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Corona de Aragón

Conjunto de territorios bajo la jurisdicción del Rey de Aragón. Vigente entre 1164 y 1716, hasta los decretos de nueva Planta de Felipe V de España

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La Corona de Aragón,​ conocida también por otros nombres alternativos, fue una entidad política conformada por un conjunto de territorios que, mediante conquistas y matrimonios, estuvieron bajo la jurisdicción del rey de Aragón y conde de Barcelona entre 1137 y 1707-1716.​​​​

En agosto de 1137, Ramiro II el Monje, rey de Aragón, pactó con el conde de Barcelona Ramon Berenguer IV las capitulaciones matrimoniales de la futura boda de este último con su hija recién nacida Petronila,​ en las que Ramón Berenguer recibía el reino de Aragón, ostentando a partir de entonces el título de princeps de Aragón. En 1162, Alfonso II de Aragón, el hijo de Petronila y Ramón Berenguer, heredó el patrimonio conjunto, siendo el primer soberano en ostentar los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona.

Más tarde, por conquistas de nuevos territorios y matrimonios, esta unión dinástica bajo una misma corona ampliaría sus territorios hasta incluir otros dominios: fundamentalmente, los reinos de Mallorca, Valencia, Sicilia, Córcega, Cerdeña y Nápoles y los ducados de Atenas (de 1311 a 1388) y Neopatria (entre 1319 y 1393).

Con la boda de los Reyes Católicos en 1469, se inició el proceso de convergencia con la Corona de Castilla, formando la base de lo que luego se convertiría en la Monarquía Hispánica, aunque los distintos reinos conservarían sus sistemas legales y características. Con los Decretos de Nueva Planta, promulgados entre 1705 y 1716, Felipe V eliminó finalmente la mayor parte de estos privilegios y fueros, asimilando el sistema institucional de la Corona aragonesa al castellano.

Algunos historiadores se refieren a los monarcas aragoneses por su alias y no por su número regnal, ya que algunos de ellos tenían una numeración diferente según el territorio al que se hace referencia. Por ejemplo, Pedro el Católico en lugar de Pedro II de Aragón.

«Corona de Aragón» y nombres alternativos: debate historiográfico

Como ha señalado el historiador Cristian Palomo, «alrededor de esta monarquía extinta [resultado de la unión dinástica entre el reino de Aragón y el condado de Barcelona],​ existen diversas polémicas historiográficas, como, por ejemplo, la referente a las diferentes numeraciones de los soberanos según el territorio, pero ninguna discusión ha tenido la relevancia académica y mediática como la existente alrededor de la manera de denominar al conjunto político-territorial de la Corona de Aragón», aunque Palomo constata que «la expresión histórica "Corona de Aragón" ha triunfado entre los historiadores y el gran público».​ Sin embargo, puntualiza que «ni en todas las épocas ni por todo el mundo fue llamada "Corona de Aragón", pues la entidad carecía de un nombre oficial unívoco y, por tanto, el uso indiscriminado y descontextualizado de la expresión "Corona de Aragón" para remitir a la totalidad de los dominios del rey de Aragón tampoco es históricamente correcto».​ El hispanista Thomas N. Bisson insiste en que el nombre de «Corona de Aragón» «proviene de tiempos muy posteriores, cuando la federación original se había expandido».​

El término «Corona de Aragón» no se utilizó históricamente hasta el reinado de Jaime II a finales del siglo XIII, y entre el siglo XII y el XIV la expresión más extendida para referirse a los dominios del rey de Aragón y conde de Barcelona fue la de «Casal d'Aragó».​ Según Jesús Lalinde Abadía, en esos siglos la formulación es imprecisa con variedades como Corona regni Aragonum, Corona Regnum Aragoniae, Corona Aragonum y Corona Regia, y todas ellas «no parecen referirse a un complejo territorial, sino al poder político del Rey y su símbolo».​​ Otros nombres de fines del siglo XIII son «Corona Real», «Patrimonio Real» y excepcionalmente, y en el contexto del Privilegio de anexión de Mallorca a la Corona de Aragón, de 1286, aparece la expresión «regno, dominio et corona Aragonum et Catalonie» ('reino, dominio y corona de Aragón y Cataluña'), si bien solo cinco años más tarde, en 1291, en la renovación de estos privilegios, ya se habla de «Reinos de Aragón, Valencia y condado de Barcelona».​ Según Cristian Palomo, «parece que "Corona de Aragón" fue adquiriendo el significado político y territorial de referenciar al conjunto de reinos y principado de la monarquía del rey de Aragón, que posee actualmente, de forma paulatina entre los siglos XVI y XIX».​

