Tal Día como Hoy

Dictadura

Régimen político donde el poder se concentra en una persona o grupo con la intención de perpetuarse en el poder

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Una dictadura es un régimen político donde el poder se concentra en una persona o grupo, sin democracia, reprimiendo libertades y derechos, gobernando por la fuerza, sin legitimidad o a través del fraude, eliminando a la oposición y la participación ciudadana para perpetuarse en el poder.​ La política en una dictadura está controlada por un dictador.

Esta forma de gobierno se caracteriza por la centralización de la autoridad política en torno a un dictador, que dirige los asuntos del Estado a través de un grupo muy unido de élites, que incluye asesores, generales militares y otros altos cargos, con escasa tolerancia hacia el pluralismo político o la libertad de prensa. El dictador se aferra al poder gestionando estratégicamente las relaciones dentro de este círculo íntimo y reprimiendo al mismo tiempo cualquier forma de disidencia u oposición. Esta oposición puede manifestarse en forma de facciones políticas rivales, insurgencias armadas o incluso disidencia en las filas de los propios partidarios del dictador.

Las dictaduras surgen por diversos medios, incluidos los golpes de Estado que desmantelan por la fuerza los gobiernos existentes o mediante autogolpes, en los que líderes elegidos democráticamente manipulan el panorama político para consolidar su gobierno indefinidamente. La naturaleza de la dictadura puede ser autoritaria o totalitaria,​ con clasificaciones que abarcan dictaduras militares, sistemas de partido único, dictaduras personalistas y monarquías absolutas.​ El propio término «dictadura» tiene sus raíces en la República romana, y denota una asignación temporal de poder absoluto para hacer frente a situaciones de emergencia.​ Históricamente, el concepto evolucionó, apareciendo los primeros casos de dictaduras militares en el Japón de la era posclásica —el shogunato—, y en Inglaterra bajo el gobierno de Oliver Cromwell.

La evolución de las dictaduras modernas comenzó en el siglo XIX, marcada por la aparición del bonapartismo en Europa y el auge de los caudillos en América Latina. El siglo XX fue testigo de la proliferación de dictaduras fascistas y comunistas en toda Europa, y de filiación capitalista anticomunista en América Latina. El fascismo fue erradicado tras la Segunda Guerra Mundial en 1945 —excepto en España—, mientras que el comunismo se expandió por todo el mundo, manteniendo su influencia hasta la conclusión de la Guerra Fría en 1991. Esta época también vio el advenimiento de dictaduras personalistas en África y dictaduras militares en América Latina, especialmente durante las décadas de 1960 y 1970. En la era posterior a la Guerra Fría se produjo inicialmente un auge de la gobernanza democrática en todo el mundo, aunque persistieron varias dictaduras, especialmente en África y Asia.

A principios del siglo XXI, los Estados democráticos superaron en número a los regímenes autoritarios. Sin embargo, las consecuencias de la crisis financiera mundial de 2008 catalizaron un «retroceso democrático» que redujo el atractivo del modelo democrático occidental en todo el mundo. En 2019, los gobiernos autoritarios habían vuelto a superar a las democracias.​ A pesar de los esfuerzos de las dictaduras por imitar los procesos democráticos, como la celebración de elecciones para fingir legitimidad o incentivar a los miembros del partido gobernante, estas elecciones carecen de auténtica competitividad. La estabilidad de una dictadura depende de la coerción y la represión política, restringiendo el acceso a la información, vigilando a la oposición y empleando la violencia. Sin una represión eficaz de la oposición, las dictaduras corren el riesgo de derrumbarse mediante golpes de Estado o revoluciones.

La palabra «dictador» proviene de la palabra clásica latina dictātor, sustantivo agente de dictare (dictāt- pasado participio de dictāre dictate v.+ -or -or sufijo).​ Durante la República romana, un dictador era un magistrado temporalmente investido con poder absoluto, para atender emergencias militares o tareas excepcionales. A diferencia de los dictadores modernos, y de las acepciones más conocidas, tenía importantes limitaciones a su poder. Este cargo fue suprimido formalmente tras la muerte de Julio César.

