El dengue es una enfermedad infecciosa viral transmitida por mosquitos del género Aedes, principalmente por el Aedes aegypti, y causada por el virus del dengue (DENV), perteneciente al género Flavivirus. La infección puede ser asintomática o manifestarse con fiebre alta, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares intensos, y erupción cutánea. En una minoría de los casos progresa a formas graves caracterizadas por extravasación de plasma, hemorragias o choque hipovolémico, con riesgo de muerte.
Existen cuatro serotipos principales (DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4), y un quinto (DENV-5) identificado en el ciclo selvático. La infección por un serotipo confiere inmunidad duradera frente a ese mismo tipo, pero solo transitoria frente a los demás. Una segunda infección con un serotipo distinto puede inducir una respuesta inmunitaria exacerbada, fenómeno conocido como potenciación dependiente de anticuerpos, asociado a las formas más graves de la enfermedad.
El dengue es endémico en más de 67 países de regiones tropicales y subtropicales, y en las últimas décadas ha expandido su distribución geográfica debido a la urbanización, la movilidad humana y las condiciones ambientales favorables al vector. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se registran entre 100 y 400 millones de infecciones, de las cuales varias millones requieren atención médica y decenas de miles resultan fatales.
Las principales medidas preventivas son el control vectorial, la eliminación de criaderos de mosquitos y la protección personal. Existen vacunas aprobadas con indicaciones restringidas según antecedentes de infección y situación epidemiológica, y se encuentran en evaluación nuevas formulaciones tetravalentes y universales.
Orígenes y primeras descripciones
Las primeras referencias de una enfermedad compatible con el dengue se remonta a la medicina china antigua. Un texto atribuido a la dinastía Jin (265-420 d. C.), recopilado y reeditado durante las dinastías Tang (año 610) y Song del Norte (año 992), describe un cuadro febril causado por una “agua envenenada” asociada a insectos voladores, que producía fiebre alta tras su picadura. Esta descripción se considera una de las primeras menciones históricas de una fiebre transmitida por mosquitos.
Entre los siglos XVIII y XIX, el comercio marítimo y la expansión colonial facilitaron la propagación del mosquito Aedes aegypti desde África hacia Asia, y Américas y las islas del Pacífico. Durante los transoceánicos, las larvas sobrevivían en los depósitos de agua de las barcos, permitiendo que el vector y el virus alcanzaran nuevos puertos tropicales y subtropicales. Las epidemias ocurrían con intervalos de 10 a 40 años, coincidiendo con los patrones del tráfico marítimo y la reintroducción de los serotipos virales.
Existen varias descripciones de epidemias durante el siglo XVII, pero el reporte más antiguo de una posible epidemia de dengue data entre los años 1779 y 1780, cuando una epidemia asoló Asia, África y América del norte. El primer reporte de caso definitivo data de 1779 y es atribuido a Benjamin Rush, quien acuña el término «fiebre rompe huesos» por los síntomas de mialgias y artralgias.
Descubrimiento del agente viral y transmisión
A comienzos del siglo XX, la transmisión del dengue por mosquitos del género Aedes fue confirmado experimentalmente (1906), y en 1907 se estableció su naturaleza viral, convirtiéndose en la segunda enfermedad conocida causada por un virus después de la fiebre amarilla.
Entre 1906 y 1916, los investigadores John Burton Cleland y Joseph Franklin Siler determinaron los principios básicos de la transmisión vectorial, demostrando la participación de Aedes aegypti y sentaron las bases de la virología del dengue.
La expansión del virus se intensificó tras la Segunda Guerra Mundial, atribuido a la disrupción ecológica. Durante las décadas de 1950 y 1960 se documentaron por primera vez casos de fiebre hemorrágica del dengue, inicialmente en Filipinas, seguidos por brotes en Tailandia y otros países asiáticos. En los 70, esta forma grave ya era una de las principales causas de mortalidad infantil en el Pacífico y parte de América.
Las formas graves de dengue, fiebre hemorrágica y síndrome de choque, fueron registradas por primera vez en América en 1981 con la epidemia de dengue en Cuba. En este brote, las infecciones por el serotipo DENV-2 afectaron a personas que previamente habían estado expuestas a DENV-1, lo que permitió confirmar la relación entre infecciones secuenciales y aumento de la gravedad clínica.
Durante las décadas de 1980 y 1990, el virus del dengue se expandió de forma sostenida por América Latina y el Caribe, impulsado por la reintroducción del mosquito Aedes aegypti, el crecimiento urbano y las deficiencias en el control vectorial. En los primeros años del siglo XXI, el dengue se consolidó como la segunda enfermedad viral transmitida por mosquitos más frecuente del planeta, solo superada por la malaria. En 2002, un brote en Río de Janeiro afectó a cerca de un millón de personas, marcando uno de los picos epidémicos más grandes de la región.
Entre los años 2020 y 2022, las restricciones a la pandemia de COVID-19 redujeron la movilidad humana y alteraron los sistemas de vigilancia epidemiológica, lo que provocó una aparente disminución de los casos notificados. Sin embargo, en 2023 la incidencia global volvió a crecer de manera pronunciada.
En 2023, la OMS y la OPS reportaron uno de los años con mayor número de casos registrados en la historia: más de 5 millones de infecciones notificadas a nivel mundial, con predominio en América Latina y el sudeste asiático. En 2024 se alcanzó un nuevo récord global, con 14.6 millones de casos y más de 12 000 muertes reportadas a la OMS, la cifra más alta registrada en un solo año. La región de las Américas concentro más de 13 millones de casos, mientras que el dengue continuó expandiéndose hacia nuevas zonas, incluidas regiones del Mediterráneo Oriental y del sur de Europa, donde se notificaron casos autóctonos en Francia, Italia y España.
El origen del término «dengue» no está del todo claro. Según una hipótesis viene de la frase en idioma suajili ka-dinga pepo, describiendo esa enfermedad como provocada por un fantasma. Aunque quizás la palabra suajili dinga posiblemente provenga del castellano «dengue» para fastidioso o cuidadoso, describiendo el sufrimiento de un paciente con el típico dolor de huesos del dengue.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se producen entre entre los 100 y 400 millones infecciones por dengue en todo el mundo. De ellas, una fracción menor desarrolla hospitalización. Con diagnóstico temprano y atención médica adecuada, la tasa de letalidad global suele mantenerse por debajo del 1%.