Constantino XI Dragases Paleólogo o Dragaš Paleólogo (en griego: Κωνσταντῖνος Δραγάσης Παλαιολόγος, romanizado: Kōnstantinos Dragasēs Palaiologos, en serbio: Константин XI Палеолог Драгаш, romanizado: Konstantin XI Paleolog Dragaš; 8 de febrero de 1405-29 de mayo de 1453) fue el último emperador romano de Oriente desde 1449 hasta su muerte en 1453. Esta fecha marcó la caída final del Imperio, el cual remontaba su origen a la fundación de Constantinopla por Constantino I el Grande como nueva capital del Imperio romano en 330. Dado que el Imperio romano de Oriente era la continuación medieval de dicho Estado, ya que sus ciudadanos se denominaban a sí mismos como romanos, la muerte de Constantino y la caída de Constantinopla también marcaron el fin definitivo del imperio romano, fundado por Augusto casi 1500 años antes.
Constantino era el cuarto hijo del emperador Manuel II Paleólogo y Helena Dragaš, hija del gobernante serbio Constantino Dejanović. Poco se sabe de sus primeros años, pero desde la década de 1420 en adelante, demostró repetidas veces su habilidad como general. Según su carrera y las fuentes contemporáneas sobrevivientes, parece haber sido principalmente un soldado. Esto no significa que no fuera también un administrador capaz: su hermano mayor, Juan VIII Paleólogo, le tenía gran confianza y lo favoreció hasta el punto de designarlo regente del imperio entre 1423 y 1424 y nuevamente entre 1437 y 1440. En 1427, defendió la provincia de Morea (en la península del Peloponeso) de un ataque por parte de Carlo I Tocco, gobernante de Epiro, y en 1428 recibió el título de déspota y gobernó la provincia junto a sus hermanos Teodoro y Tomás. Constantino y sus hermanos extendieron el dominio bizantino hasta abarcar casi todo el Peloponeso por primera vez desde la cuarta cruzada más de doscientos años antes y reconstruyeron el viejo muro del Hexamilión, que defendía la península de los ataques externos. Aunque finalmente fracasó, dirigió personalmente una campaña en Grecia Central y Tesalia entre 1444 y 1446, en un intento de extender su dominio sobre Grecia una vez más.
En 1448, Juan VIII murió sin tener descendencia y, como su sucesor favorito, fue proclamado emperador el 6 de enero de 1449. Su breve reinado haría que lidiara con tres problemas urgentes. Primero, estaba el tema de un heredero, ya que tampoco tenía hijos. A pesar de los intentos de su amigo y confidente, Jorge Frantzés, de encontrarle una esposa, murió sin llegar a casarse. El segundo problema era la desunión religiosa dentro de lo poco que quedaba de su imperio. Constantino y su predecesor Juan VIII consideraban que se necesitaba una unión entre las iglesias ortodoxa y católica para asegurarse la ayuda militar de Europa, pero gran parte de la población bizantina se opuso a la idea. Finalmente, la preocupación más apremiante devendría en la expansión del Imperio otomano, que en 1449 rodeó por completo a Constantinopla. En abril de 1453, el sultán otomano Mehmed II sitió la ciudad con un ejército que ascendía a ochenta mil hombres. Aunque los defensores pudieron haber sido menos de una décima parte del ejército del sultán, Constantino XI consideró impensable la idea de abandonar la ciudad. El emperador se quedó para defender la ciudad y el 29 de mayo cayó Constantinopla. Aunque no sobrevive ningún relato confiable de testigos presenciales de su muerte, la mayoría de los relatos históricos coinciden en que acaudilló una última defensa contra los otomanos y pereció combatiendo.
Constantino fue el último gobernante cristiano de Constantinopla, lo que, junto con su caída en la defensa de la ciudad, lo ha consolidado como una figura importante en la historiografía posterior y en el folclore griego. Algunos vieron la fundación de Constantinopla (la Nueva Roma) bajo Constantino el Grande y su pérdida bajo otro Constantino como el cumplimiento del destino de la ciudad, al igual que la Antigua Roma había sido fundada por un Rómulo y perdida bajo otro. Se hizo conocido en el folclore griego posterior como el Emperador de Mármol (en griego: Μαρμαρωμένος Βασιλιάς, romanizado: Marmaromenos Vasilias, tdl. ‘Emperador o Rey convertido en Marmól’), lo que refleja una leyenda popular que perduró durante siglos de que en realidad no había muerto, sino que lo rescató un ángel y lo convirtió en mármol, escondido bajo el Cuerno de Oro a la espera del llamado de Dios para volver a la vida y reconquistar tanto la ciudad como el antiguo imperio.