El politólogo español Jaume Colomer ha dividido los sistemas políticos en dos grandes grupos: los «sistemas de consenso» que se basan en «la existencia de una aceptación, o cuando menos, de una tolerancia social generalizada frente al poder establecido» (cuya «concreción más avanzada [sería] el Estado social y democrático de Derecho») y los «sistema de coerción» (también llamados autoritarios) que se basan, «fundamentalmente, en el uso de la fuerza para la preservación de sus estructuras, quedando la creación de consenso en un plano subordinado, cuando no pura y simplemente inexistente». Colomer señala que los «sistemas de coerción han sido ampliamente dominantes a lo largo de la Historia en todas las áreas geográficas», con muy pocas excepciones. La dictadura sería la forma moderna que habrían adoptados estos.​ Por su parte Sergei Guriev y Daniel Treisman califican como dictadura «cualquier gobierno no democrático», por lo que sería «sinónimo de autoritarismo y autocracia».​

Ha sido después de la Segunda Guerra Mundial cuando se ha discutido más intensamente sobre el concepto de dictadura entre historiadores y politólogos, llegando a la conclusión de que se trataría de una forma de gobierno en la cual el poder absoluto se concentra en las manos de un líder (comúnmente identificado como un dictador) o una «pequeña camarilla» u «organización gubernamental».​ Por otro lado, la democracia, que generalmente se contrapone al concepto de dictadura, se define como una forma de gobierno donde la supremacía pertenece a la población y los gobernantes llegan al poder mediante elecciones competitivas.​​ Colomer la define como «el gobierno consentido mediante el principio representativo, el sufragio general, las elecciones competitivas y las garantías de derechos».​ Guriev y Tresiman como «un Estado cuyos líderes políticos son elegidos en elecciones libres y justas, en las que todos —o casi todos— los ciudadanos adultos tienen derecho a votar. En una democracia liberal, a las elecciones libres se suman el Estado de derecho, unas libertades civiles protegidas por la Constitución y controles y equilibrios institucionales».​

También ha sido objeto de análisis y de debate entre los politólogos y los historiadores un tipo específico de dictadura: los totalitarismos que se desarrollaron en el siglo XX, marcando el comienzo de una nueva era política. Jaume Colomer ha destacado que las diferencias entre autoritarismo y totalitarismo no eran «de grado, sino de cualidad en la medida en que es posible establecer una diferencia de intencionalidad entre uno y otro sistema: el autoritarismo se propone el sometimiento de la sociedad; el totalitarismo busca la conformación de la sociedad... a un determinado sistema de valores, de comportamientos y de adhesión. Allí donde el autoritarismo se detiene, una vez eliminado cualquier riesgo para la estabilidad del sistema, el totalitarismo sigue persiguiendo unas finalidades que no son ya tan sólo la eliminación de la disidencia, sino la consecución de unos objetivos de ingeniería social cuyo fin es la transformación de las estructuras mismas de la sociedad, incluso en sus niveles de mayor privacidad, para adaptarlas a un determinado referente ideológico fuerte».​ En una línea similar el politólogo español Juan José Linz ha afirmado que mientras que un régimen autoritario busca sofocar la política y la movilización política, uno totalitario busca controlar la política y la movilización política.​ Otros autores han señalado que en los totalitarismos el gobierno tiene un «control total de las comunicaciones de masas y las organizaciones sociales y económicas».​ Según Hannah Arendt, el totalitarismo sería una nueva y extrema forma de dictadura compuesta de «individuos aislados y atomizados».​

Según Barbara Geddes, un gobierno dictatorial puede clasificarse en cinco tipologías: dictadura militar, dictadura de partido único, dictadura personalista, dictaduras monárquicas y dictadura híbrida (esta última combina elementos de las dictaduras personalistas, de partido único y militares).​ Por su parte Jaume Colomer propone seis «formas de gobierno autoritarias»: tradicionalistas, teocráticas, regímenes militares, regímenes cívico-militares, de partido único y de base étnica.​ Más recientemente Sergei Guriev y Daniel Treisman han propuesto agruparlas en dos grandes tipos: las «dictaduras del miedo» (fear dictatorship), que incluirían a las dictaduras «clásicas», y las «dictaduras de la manipulación» (spin dictatorship), que serían las «nuevas dictaduras» surgidas a partir de las dos últimas décadas del siglo XX y que han proliferado en el siglo XXI.​

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