Tal Día como Hoy

Departamento de Chuquisaca

Departamento de Bolivia

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El departamento de Chuquisaca es uno de los nueve departamentos en que se divide Bolivia. Su capital es la ciudad de Sucre, que además es la capital de Bolivia y sede del poder judicial. Está ubicado en el centrosur del país, limitando al norte con el departamento de Cochabamba, al este con el departamento de Santa Cruz y Paraguay, al sur con el departamento de Tarija y al oeste con el departamento de Potosí. Con 51 524 km² es el segundo departamento menos extenso, por delante del departamento de Tarija.

El departamento cuenta con una población de 606 027 habitantes (según el Censo INE 2024).​ En cuanto a su posición demográfica a nivel nacional, la población del departamento representa al 5.3 % de Bolivia. Administrativamente el departamento de Chuquisaca se encuentra conformado por 10 provincias, que a la vez, estas se encuentran divididas en 29 municipios. El municipio de Sucre es el más poblado con una población de 261 201 habitantes, concentrando al 44.93 % del total de la población departamental.

Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia, en 2016 la economía de todo el Departamento de Chuquisaca (producto interno bruto) alcanzó los 1707 millones de dólares, con lo cual llega a representar al 5.01 % de la Economía Total de Bolivia (34 053 millones de US$). En cuanto al ingreso por habitante (PIB per cápita), el departamento cerró el año 2016 con US$ 2772 dólares en promedio por cada chuquisaqueño.​

Se presumía anteriormente que venía del protoquechua: chuqi = pepitas de oro; chaqa = manto mineralizado;​ pero, debido a que las etnias yampara, cara-cara y los denominados “charcas”, tenían como idioma primario el puquina,​ sería de este idioma la toponimia de Chuquisaca, cual viene de “Chuquiochata” que significa “hijo del cerro”, originario de la lengua puquina de los yamparas, chu = su, quio = hijo, chata = cerro, dando a lugar: “[su] hijo del cerro”; se le puso ese denominativo por sus imponentes dos cerros que tiene enfrente. Los quechuas o incas lo cambiaron —por la pronunciación— a “Choquechaca” o “Chokechaka“, finalmente los hispanos decidieron nombrarla “Chuquisaca”.

Los nombres de los cerros de la ciudad de Sucre «Sica Sica» y «Churuquella» también son derivados del idioma puquina, sicsa significa "saber", repetido dos veces “Sicsa-Sicsa” llega a ser “gran saber”; churu significa "rayo" y, quilla significa "pensar"; unidas ambas palabras “Churu-Quilla”, significa “memoria del rayo”, porque el rayo representaba una gran deidad puquina.

Esta región estuvo habitada por la cultura más antigua de Chuquisaca llamada Mojocoyas, quienes luego mixogenizados serían los Yamparaes, quienes junto a los Chiriguanos, ambos indios de arco y flecha,​ poblarían casi la totalidad del departamento. Se dice que estas dos culturas tenían un rivalidad territorial, pero estudios recientes también confirman la alianza​ de estos beneficiándose mutuamente.

Los chiriguanos, eran parte de la etnia Chané, que fue absorbida por los Guaraníes, etnia nómada que se expandió por todo el Chaco, hasta llegar a los valles de los Yamparaes y posteriormente los Charcas, a quienes acosaban con frecuentes incursiones, resistiéndose hasta el final ser sometida por toda la tanda de colonizadores sucesivos desde los Incas hasta los europeos. Fueron los incas quienes les dieron el despectivo mote de Chiriguanos, pero ellos se denominan a sí mismos como los “ava guaraní” (“la gente” o “los hombres”).

También cabe resaltar la presencia de 3 de las 7 naciones Charcas, en lugares específicos como: en los valles del extremo noroeste (Sucre) (Qhara Qhara y Charkas), en las pampas y valles de los Cintis (Qhara Qhara y Chichas).

Los Charchas fueron colonizados por los guerreros del Imperio Inca a mediados del siglo XIV, similar paso con los Yamparaes quienes se aliaron con el imperio Inca para lograr detener el avance de los Chiriguanos. Con el pasar del tiempo tanto los Charcas como los Yamparaes terminaron adoptando el idioma quechua hasta la actualidad.

Gracias a excavaciones arqueológicas en los alrededores de la ciudad de Sucre, se ha llegado a conocer el pasado prehistórico de la región (fósiles de Cal Orcko), con vestigios de asentamientos humanos de hasta diez milenios antes de Cristo (excavaciones de Quila Quila, Maragua y Punuilla), aunque sin una cultura floreciente que haya dejado rastros.