Constantino Dragases Paleólogo nació el 8 de febrero de 1405; fue el cuarto hijo de Manuel II Paleólogo, octavo emperador de la dinastía de los Paleólogos. Su madre, de quien adoptó su segundo apellido, era Helena Dragaš, hija del noble serbio Constantino Dejanović y a través de su abuela paterna, Helena, estaba emparentado con la prominente familia Cantacuceno. A menudo se le describe como porfirogéneta («nacido en la púrpura»), una distinción concedida a los hijos de los soberanos que nacían tras el advenimiento al trono del padre.
El Imperio bizantino, que antaño se había extendido por todo el Mediterráneo oriental, se había reducido durante el reinado de su padre a la capital, Constantinopla, la Morea —nombre medieval de la península del Peloponeso— y un puñado de islas del mar Egeo. También se veía obligado a pagar tributo a los sultanes del Imperio otomano. La llegada de los turcos selyúcidas a la provincia de Anatolia en el siglo XI propició su decadencia y posterior caída. Aunque algunos gobernantes, como Alejo I y Manuel I, recuperaron territorios de esta «fértil, poblada y rica» provincia gracias a la ayuda de los cruzados occidentales, solamente los mantuvieron por breve tiempo y, después de su pérdida, el imperio experimentó un declive casi constante. Aunque se reconquistó la mayor parte, el imperio se disolvió debido a la cuarta cruzada, que conquistó Constantinopla en 1204 y fundó el Imperio latino ese mismo año. Volvería a resurgir bajo el reinado de Miguel VIII Paleólogo, fundador de la dinastía homónima, quien retomó la capital en 1261; no obstante, el daño sufrido era irreversible y para el siglo XIV continuó decayendo como resultado de las frecuentes guerras civiles. Durante todo este siglo, los turcos otomanos conquistaron enormes franjas de territorios y para 1405 regían sobre gran parte de Anatolia, Bulgaria, Grecia central, Macedonia, Serbia y Tesalia.
A medida que el imperio disminuía, sus soberanos dedujeron que la única manera de mantener intacto el territorio restante era otorgar algunas de sus posesiones a sus hijos, quienes recibían el título de déspota, como «apanajes» que debían defender y administrar. El primogénito de Manuel II, Juan VIII, fue nombrado coemperador y designado para sucederlo. Su segundo hijo, Teodoro II, recibió el Despotado de Morea y el tercero, Andrónico, gobernó como déspota de Tesalónica desde 1408. Sus hijos menores —Constantino, Demetrio y Tomás— permanecieron en la capital dado que no había territorios que pudieran gobernar.
Poco se sabe de los primeros años de Constantino. Desde temprana edad, era admirado por Jorge Esfrantzes, futuro historiador, quien con posteridad entraría a su servicio; Frantzés lo encomió luego: afirmó que siempre había sido valiente, aventurero y hábil en las artes marciales, la equitación y la cacería. Muchos relatos de su vida, tanto los que narran acontecimientos anteriores a su entronización como los que describen hechos posteriores, están muy sesgados y elogian su reinado, ya que la mayoría de ellos carecen de fuentes contemporáneas y se compusieron después de su muerte. Según sus acciones y los comentarios de algunos de sus asesores y contemporáneos, prefería sobre todo las cuestiones militares a los asuntos de estado y diplomáticos, aunque también era un administrador competente —como lo demostró en sus mandatos como regente— y tendía a prestar atención a las recomendaciones de sus consejeros sobre importantes temas de estado. Además de las representaciones estilizadas y borrosas en sellos y monedas, no sobreviven representaciones contemporáneas suyas. Las imágenes de mayor notoriedad incluyen un sello que se encuentra actualmente en Viena —de procedencia desconocida, probablemente de una crisóbula imperial—, algunas monedas y su retrato junto a los otros emperadores romanos en una copia de la Biblioteca Estense de la historia de Juan Zonaras. En este último, se le representa con una barba redondeada, en notable contraste con sus parientes de barba bifurcada, pero no está claro si esto refleja su verdadera apariencia.