David Pacifico, conocido como Don Pacifico (¿1784? – 12 de abril de 1854), fue un comerciante y diplomático judío de origen hispano-portugués. Se le consideraba súbdito británico por nacimiento y fue la figura central del conflicto anglo-griego de 1850 conocido como el incidente de Don Pacifico.
Pacifico era un judío sefardí de ascendencia italiana. El abuelo de Pacifico, del mismo nombre, nació en Italia y acabó estableciéndose en Gibraltar. Su familia había sido expulsada de España junto con el resto de los judíos en 1492. Sus antepasados llegaron a Italia, concretamente a la Toscana, primero a Livorno y luego a Florencia. Como Pacifico creció en Portugal debido al trabajo de su padre, hablaba portugués con fluidez. Esto dio lugar al mito del origen portugués de los Pacifico, que en realidad eran de ascendencia española.
Los padres de Pacifico se casaron en la sinagoga de Bevis Marks de Londres en 1761. Él dio versiones contradictorias sobre su nacimiento, situándolo bien en Orán, que en aquel momento pertenecía a España, bien en Gibraltar, que era una posesión británica. En una ocasión afirmó ser súbdito español.
Liberal y residente en Portugal durante la guerras liberales de 1828-1834, fue perseguido por los miguelistas. En 1835, tras la guerra, los liberales victoriosos le recompensaron con un consulado en Marruecos y la ciudadanía portuguesa. De 1837 a 1842, ocupó el cargo de cónsul general en Atenas, periodo durante el cual también se dedicó al comercio y adquirió prominencia en la comunidad judía local.
Pacifico siguió residiendo en Grecia después de que le destituyeran de su cargo por sobrepasarse repetidamente en sus funciones en 1842. En abril de 1847, para no ofender a un financiero judío francés de visita, miembro de la familia Rothschild, el gobierno prohibió la tradicional quema de la efigie de Judas Iscariote durante las celebraciones de la Pascua ortodoxa griega. Una turba enfurecida saqueó la casa de Pacifico mientras la policía observaba. Pacifico solicitó entonces la ayuda de la legación británica para reclamar al gobierno griego una indemnización de 32000 libras por los daños causados a su propiedad, más un 10 % de interés y 500 libras por la violencia física ejercida contra el propio Pacifico. La reclamación fue aprobada por Lord Palmerston, entonces secretario de Estado de Asuntos Exteriores. También reclamó una indemnización por unas tierras suyas que habían sido expropiadas por el Estado. Si bien esta última reclamación fue aceptada, el Gobierno griego ignoró sus reclamaciones relacionadas con los disturbios. El asunto llegó a su punto álgido en enero de 1850, cuando la Royal Navy británica bloqueó Atenas para obligar a Grecia a resolver las reclamaciones de Pacifico y otros. Gracias a la intervención francesa y rusa, sus reclamaciones se redujeron, se levantó el bloqueo y Grecia accedió a pagar.
El asunto de Don Pacífico provocó un debate en el Parlamento. Palmerston justificó sus acciones en un discurso ante la Cámara el 25 de junio de 1850, utilizando la frase Civis romanus sum, traducida como «Soy ciudadano romano», la declaración de un romano para protegerse de cualquier daño en cualquier lugar del Imperio romano. Criticó duramente el prejuicio antisemita de que «por el hecho de que un hombre sea de confesión judía, es blanco legítimo de cualquier ultraje». En una votación sobre una moción de la oposición, la Cámara ratificó, por una mayoría de cuarenta y seis votos, el derecho de un súbdito británico a solicitar ayuda en cualquier parte del mundo.
A pesar de su prominencia internacional, Pacifico era impopular entre los judíos de Londres. Murió en el número 15 de Bury Street, en Londres, el 12 de abril de 1854 y fue enterrado dos días después en el cementerio de los judíos españoles y portugueses de Mile End Road. En un obituario publicado el 21 de abril, The Jewish Chronicle lo calificó de «persona que... causó tanta sensación en el mundo político».