La Villa de La Plata recibió del Rey de España y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V, el rango de ciudad, que le fue dado por cédula real en 1555. Para entonces, ya era una próspera villa con un obispado (luego Arzobispado desde 1609) y el tribunal judicial. Unos años después, Carlos V decidió organizar el desorden administrativo de sus colonias, que no tenían más autoridad que las del arbitrio de cada conquistador y de la lejana Lima, cuando se acordaban. Creó, entonces, la Real Audiencia de Charcas el 18 de septiembre de 1559, poniéndolo bajo jurisdicción de la Audiencia de los Reyes del Virreinato de Lima. Sería el segundo tribunal de más alta instancia, pues para apelar más arriba se debía ir a las Consejo de Indias en Sevilla. La Audiencia debía componerse de cinco oidores y un presidente, y empezó a funcionar de manera oficial desde 1561, siendo el primer presidente don Pedro Ramírez de Quiñones, y los oidores sólo tres: Juan Matienzo, Pedro López de Haro y un licenciado de apellido Recalde.

Pronto empezó a adquirir fama como centro educativo al crearse la Real y Pontificia Universidad de San Francisco Xavier en 1624. Los padres de la Compañía de Jesús la crearon en marzo de ese año, nombrándola en honor a uno de sus miembros canonizados, el jesuita san Francisco Xavier, en un terreno que hoy es la acera norte de la Plaza Mayor, donde construyeron el Aula Magna en el recinto que ahora ocupa la Casa de la Libertad. Solamente se enseñaban las carreras de rigor en la época, como ser Leyes, Teología y Medicina, y era muy prestigiosa en todo el continente, recibiendo alumnos de otras colonias en número tal que en un tiempo la proporción de estudiantes era de 1 por cada 20 habitantes.

Mientras España se desangraba en la eterna guerra en Flandes, sus colonias florecían durante todo el siglo XVII hasta alcanzar proporciones que rivalizaban en pujanza con las ciudades europeas. La Audiencia de Charcas se dividió administrativamente en cuatro intendencias: Intendencia de Potosí, Intendencia de La Paz, Intendencia de Chuquisaca e Intendencia de Santa Cruz, en cuyo radio se erigieron las gobernaciones de Moxos y Chiquitos desde 1777, tras expulsar a los jesuitas que administraban las reservaciones indias del oriente. La Intendencia de Chuquisaca, nombre que adoptó a partir de la mala pronunciación de la palabra Choquechaca con que llamaban los indígenas al lugar, se componía de seis partidos: Yamparáez, Tomina, Pilaya y Paspaya, Oruro, Paria y Carangas, en los cuales la economía giraba en torno a la agricultura y la explotación de minerales.

A partir de la crisis de la minería de la plata que afecto a Potosí y La Plata a principios del siglo XVIII, la Audiencia fue perdiendo lustre, siendo escindida del Virreinato de Lima para ser incorporada en 1776 a la jurisdicción del nuevo Virreinato del Río de la Plata, con sede en Buenos Aires. Pese a esto, en 1783 se le dio un estatus bastante autónomo, pues los gobernadores de cada Intendencia decidían solos en cuanto a administración y orden público, incluso en lo militar, con venia del virrey.

Algunos de los protagonistas de la revolución en Chuquisaca eran graduados de la Universidad San Francisco Xavier, imbuidos de las ideas que se discutían en sus corrillos tras la Revolución Francesa y la independencia norteamericana. Uno de ellos era el abogado Jaime de Zudáñez, el hombre cuyo apresamiento encendió la revuelta popular que se extendería al resto de la Audiencia y acabaría mandando a la historia el dominio español.

Desde 1797, gobernaba en La Plata el presidente de la Audiencia, Ramón García de León y Pizarro, que vivía metido en eternos altercados con los Oidores y la ciudadanía, los que eran con frecuencia ventilados en las calles con panfletos incendiarios. Por entonces, España había sido ocupada por Napoleón, emperador de Francia, quien con la excusa de darles una lección a los rebeldes portugueses, pasó por España y decidió que más valía Madrid y su medio mundo forrado de oro y plata que la árida Lisboa. Dicho y hecho, depuso al rey Carlos IV, y a su hijo Fernando VII lo mantuvo secuestrado, obligándolo a abdicar. Pero el pueblo de España no se quedó a mirar pasar el desfile de los franceses, se rebelaron y en varias ciudades formaron su Junta de gobierno para hacerles la estancia lo menos alegre posible a los galos. Para meter en el baile a sus colonias, la Junta Suprema de España e Indias en Sevilla envió a José Manuel de Goyeneche con el encargo de lograr apoyo de Lima y Buenos Aires para reponer al rey destronado y, de paso, expulsar al francés que Bonaparte les endilgó como nuevo monarca.

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