín Zárate

Muerto Francisco Pizarro en 1541, usurpó el poder Diego de Almagro el Mozo. El Cabildo de La Plata se declaró entonces leal a la Corona y se propuso combatir a los rebeldes almagristas, organizándose un ejército cuya jefatura se encomendó al capitán Peranzúrez, gobernador de Charcas. Diego Centeno se incorporó a dichas fuerzas, con las que arribó a Arequipa, pasando en seguida al Cuzco. Allí encontraron a las fuerzas de Perálvarez, quien se había proclamado capitán general alzando igualmente la bandera del Rey. Peranzúrez se puso al servicio de Perálvarez y marcharon juntos hacia el norte, llegando hasta Huaylas (actual Áncash), donde se unieron a las tropas del licenciado Cristóbal Vaca de Castro, quien por orden real ejercía ya el gobierno del Perú. Abierta la campaña, Diego Centeno estuvo en la batalla de Chupas (1542) donde fue derrotado el bando almagrista. Pacificado temporalmente el país, Centeno regresó a sus propiedades de Charcas y empezó a explotar una de las ricas minas de plata recientemente descubiertas en la región, con las que hizo fortuna.

La protesta contra la Leyes Nuevas

En 1544 Centeno fue elegido alcalde ordinario de la villa de la Plata y nombrado procurador de la ciudad junto con Pedro de Hinojosa. Ambos viajaron a Lima para protestar contra las Leyes Nuevas y solicitar privilegios para su villa. Fueron recibidos amablemente por el virrey Blasco Núñez Vela, quien les aseguró que no tomaría ninguna resolución sobre las leyes nuevas hasta que se instalara la Real Audiencia de Lima, y que por lo pronto solo le interesaba hacer reconocer su autoridad en todo el virreinato. A tal efecto encargó a Centeno que a su retorno llevará las provisiones respectivas a Huamanga y al Cuzco.

Centeno cumplió el encargo, entregando los despachos al Cabildo de Huamanga sin ningún problema, pero en el Cuzco se encontró con Gonzalo Pizarro que ya preparaba su rebelión, el cual le arrebató de las manos los pliegos destinados al Cabildo. Mientras tanto, en Lima el virrey promulgaba las ordenanzas, faltando así a su promesa. Momentáneamente Centeno estuvo de lado de los descontentos encabezados por Gonzalo, pero luego se arrepintió y escribió una carta al virrey para que le perdonase ese momento de debilidad. Gonzalo se dio cuenta de su conducta veleidosa y ordenó su prisión, pero al poco tiempo tuvo que liberarlo al no hallarle pruebas de su traición.

Pese a todo, Centeno acompañó a Gonzalo durante su entrada a Lima en octubre de 1544, actuando como uno de los procuradores que obtuvieron que fuese recibido como gobernador del Perú. Retornó luego a Charcas junto con el capitán Francisco de Almendras, quien fue enviado por Gonzalo a dicha provincia como su teniente de gobernador y justicia mayor.

Lucha contra Gonzalo Pizarro y Carvajal

El gonzalista Almendras cometió una serie de abusos en la villa de la Plata: desposeyó de sus repartimientos a varios vecinos para dárselos a Pizarro, desterró a Diego Centeno y Lope de Mendoza, mató a Gómez de Luna, entre otros excesos. Cuando llegaron las noticias de que el virrey Blasco Núñez Vela se hallaba en la región de Quito organizando un gran ejército contra los rebeldes, Centeno se reunió con varios vecinos leales al Rey, como Lope de Mendoza, Alonso Camargo y Alonso Pérez de Esquivel, para deponer a Almendras. Entraron en su casa, le apresaron y tras un proceso lo ajusticiaron el 16 de junio de 1545.

Centeno fue proclamado por el Cabildo de la Plata como Capitán General y Justicia Mayor. Reunió una fuerza de ciento ochenta hombres fieles al Rey y con ellos bajó hasta Arequipa, a la que tomó fácilmente. Luego se preparó para tomar el Cuzco, donde se hallaba el gonzalista Alonso de Toro, pero no logró su objetivo y tuvo que huir perseguido por su enemigo. Ya por entonces se hallaba enterado de la derrota y muerte del virrey en Iñaquito.

Centeno abrió en Charcas un nuevo frente de guerra. Gonzalo Pizarro envió contra él a su fiel maese de campo Francisco de Carvajal, quien abandonó la campaña contra el virrey y partió de Quito, pasando por Lima y Cuzco, donde reforzó sus tropas, pasando luego a perseguir a Centeno y su pequeño ejército, quienes evitaron encuentros frontales. Pero finalmente se encontraron frente a frente en Paria (cerca de Oruro). Centeno, luego de fracasar en su intento de ganarse a las tropas de Carvajal, optó por huir. Pasando por Chayanta y Sica Sica, llegó hasta Zepita; luego dirigió a sus maltrechas y escasas tropas en una larga y penosa marcha hasta Arequipa (1546), que tomó sin hallar resistencia. Abandonó pronto dicha ciudad y bajó a la costa con la intención de tomar algún navío que le llevaría con sus partidarios a Nicaragua o México, pero al llegar a Quilca no encontró ninguno. Decidió entonces disolver sus fuerzas, y junto con Luis de Ribera y su criado Juan Guaso, se internó en la sierra, en la región de Condesuyos, donde se escondió en una cueva durante un año y tres días exactos, durante los cuales vivieron de la caridad de los indios.

Algún tiempo después llegaron las noticias de que el Pacificador Pedro de la Gasca arribaba al Perú y reagrupaba a las tropas leales al Rey, yendo en campaña contra Gonzalo. Entonces Centeno consideró que era hora de reaparecer en escena. Abandonó su escondite y reunió en Arequipa una fuerza de cuarenta y ocho hombres, con los que marchó contra Cuzco, defendido por el capitán gonzalista Antonio Robles. Mediante un ataque temerario y sorpresivo, y tras feroz lucha, tomó la antigua capital de los incas (10 de junio de 1547). Robles fue capturado y decapitado. Fue el mejor triunfo de Centeno y colocó a los gonzalistas entre dos frentes, lo que cambió el curso de la guerra, pues muchos soldados de Gonzalo empezaron a desertar. Pronto logró reunir Centeno un ejército poderoso de 1000 soldados, con los que pasó al altiplano, a orillas del lago Titicaca.

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