El historiador catalán Antoni de Bofarull acuñó en el siglo XIX el término «confederación catalanoaragonesa» para referirse a la Corona de Aragón y a partir de entonces ha sido usado ampliamente por la historiografía catalana (también el de «Corona catalanoaragonesa»), queriendo destacar con él el protagonismo de Cataluña en el conjunto de la Monarquía, especialmente en época bajomedieval (con la expresión «Corona de Aragón», argumentan, se omite la fundamental aportación histórica de los catalanes).​​ Sin embargo, los dos términos han sido rechazados de forma radical por los historiadores aragoneses (y de otros lugares),​​​​​​​ trascendiendo incluso el ámbito académico. A finales de 2017 el Gobierno de la comunidad autónoma de Aragón, presidido por el socialista Javier Lambán, ordenó retirar los libros de texto que usaran el término «Corona catalanoaragonesa», una decisión que motivó que en enero de 2018 el Institut d'Estudis Catalans publicara una nota en la que mostraba su «absoluta repulsa» por considerarla «una clara muestra de tergiversación de la historia» y «un caso inadmisible de censura y de ataque a la libertad de expresión. Tanto la expresión Corona catalanoaragonesa como la de Confederación catalanoaragonesa son de uso habitual entre los historiadores, al margen de su procedencia y siempre con carácter complementario y no alternativo al de Corona de Aragón, de la misma forma que se utilizan en otros contextos los términos reino asturleonés, monarquía castellanoleonesa o monarquía hispánica».​

En cuanto a definir la Corona de Aragón como una «confederación» (o «federación»), un término usado también por algunos historiadores no catalanes,​​ existe cierto consenso entre los historiadores en considerar el uso de ese término como un anacronismo ya que se trata de un concepto contemporáneo difícilmente aplicable a la época medieval y además la historiografía actual ya ha acuñado el término monarquía compuesta para referirse a aquellas monarquías constituidas por reinos y estados que mantienen sus leyes e instituciones diferenciadas y comparten un mismo soberano.​

En cuanto a la forma de nombrar a los soberanos de la Corona de Aragón, los historiadores catalanes (y no sólo ellos)​ suelen utilizar con frecuencia el término «conde-rey», lo que es rechazado por la mayoría de los historiadores del resto de España, singularmente por los aragoneses, que defienden que se utilice exclusivamente el término «rey de Aragón».​ El hispanista estadounidense Thomas N. Bisson considera, por su parte, que el término «conde-rey», «preferido por los historiadores catalanes, es el menos equívoco» porque «hablar exclusivamente de "reyes" supone perpetuar una exageración del lugar que ocupa Aragón en la confederación... El compuesto de "conde-rey", aunque no es perfecto, tiene la ventaja de expresar el predominio característico de Cataluña en la mayoría de las iniciativas de la dinastía después de 1162 [año de la muerte del "conde-príncipe", como lo denomina Bisson, Ramon Berenguer IV]».​

La formación de la Corona de Aragón

A principios de septiembre de 1134 moría sin descendencia el rey de Aragón y de Pamplona Alfonso el Batallador​ y en su testamento cedía sus reinos a las órdenes militares del Santo Sepulcro, del Hospital de Jerusalén y del Temple. Ante este hecho que era contrario a la tradición y que no tenía precedentes, los estamentos del Reino de Pamplona (unido a Aragón desde 1076), proclamaron rey al señor de Tudela García Ramírez (bisnieto por línea bastarda de García Sánchez III de Pamplona) y se separaron definitivamente de Aragón. En este contexto, los nobles aragoneses tampoco aceptaron el testamento y reunidos en Jaca proclamaron rey a Ramiro, hermano del rey difunto, un monje que era entonces obispo de Roda-Barbastro. Por su parte el rey de Castilla y de León Alfonso VII reclamó sus derechos al trono de Aragón, como hijastro del rey difunto y tataranieto de Sancho III el Mayor. La grave crisis sucesoria se complicó aún más cuando el papa Inocencio II reclamó el cumplimiento del testamento del Batallador y negó el reconocimiento como rey a Ramiro.​​​

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