Tal Día como Hoy

Corrida de toros

Tipo de tauromaquia

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La corrida de toros es una fiesta​ en la que se corren o lidian toros bravos, a pie o a caballo (rejoneo), en un recinto cerrado para tal fin, la plaza de toros.​

Los actos que la comprenden se denominan lidia y consisten en realizar por parte de los toreros —matadores de toros, banderilleros, picadores y subalternos— una serie de acciones denominadas suertes; estas acciones se desarrollan desde que el toro sale del toril hasta que se produce el arrastre. Al conjunto de suertes realizadas en la plaza se le denomina lidiar o torear, siendo el toreo el arte o habilidad de lidiar.​​

Se desconoce el momento y el lugar preciso en el que se empiezan a correr los toros, las referencias documentales y artísticas de las mismas datan del siglo XI en Ávila donde se corrieron toros para celebrar una boda, y del siglo XIII en Zamora donde hubo una plaza para celebrar festejos taurinos según se describe en el Fuero de Zamora. Las corridas de toros como espectáculo moderno a pie, tuvieron su origen en España a finales del siglo XVIII.​​​

En una corrida de toros se lidian seis toros bravos o de lidia y participan en la misma los toreros junto con sus respectivas cuadrillas compuestas por banderilleros y picadores, en el caso de la lidia a pie, o por auxiliares cuando la lidia es de rejoneo. El ordenamiento jurídico de las mismas se rige por una serie de normas establecidas por ley en el Reglamento de Espectáculos Taurinos. En él se establecen, entre otras medidas, la de garantizar: la integridad de los toros, su trapío y edad, el indulto del mismo con el fin de mejorar las ganaderías; los derechos y deberes de los espectadores, las características de los útiles de torear o asegurar el nivel profesional de los toreros que intervienen en las corridas de toros, para ello todos los toreros tienen la obligación de estar inscritos en el Registro de Profesionales Taurinos gestionado por el Ministerio del Interior. La autoridad competente para garantizar el buen desarrollo y el cumplimiento del Reglamento de Espectáculos Taurinos en las corridas de toros es el presidente de la plaza, este cargo recae sobre el gobernador civil provincial o sobre el delegado del Gobierno según el caso, quien puede delegar en un funcionario de la escala superior o de la ejecutiva del Cuerpo Nacional de Policía con potestad sancionadora.​​​

Además de en España, las corridas de toros se celebran también en Portugal,​ en el sur de Francia donde están toleradas;​ en diversos países de Hispanoamérica como las de Acho (Lima, Perú) la tercera Plaza de Toros más antigua del mundo y la más antigua de América​ México, Colombia, Ecuador, Venezuela y Costa Rica.​ En Uruguay las corridas de toros se celebraron hasta 1913​​ y en California (Estados Unidos).​

El 23 de octubre de 2004 se celebró la primera corrida de toros de Asia en Shanghái, con anuncios de corridas en Chongqing y en Pekín, y más de 13 millones de chinos siguen las corridas de toros españolas por televisión.​​

Siguiendo la obra Los toros (El Cossío) del historiador taurino José María de Cossío, las corridas taurinas se clasifican, entre otros tipos, en corridas de toros, novilladas y becerradas según sea la categoría de los lidiadores y la edad y el trapío de la res.​ En las corridas de toros la res lidiada, macho, tiene entre cuatro años cumplidos hasta un máximo de seis años y es obligatorio que el torero haya tomado la alternativa como matador de toros. Respecto a las novilladas existen dos categorías: las novilladas picadas en las que los novillos tienen entre tres y cuatro años, en las cuales los novilleros deben tener un mínimo de festejos acreditados en el registro profesional taurino, y las novilladas sin picadores donde la edad del novillo se sitúa entre los dos y tres años. Respecto a las becerradas, se lidian becerros machos de menos de dos años por profesionales, aficionados o cuadrillas jóvenes que aspiran a ser toreros siempre bajo la dirección y responsabilidad de un matador de toros o de novillos con picadores. Las becerradas no se consideran por la tauromaquia como lidia de toros en sí, sino que se destinan a otro tipo de festejos. Las corridas de novillos al igual que las de toros pueden desarrollarse a pie o a caballo (rejoneo).​​​ Cuando se combinan diferentes disciplinas como el toreo a pie o de rejones, o alternan matadores de toros con novilleros en un mismo festejo, estos reciben el nombre de corridas mixtas.​

El origen de las corridas de toros es difícil de definir en cuanto a su procedencia exacta o el antecedente concreto que dio lugar a la misma, por un lado la pérdida de documentación a lo largo del tiempo ha dificultado las investigaciones llevadas a cabo por los historiadores; por otro lado la existencia de numerosos vestigios relacionados tanto con el toro, como asociados con diferentes celebraciones, rituales o festividades táuricos con el toro como protagonista a lo largo y ancho del país, han dado origen a un amplio y variado número de estudios y publicaciones que avalan cada una de las teorías existentes.​​

La tradición de correr toros tiene antecedentes en la cultura grecolatina, el primer mito táurico conocido en España es el del rey Gerión quien, según explica José María de Cossío: «... tuvo rebaños de toros y vacas en la península ibérica...» reses que pastaron junto al río Guadalquivir, en la Bética, donde unos siglos más tarde surgieron las primeras ganaderías y encastes de reses bravas andaluzas. Se tiene constancia de la aparición del toro en la península ibérica a través de las antiguas culturas como la de los tartessos, incluso hay algunos indicios que revelan el empleo del toro en la guerra, uno de los escasos testimonios al respecto fue encontrado en un relato de Polibio sobre las campañas bélicas del Ager Falernus llevadas a cabo por Aníbal en Falerno. El cartaginés se sirvió de mercenarios íberos acompañados por unos dos mil toros que portaban sarmientos encendidos sobre las cornamentas para abrirse camino entre las líneas enemigas. Sobre esta estrategia Diodoro manifestó que Amílcar Barca la había empleado en el desastre de Heliké —sobre 'Heliké' los historiadores discrepan sobre cual fue la ubicación de la antigua ciudad—, donde el general falleció. Siguiendo las explicaciones de José María Cossío, estos dos testimonios se asocian con el origen de algunos de los festejos celebrados todavía en España.​

Con el proceso de romanización, se introdujeron en Hispania parte de la cultura romana heredada de la griega, como los juegos y luchas de fieras, en las que el toro era un animal de frecuente, junto con osos, leones y seres humanos. Entre estos juegos se encontraron los saltos de toros con pértiga conocidos como contomonobolon un paralelismos con el salto de la garrocha, una forma de torear muy extendida durante el siglo XIX en España y que son un claro precedente de las corridas de toros, como se muestran en los grabados de la colección Tauromaquia de Francisco de Goya,​ una suerte de torear que aún puede verse en alguna corrida de toros como en la de 2014 en las Ventas en Madrid.​​​

Luego de la invasión visigoda y en los primeros tiempos del califato omeya, hay escasos testimonios sobre el origen de los espectáculos taurinos, sin embargo José María de Cossío en Los toros, volumen I menciona la persistencia de las corridas de toros y las lidias en etapas posteriores a los visigodos, que evidencian el arraigo de las costumbres y los festejos taurinos.​

Primeras corridas de toros siglo XII-XV

En el siglo XIII aparecieron los primeros testimonios sobre corridas de toros realizadas por caballeros alanceadores a caballo, asistidos por auxiliares o peones que intervenían en caso de peligro para realizar quites, estos peones asalariados, están considerados el antecedente de las cuadrillas de toreros que se establecieron completamente en el siglo XIX.​

Hay noticias documentadas sobre fiestas de toros en Cuéllar (Segovia) en el año 1215, según indica Isaías Rodrigo Criado, escritos fechados en el siglo XII indican que se corrían reses en la ciudad, el documento detalla que la costumbre de correr toros fue objeto de negociación al estar prohibida por una disposición del obispo de Segovia en la cual se decretó: «que ningún clérigo juegue a los dados ni asista a juegos de toros, y sea suspendido si lo hiciera».​ En el mismo siglo Alfonso X El Sabio siguiendo las pautas del IV Concilio Ecuménico de Letrán celebrado en 1215, por las cuales se regularon los desórdenes del clero respecto a la embriaguez, la caza, la asistencia a espectáculos cómico satíricos y exhibiciones dramáticas entre ellas los espectáculos taurinos, el rey de Castilla condenó en el Código de las Siete Partidas, en la Partida I, Título V, Ley LVII: «Que los perlados non deven deyr a ver los juegos, ni jugar tablas nin dados, nin otros juegos, que los sacassen del sossegamiento…e porenden no deven yr a ver los juegos: assi como alançar, o bohordar, o lidiar los Toros, o otras bestias bravas, nin yr a ver los que lidian…» (sic.), estas prohibiciones no afectaron ni a los laicos no a los toreros que no cobraban, conocidos estos como «matatoros» o «toreadores».​​ Siguiendo la misma línea en el reino nazarí de Granada se documentan ciertos juegos de fieras en los que es probable que participaran toros.​

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